Thursday, August 10, 2006

ESCAPE DEL UNIVERSO

El universo está destinado a morir. Pero, antes de que eso suceda,
¿podría una civilización avanzada escapar hacia un universo paralelo?.

La idea parece de ciencia-ficción, pero según el Dr. Michio Kaku, es consistente con las leyes de la física y de la biología. El universo está fuera de control, en una aceleración desbocada. Finalmente, toda vida inteligente deberá enfrentar el destino final: el gran congelamiento. Una civilización avanzada debería embarcarse en su último viaje: escapar hacia un universo paralelo.

En la mitología nórdica, el Ragnarok (la caída de los dioses) comienza cuando la Tierra es capturada por las tenazas de un frío que cala los huesos. Los propios cielos se congelan, mientras los dioses perecen en batallas grandiosas con serpientes malignas y lobos asesinos. La oscuridad eterna desciende sobre la tierra yerma y congelada cuando el Sol y la Luna son también devorados. Odín, el padre de todos los dioses, muere también finalmente, y el tiempo mismo se detiene.
¿Acaso el antiguo cuento presagia nuestro futuro?.

Ya desde los trabajos de Edwin Hubble en la década de 1920, los científicos han sabido que el universo está en expansión, pero la mayoría ha creído que la expansión se iba frenando a medida que el universo envejecía. En 1998, los astrónomos del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y de la Universidad Nacional Australiana calcularon la tasa de expansión estudiando docenas de poderosas explosiones supernova dentro de galaxias distantes, que pueden iluminar todo el universo. No podían creer sus propios datos. Alguna fuerza desconocida estaba separando las galaxias, haciendo que la expansión del universo se acelerara. Brian Schmidt, uno de los líderes del grupo, dijo: “Todavía sacudía la cabeza, pero habíamos comprobado todo... me sentía muy renuente a comunicárselo a la gente, pues realmente pensaba que íbamos a ser masacrados”. Los físicos retornaron a toda prisa a sus pizarrones y se dieron cuenta de que alguna “energía oscura” de origen desconocido, similar a la “constante cosmológica” de Einstein, estaba actuando como una fuerza anti-gravitatoria. Aparentemente, el propio espacio vacío contiene la suficiente energía oscura repulsiva como para destrozar el universo. Cuando más se expande el universo, más energía oscura hay que lo hace expandirse aún más rápidamente, llevándolo a un modo de fuga exponencial. En 2003, este resultado asombroso fue confirmado por el satélite WMAP (Wilkinson microwave anisotrope probe = sonda anisotrópica de microondas Wilkinson).

Orbitando a millones de kilómetros de la Tierra, este satélite contiene dos telescopios capaces de detectar la débil radiación de microondas que baña el universo. Es tan sensible que puede fotografiar con exquisito detalle el resplandor de la radiación de microondas proveniente del Big Bang, que continúa circulando el universo. En efecto, el satélite WMAP nos ofrece “fotografías de bebé” del universo cuando apenas tenía 380 000 años de edad. El satélite WMAP definió de una vez por todas la antigua cuestión de la edad del universo: oficialmente, tiene 13 700 millones de años de edad (con un margen de error del uno por ciento). Pero lo que es más notable, los datos mostraron que la energía oscura no es algo fortuito, sino que representa hasta un 73 por ciento de la materia y de la energía de todo el universo.

Para profundizar aún más el misterio, los datos demostraron que un 23 del universo consiste en “materia oscura”, una extraña forma de materia que es invisible pero que aún así tiene peso. El hidrógeno y el helio representan el 4 por ciento, mientras que los elementos más pesados, todos nosotros incluidos, somos solamente un 0,03 por ciento. La energía oscura y la mayor parte de la materia oscura no consiste de átomos, lo que significa que, al contrario de lo que creían los antiguos griegos y de lo que se enseña en cada curso de química, la mayor parte del universo no está compuesta, para nada, de átomos. A medida que el universo se expande, su contenido de energía se diluye y las temperaturas finalmente se sumergen hasta cerca del cero absoluto, donde los átomos dejan de moverse.

Una de las leyes de hierro de la física es la segunda ley de la termodinámica, que establece que al final todo se agota, que la entropía total (es decir, el desorden o el caos) del universo siempre aumenta. Esto significa que el hierro se oxida, que nuestros cuerpos envejecen y decaen, los imperios caen, las estrellas agotan su combustible nuclear, y que el mismo universo se agota, a medida que las temperaturas caen uniformemente hasta casi llegar a cero. Charles Darwin se refería a esta ley cuando escribió: “Creyendo como yo lo hago que el hombre en el futuro distante será una criatura mucho más perfecta que ahora, resulta intolerable el pensamiento de que él y todos los otros seres inteligentes están condenados a la aniquilación completa luego de un tan prolongado y lento progreso”.

Y una de los pasajes más deprimentes del idioma inglés fue escrito por Bertrand Russell, quien describió “la indoblegable desesperación” que sintió cuando contempló el futuro distante: “Ni el fuego, ni el heroísmo, ni la intensidad del pensamiento o del sentimiento, pueden preservar una vida más allá de la tumba... todos los trabajos de todas las eras, toda la devoción, toda la inspiración, toda la brillantez meridiana del genio humano, están destinados a la extinción en la vasta muerte del sistema solar, y todo el templo de los logros humanos deberá inevitablemente quedar enterrado bajo de los restos de un universo en ruinas”. Russell escribió este pasaje en una era anterior al viaje espacial, de modo que la muerte del Sol no parece tan catastrófica hoy en día, pero la muerte de todo el universo parece algo de lo cual es imposible escapar. De modo que algún día en el futuro lejano, la última estrella dejará de brillar, y el universo quedará lleno de restos nucleares, estrellas neutrónicas y agujeros negros muertos.

Las civilizaciones inteligentes, como la gente sin hogar y en harapos apiñadas contra las agonizantes hogueras, se reunirán alrededor de las últimas brasas mortecinas de los agujeros negros que emitan una débil radiación de Hawking. ¿La teoría de las cuerdas al rescate? Aunque la termodinámica y la cosmología apuntan a la muerte final de todas las formas de vida del universo, queda todavía una posibilidad. Es una ley de la evolución el que, cuando el ambiente cambia radicalmente, la vida debe adaptarse, escapar o morir.

La primera alternativa parece imposible. La última resulta indeseable. Esto nos deja con una sola elección: abandonar el universo. Aunque el concepto de abandonar nuestro universo agonizante para entrar en otro pueda parecer una completa locura, no hay una ley física que impida ingresar a un universo paralelo. La teoría de la relatividad general de Einstein permite la existencia de “agujeros de gusano” o portales que conecten universos paralelos, los algunas veces así llamados “puentes Einstein-Rosen”. Pero todavía no se sabe si las correcciones cuánticas hacen que un viaje así sea posible o no. Aunque alguna vez se lo consideró una idea descabellada, el concepto de “multiverso” (que sostiene que nuestro universo co-existe con un número infinito de universos paralelos) ha generado recientemente mucho interés entre los físicos, y desde varias direcciones.

Primero, la teoría principal consistente con los datos de WMAP es la teoría “inflacionaria”, propuesta por Alan Guth del MIT en 1979. Postula una expansión turbo-cargada del universo en los comienzos del tiempo. La idea del universo inflacionario claramente varios misterios cosmológicos bastante testarudos, incluyendo la uniformidad y “planicie” del universo. Pero como los físicos no saben todavía qué fue lo que impulsó este rápido proceso inflacionario, queda todavía la posibilidad de que pudiera suceder nuevamente, en un ciclo sin fin. Esta es la idea inflacionaria caótica de Andrei Linde de la Universidad de Stanford, en la cual los “universos padres” engendran “universos bebé” en un ciclo continuo y eterno. Como las burbujas de jabón que se dividen en dos burbujas más pequeñas, los universos pueden continuamente brotar de otros universos. ¿Pero qué fue lo que causó el Big Bang e impulsó esta inflación?. La pregunta permanece sin respuesta. Como el Big Bang fue tan intenso, debemos abandonar la teoría general de la relatividad de Einstein, que conforma el marco subyacente de toda la cosmología.

La teoría de la gravedad de Einstein se desmorona en el instante del Big Bang, y por lo tanto no puede responder las profundas cuestiones filosóficas y teológicas generadas por este acontecimiento. A estas temperaturas increíbles, debemos incorporar la teoría cuántica (la otra gran teoría que emergió en el siglo 20) que gobierna la física del átomo. La teoría cuántica y la teoría de la relatividad de Einstein son opuestas. La primera gobierna el mundo de lo muy pequeño, el peculiar reino sub-atómico de los electrones y de los quarks. La teoría de la relatividad gobierna el mundo de lo muy grande, de los agujeros negros y de los universos en expansión.

La relatividad, por lo tanto, no está capacitada para explicar el instante del Big Bang, cuando el universo era más pequeño que una partícula sub-atómica. En ese momento deberíamos esperar que los efectos de la radiación dominaran a la gravedad, y por lo tanto necesitamos una descripción cuántica de la gravedad. De hecho, uno de los grandes retos que enfrenta la física es la unificación de estas teorías en una única y coherente teoría de todas las fuerzas del universo. Los físicos de hoy están luchando a tientas por esta “teoría del todo”. A lo largo del último medio siglo que han realizado muchas propuestas, pero todas han resultado ser inconsistentes o incompletas. Hasta ahora, la principal candidata (de hecho, la única) es la teoría de las cuerdas. La última encarnación de la teoría de las cuerdas, la teoría-M, puede responder una cuestión que ha resistido a los proponentes de dimensiones más altas durante un siglo: ¿dónde están?. El humo puede expandirse y llenar toda una habitación sin desvanecerse en el hiperespacio, de modo que las dimensiones más altas, si es que existen, deben ser menores que un átomo. Si el espacio ultra-dimensional fuera mayor que un átomo, entonces deberíamos observar átomos que derivan y desaparecen en una dimensión más alta, y éso es algo que no vemos en el laboratorio.

En la antigua imagen de la teoría de las cuerdas, había que enrollar hasta seis de las diez dimensiones originales, dejando el universo cuatri-dimensional actual. Estas dimensiones no deseadas estaban apiñadas dentro de una diminuta pelota (denominada multipliegue Calabi-Yau) demasiado pequeña como para ser vista. Pero la teoría-M añade una nueva variante: algunas de estas dimensiones más altas pueden ser grandes en tamaño, incluso infinitas. Imaginemos dos hojas paralelas de papel. Si una hormiga viviera en cada una de las hojas, cada una de ellas pensaría que su hoja es todo el universo, sin advertir que muy cerca existía otro universo,

De hecho, el otro universo sería invisible. Cada hormiga viviría su vida ignorante del hecho de que otro universo se encontraba a apenas unos centímetros de distancia. En forma similar, nuestro universo podría ser una membrana flotando en un universo de 11 dimensiones, mientras nosotros permanecemos ignorantes de los universos paralelos que flotan a nuestro alrededor. Una versión interesante de la cosmología de la teoría-M es el universo “ekpirótico” (de la palabra griega que significa “conflagración”), propuesto por Paul Steinhardt, Burt Ovrut y Neil Turok. Esta teoría asume que nuestro universo es una membrana plana e infinita que flota en un espacio ultra-dimensional. Pero de vez en cuando, la gravedad atrae a una membrana cercana. Estos dos universos paralelos corren uno hacia el otro hasta que chocan, liberando una cantidad colosal de energía (el Gran Salpicón). Esta explosión crea nuestro universo conocido y lanza a los dos universos paralelos por el hiper-espacio, separándolos y alejándolos. En busca de dimensiones más altas

El intenso interés en dimensiones más altas generado por la teoría de las cuerdas se ha derramado lentamente por el mundo de la física experimental. La simple conversación de sobremesa está siendo traducida a experimentos físicos multimillonarios en dólares. En la Universidad de Colorado en Denver, se llevó a cabo el primer experimento para la búsqueda de la presencia de un universo paralelo, que quizás se encuentra a apenas un milímetro de distancia. Los científicos buscaron desviaciones diminutas de la ley del cuadrado inverso de Newton para la gravedad. La luz de una vela se diluye a medida que se dispersa, disminuyendo en relación inversamente proporcional al cuadrado de la distancia de separación. De la misma forma, de acuerdo a la ley de Newton, la gravedad también se dispersa en el espacio y disminuye de la misma forma.

Pero en un universo cuatridimensional, habrá más espacio para la dispersión de la gravedad, de modo que debería disminuir en relación inversamente proporcional al cubo de la distancia. Por lo tanto, al buscar esas diminutas desviaciones de la ley del cuadrado inverso, se podría detectar la presencia de la cuarta dimensión. La ley del cuadrado inverso de Newton es tan precisa que puede guiar nuestras sondas espaciales a través de todo el sistema solar. Pero nadie sabe si se mantiene a un nivel milimétrico. Hasta el presente, estos experimentos han arrojado resultados nulos. Otros grupos están a la búsqueda de desviaciones aún más pequeñas. Algunos físicos de la Universidad de Purdue en Indiana están intentando comprobar la ley en un nivel atómico, utilizando la nanotecnología. También se están explorando otros caminos. En 2007, el gran colisionador de hadrones (LHC = Large Hadron Collider), capaz de acelerar partículas hasta una energía colosal de 14 millones de millones de electrón-voltios (es decir, 1,4*1013 eV, o 10 millones de millones de veces la energía que se puede ver en una reacción química típica), comenzará a funcionar en las afueras de Ginebra.

Esta enorme máquina, que será el rompe-átomos más grande del mundo, tendrá 27 kilómetros de circunferencia, a horcajadas de la frontera franco-suiza, sondeará en lugares 10 000 veces más pequeños que un protón. Los físicos esperan hallar un zoológico entero de nuevas partículas sub-atómicas que no han sido vistas desde el Big Bang. Los físicos predicen que el LHC puede crear partículas exóticas como mini-agujeros negros y partículas súper-simétricas, las llamadas “s-partículas”, que proporcionaría evidencia indirecta de la teoría de las cuerdas. En esta teoría, cada partícula posee una súper-compañera. El compañero del electrón es el s-electrón, el compañero del quark es el s-quark, y así las demás. Más aún, hacia 2012 será puesto en órbita el detector espacial de ondas de gravedad Lisa (laser interferometer space antenna = antena láser espacial interferométrica).

Este instrumento será capaz de detectar las ondas de choque gravitatorias emitidas menos de una billonésima (1/1012) de segundo después del Big Bang. Consistirá de tres satélites girando alrededor del Sol, conectados por haces de luz láser, que conformarán un enorme triángulo de 5 kilómetros de lado en el espacio. Cualquier onda gravitatoria que choque con Lisa distorsionará los haces, y esta diminuta distorsión será recogida por los instrumentos, señalando la colisión de dos agujeros negros o el propio retrochoque del Big Bang. Lisa es tan sensible (puede medir las distorsiones de hasta un décimo del diámetro de un átomo) que podría ser capaz de comprobar muchos de los escenarios que se han propuesto para el universo pre-Big Bang, incluyendo la teoría de las cuerdas. Pasos para abandonar el universo Desafortunadamente, la energía necesaria para manipular esas dimensiones más altas, en lugar de simplemente observarlas, se encuentra mucho más lejos de cualquier cosa disponible para nosotros en el futuro predecible: 1028 electrón-voltios, o sea mil billones de veces (1015) la energía del gran colisionador de hadrones.

Para éso sería necesaria la tecnología de una civilización súper-avanzada. A los efectos de organizar una discusión sobre las civilizaciones extraterrestres avanzadas, los astrofísicos utilizan a menudo la clasificación de Tipos I, II y III, creada por el astrofísico ruso Nikolai Kardashev en la década de 1960, quien las ordenó por su consumo de energía. Se podría esperar que una civilización Tipo III, utilizando toda la energía de sus inimaginablemente vastos recursos galácticos, sería capaz de evadir el gran congelamiento. Por ejemplo, los cuerpos de sus ciudadanos podrían ser alterados genéticamente y sus órganos reemplazados por implantes computarizados, representando una sofisticada fusión de tecnologías del carbono y del silicio. Pero aún estos cuerpos sobre-humanos no sobrevivirían el gran congelamiento. Esto es así porque definimos la inteligencia como la habilidad de procesar información.

De acuerdo con la física, todas las máquinas, ya sean computadoras, cohetes, locomotoras o máquinas de vapor, dependen en última instancia de la extracción de energía a partir de las diferencias de temperatura; las máquinas de vapor, por ejemplo, trabajan extrayendo energía del agua hirviente. Pero el proceso de información, y por lo tanto la inteligencia, requiere energía suministrada por máquinas y motores, cuyo funcionamiento resultará imposible cuando las diferencias de temperatura caigan hasta el cero. Según las leyes físicas, en un universo uniformemente frío donde no existen las diferencias de temperatura, la inteligencia no puede sobrevivir. Pero como el gran congelamiento se encuentra probablemente a miles de millones o incluso billones de años en el futuro, habría tiempo para que una civilización Tipo III planeara la única estrategia consistente con las leyes físicas: abandonar el universo.

Para lograrlo, una civilización avanzada tendrá primero que descubrir las leyes de la gravedad cuántica, que pueden ser o no las de la teoría de las cuerdas. Estas leyes serán cruciales para poder calcular varios factores desconocidos, tales como la estabilidad de los agujeros de gusano que nos conecten con un universo paralelo, y para saber cómo serán esos universos paralelos. Antes de saltar hacia lo desconocido, deberemos saber qué es lo que hay del otro lado. ¿Pero cómo realizaremos ese salto?. He aquí algunas formas de hacerlo. Buscar un agujero de gusano natural Una civilización avanzada que haya colonizado la galaxia puede haberse tropezado, durante sus exploraciones pasadas, con los exóticos y primordiales remanentes del Big Bang. La expansión original fue tan rápida que aún los agujeros de gusano diminutos pueden haber sido estirados e inflados hasta tamaños macroscópicos.

Los agujeros de gusano, las cuerdas cósmicas, la materia negativa, la energía negativa, el vacío falso y otras criaturas exóticas de la física pueden ser reliquias dejadas por la creación. Pero si no se encontraran tales portales naturales, entonces la civilización tendrá que dar pasos más complejos y demandantes. Enviar una sonda a través de un agujero negro Los agujeros negros, sabemos ahora, son numerosos; hay uno de ellos acechando en el centro de nuestra Vía Láctea que pesa unos tres millones de masas solares. Las sondas enviadas a través de un agujero negro podrían definir cuestiones no resueltas. En 1963, el matemático Roy Kerr demostró que un agujero negro en rotación rápida no colapsaría en un punto, sino que formaría un anillo en rotación, que es impedido de colapsar a causa de las fuerzas centrífugas.

Todos los agujeros negros están rodeados por un horizonte de eventos, o punto de no-retorno; pasar a través del horizonte de eventos es un viaje de ida solamente. Concebiblemente, serían necesarios dos de esos agujeros negros para un viaje de ida y vuelta. Pero para una civilización avanzada huyendo del gran congelamiento, todo lo necesario sería únicamente un viaje de ida. Lo que sucede cuando se cae a través de un anillo de Kerr, es materia de debate. Algunos creen que el acto de entrar en el agujero de gusano hará que el mismo se cierre, volviéndolo inestable. Y la luz que cae hacia el agujero estaría desplazada hacia el azul, dando lugar a la posibilidad de que el viajero se freiría cuando pasara al universo paralelo. Nadie lo sabe de cierto, de modo que habrá que realizar experimentos.

Esta controversia se agitó el año pasado (2004) cuando Stephen Hawking admitió que había cometido un error hace 30 años cuando apostó que los agujeros negros devoran todo, incluso la información. Quizás la información sea destrozada para siempre por el agujero negro, o quizás pase a un universo paralelo en el otro lado del anillo de Kerr. La última idea de Hawking es que la información no se pierde totalmente. Pero nadie piensa que se haya dicho la última palabra sobre esta delicada cuestión. Para conseguir más datos sobre espacio-tiempos que son estirados hasta el punto de ruptura, una civilización avanzada podría crear un agujero negro en movimiento lento.

En 1939, Einstein analizó una masa en rotación de desechos estelares que colapsaba lentamente bajo el influjo de su propia gravedad. Aunque Einstein demostró que esta masa en rotación no colapsaría para formar un agujero negro, una civilización avanzada podría duplicar este experimento en movimiento lento juntando una masa giratoria de estrellas neutrónicas que pesaran menos de 3 masas solares y luego inyectando gradualmente más material estelar a esa masa, forzándola a sufrir un colapso gravitatorio. En lugar de colapsar en un punto, colapsaría en un anillo, y de esa forma permitiría a los científicos ser testigos de la formación de un agujero negro de Kerr en movimiento lento.

Crear energía negativa Si los anillos de Kerr probaran ser demasiado inestables o letales, se podría también contemplar la apertura de agujeros de gusano a través de la materia y/o energía negativas. En 1988, Kip Thorne y sus colegas del Instituto de Tecnología de California demostraron que si se podía obtener suficiente energía o materia negativas, sería posible utilizarlas para crear un agujero de gusano atravesable, uno por el cual se pudiera pasar libremente de uno al otro lado, por ejemplo desde un laboratorio hasta un punto distante del espacio (e incluso del tiempo).

La energía y materia negativas serían suficientes como para mantener abierta la garganta del agujero de gusano y viajar por él. Desafortunadamente, nadie ha visto nunca la materia negativa. En principio, debería pesar menos que nada y caer hacia arriba, en lugar de hacia abajo. Si existió cuando la Tierra fue creada, ya habría sido repelida por la gravedad terrestre y escapado hacia el espacio. La energía negativa, sin embargo, ha sido observada en el laboratorio, en la forma del efecto Casimir. Normalmente, la fuerza entre dos placas paralelas no cargadas debería ser cero. Pero si las fluctuaciones fuera de las placas son mayores que las fluctuaciones existentes entre las placas, se creará una fuerza neta de compresión. Las fluctuaciones que empujan desde afuera a las placas son mayores que las fluctuaciones que las impulsan desde adentro, de modo que estas placas no cargadas son atraídas una hacia la otra. Este fenómeno fue predicho inicialmente en 1948 y medido en 1958. Sin embargo, la energía Casimir es muy pequeña, inversamente proporcional a la cuarta potencia de la separación de las placas.

El uso del efecto Casimir requeriría una tecnología avanzada para comprimir estas placas paralelas hasta alcanzar separaciones muy pequeñas. Si se cambiara la forma de estas placas convirtiéndolas en una esfera con un revestimiento doble y se utilizaran grandes cantidades de energía para juntar estas placas, se generaría en el interior de la esfera una cantidad suficiente de energía negativa como para separarla del resto del universo. Otra fuente de energía negativa son los haces de luz láser. Los pulsos de energía láser contienen “estados comprimidos” que contienen energías tanto negativa como positiva. El problema consiste en separar ambas energías dentro del haz.

Aunque ésto es posible teóricamente, resulta sumamente difícil. Si una civilización sofisticada pudiera lograrlo, entonces un haz láser poderoso podría generar la suficiente energía negativa como para que la esfera saliera de nuestro universo. Aún los agujeros negros tienen energía negativa a su alrededor, cerca del horizonte de eventos. En principio, ésto podría proporcionar enormes cantidades de energía negativa. Sin embargo, los problemas técnicos de extraerla en las proximidades de un agujero negro son muy complicados. Crear un universo bebé De acuerdo con la inflación, serían suficientes unas pocas decenas de materia para crear un bebé universo. Ésto es así porque la energía positiva cancela la energía negativa de la gravedad. Si el universo fuera cerrado, entonces se cancelarían exactamente.

En algún sentido, el universo puede ser un almuerzo gratis, como enfatizó Guth. En principio, los universos bebé son creados naturalmente cuando una cierta región del espacio-tiempo se vuelve inestable y entra en un estado llamado “falso vacío”, el que desestabiliza el entretejido del espacio tiempo. Una civilización avanzada podría hacer que esto sucediera deliberadamente, concentrando energía en una única región. Esto exigiría comprimir la materia hasta una densidad de 1080 gramos por centímetro cúbico, o calentarla hasta unos 1029 grados Kelvin. Para crear las fantásticas condiciones necesarias para abrir un agujero de gusano con energía negativa o para crear un falso vacío con energía positiva, sería necesario un “rompedor de átomos cósmico”.

Los físicos están intentando construir aceleradores “de mesa” que puedan, en principio, conseguir miles de millones de electrón-voltios sobre una mesa de cocina. Han utilizado poderosos haces láser para obtener una aceleración energética de 200 000 millones de electrón-voltios por metro, un nuevo récord. El progreso es rápido, con la energía creciendo por un factor de diez cada cinco años. Aunque los problemas técnicos impiden todavía la construcción de un acelerador “de mesa”, una civilización avanzada tendría miles de millones de años para perfeccionar estos y otros artefactos. Para alcanzar la energía de Planck (1028 eV) utilizando la tecnología láser se necesitaría un rompedor de átomos de diez años luz de largo, que llegaría hasta más allá de la estrella más cercana, lo que bien podría estar dentro de las capacidades técnicas de una civilización Tipo III. Como el vacío del espacio es mejor que cualquier vacío que se pueda obtener sobre la Tierra, el haz de partículas sub-atómicas puede no necesitar tubos de años luz de largo para contenerlas; podrían ser disparadas en el espacio vacío. Las usinas de energía deberían estar colocadas a lo largo del camino para bombear energía en el haz, y también para enfocarlo.

Otra posibilidad sería curvar el camino formando un círculo, de modo que pudiera caber dentro del sistema solar. Imanes gigantescos serían colocados en asteroides para curvar y enfocar el haz en un camino circular alrededor del Sol. El campo magnético necesario para curvar el haz sería tan enorme que la generación de energía a través del bobinado podría llegar a fundirlo, lo que significa que solamente se lo podría utilizar una vez. Después de que el haz hubiera pasado, el bobinado fundido tendría que ser descartados y reemplazados a tiempo para la próxima pasada. Construir una máquina láser de implosión En principio, sería posible crear haces láser de energía sin límites; las únicas restricciones son la estabilidad del material productor del láser y la energía de la fuente de poder.

En el laboratorio son ahora comunes láseres terawatt (de un millón de millones de vatios), y los petawatt (mil millones de millones de vatios) van siendo lentamente posibles. En comparación, una planta de energía nuclear genera únicamente mil millones de vatios de energía continua. Incluso, es posible imaginar un láser de rayos-X alimentado por la energía de una bomba de hidrógeno, que transportaría un poder inimaginable en su haz. En el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore una batería de láseres es disparada radialmente contra una pequeña cápsula de deutérido de litio, el ingrediente activo de una bomba de hidrógeno, a los efectos de intentar domar la energía de la fusión termonuclear.

Una civilización avanzada podría crear enormes estaciones láser en los asteroides y luego disparar millones de haces láser sobre un único punto, creando temperaturas y presiones que actualmente son inimaginables. Enviar un nanobot a recrear la civilización Si los agujeros de gusano creados en los pasos previos son demasiado pequeños, demasiado inestables, o los efectos de la radiación demasiado intensos, entonces quizás pudiéramos enviar únicamente partículas de tamaño atómico a través de los mismos. En este caso, esta civilización puede embarcarse en la solución última: hacer pasar una “semilla” del tamaño de un átomo a través del agujero de gusano, la que debería ser capaz de regenerar la civilización en el otro lado. Este proceso es algo común en la naturaleza. La semilla de un roble, por ejemplo, es compacta, fuerte, y está diseñada para sobrevivir un largo viaje y medrar de la tierra que la rodea. También contiene toda la información genética para regenerar el árbol. Una civilización avanzada podría desear enviar la suficiente información a través del agujero de gusano como para crear un “nanobot”, una máquina auto-replicante del tamaño de un átomo, construida con nanotecnología. Sería capaz de viajar casi a la velocidad de la luz porque tendría apenas el tamaño de una molécula. Aterrizaría en una luna desierta, y luego utilizaría los materiales básicos para crear una fábrica química que pudiera crear millones de copias de sí misma. Una horda de estos robots viajaría entonces a otras lunas en otros sistemas solares y crearía nuevas fábricas químicas.

El proceso completo se repetiría una y otra vez, haciendo millones de millones de copias del robot original. A partir de un robot único, habría toda una esfera de billones de esas sondas robot expandiéndose casi a la velocidad de la luz y colonizando la galaxia entera. (Ésta fue la base de la película “2001”, probablemente la descripción de ficción más científicamente correcta del encuentro con una forma de vida extraterrestre. En lugar de encontrar extraterrestres en un plato volador o en el USS Enterprise, la posibilidad más real es que hagamos contacto con una sonda robot dejada en una luna por una civilización Tipo III que pasara por aquí. Ésto fue explicado por científicos en los primeros minutos del filme, pero Stanley Kubrick cortó las entrevistas en la edición final). A continuación, estas sondas robot crearían enormes laboratorios biotecnológicos. Las secuencias de ADN de los creadores de las sondas habrían sido grabadas cuidadosamente, y los robots habrían sido diseñados para inyectar esta información en incubadoras, que clonarían entonces a toda la especie. Una civilización avanzada codificaría también las personalidades y las memorias de sus habitantes y las inyectaría en los clones, permitiendo que la raza entera se re-encarnara. Aunque pueda perecer fantástico, este escenario es consistente con las leyes conocidas de la física y de la biología, y se encuentra dentro de las capacidades de una civilización Tipo III. No hay nada en las reglas de la ciencia que impida la regeneración de una civilización avanzada desde el nivel molecular. Para una civilización agonizante atrapada en un universo que se congela, ésta podría ser su última esperanza.


- NOTAS Y COMENTARIOS -

El Dr. Michio Kaku es una autoridad reconocida internacionalmente en el campo de la física teórica y también en el de medioambiente. Ocupa el Profesorado Henry Semat de Física Teórica en el Colegio Ciudadano y en Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Su meta es ayudar a completar el sueño de Einstein de la “teoría del todo”, una ecuación única, quizás de no más de tres centímetros de largo, que unifique todas las fuerzas fundamentales del universo.

Dr. Michio Kaku ha dictado conferencias por todo el mundo, y sus libros de texto son lectura obligatoria en muchos de los laboratorios más importantes de física. Ha escrito 9 libros; los dos últimos, “Hiperespacio” y “Visiones” se convirtieron en best-sellers internacionales, y han sido traducidos ampliamente en diferentes lenguajes. El Dr. Kaku se graduó en Harvard en 1968 (summa cum laude) y fue el primero en su clase de física. Recibió su doctorado de la Universidad de California, Berkeley, en el Laboratorio Berkeley de Radiación en 1972. Fue conferencista en la Universidad de Princeton en 1973. Luego ingresó a la facultad de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde ha sido profesor de física teórica durante 25 años. Ha sido profesor visitante en el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton, y también en la Universidad de Nueva York.


Ha publicado más de 70 artículos de física en varias revistas científicas, entre los que trata sobre la teoría de las súper-cuerdas, la súper-gravedad, la súper-simetría y la física de los hadrones. Es co-fundador de la teoría del campo de cuerdas. También fue el autor del primer artículo sobre la supergravedad conformal y de la ruptura de la súper-simetría con las altas temperaturas.
Otros artículos del Dr. Michio Kaku en Astroseti:

-- La Física de las Civilizaciones Extraterrestres
-- Hiperespacio: Una Odisea Científica
-- La Física del Viaje Interestelar
-- La Física del Viaje en el Tiempo
-- Agujeros Negros, Agujeros de Gusano y la Décima Dimensión
-- El Hiperespacio y la Teoría del Todo
-- Teoría M: La Madre de todas las Supercuerdas

Páginas web relacionadas
-- La hermandad de la cuerda
-- Agujeros de gusano o puente de Einstein-Rosen

Web Site: Prospect Magazine Artículo: “Escape from the Universo”
Autor: Michio Kaku

No comments: