Thursday, November 02, 2006


El Apocalipsis según la ciencia.

Por Andrés Martínez Rojas

El Universal.

El Apocalipsis de los animales y plantas está en marcha, y no es una metáfora. Decenas de especies animales y vegetales desaparecen a un ritmo acelerado alrededor de la Tierra, a un promedio espeluznante de tres especies por hora, o 30 mil al año, victimas de la destrucción de su hábitat; ante la indiferencia de la mayoría de los gobiernos del mundo y pese a la heroica labor de diversos grupos ambientalistas, la perdida es irreparable.

En la historia de la vida en la Tierra la constante ha sido la extinción, de hecho el 99 por cierto de las formas de vida que han existido sobre la Tierra se han extinguido.
Casi todas estas desapariciones se han debido a procesos naturales, como el cambio climático ocasionado por la caída de un asteroide, el aumento de la actividad volcánica o la deriva continental.


Hasta la aparición de los seres humanos, estos procesos habían, en algunas ocasiones, llevado a la vida al borde de la destrucción total.
Como actores tecnológicos recién llegados a la Tierra estamos a punto de provocar la mayor extinción de especies jamás visto desde la más grave ocurrida hace 250 millones de años en el periodo Pérmico.


El paleoantropólogo Keniano Richard Leakey la ha llamado "la sexta extinción", para distinguirla de las cinco anteriores que la antecedieron y que son las siguientes:

· La primera extinción (hacen unos 440 millones de años): El cambio climático (el cual fue relativamente severo y acompañado con un enfriamiento global repentino) parece ser la causa de la primera de las extinciones masivas al final del periodo Ordovícico. Esta extinción causó cambios profundos más que todo en la vida marina, pues existía poca o ninguna vida terrestre en ese tiempo. El 25% de las familias desapareció (una familia consiste entre unas cuantas especies hasta de miles de especies).

· La segunda extinción mayor (hacen unos 370 mda): El siguiente evento similar, cerca del final del Período Devoniano, puede o no haber sido el resultado de cambios climáticos globales. Aquí, desapareció el 19% de las familias.

· La tercera extinción mayor (hacen unos 250 mda): Los escenarios que explican lo que pasó en la más grande extinción masiva (¡por lo menos hasta ahora!) al final del Período Pérmico han sido una amalgama compleja de cambio climático posiblemente enraizado en los movimientos de las placas tectónicas. Sin embargo, evidencias muy recientes han sugerido que un impacto extraterrestre similar al evento al final del Cretáceo puede haber sido la causa. El 54% de las familias desapareció.

· La cuarta extinción mayor (hacen unos 210 mda): El evento al final del Período Triásico, poco después de cuando primero evolucionaron los dinosaurios y los mamíferos, todavía es difícil de definir en cuanto a sus causas precisas. El 23% de las familias desapareció.

. La quinta extinción mayor (hacen unos 65 mda):
Ésta es quizás la más famosa y la más reciente de las extinciones, la cual ocurrió al final del Cretáceo. Eliminó por completo al resto de los dinosaurios terrestres y a los amonites marinos, así como a muchas otras especies y en todos los hábitats que se han examinado en el registro fósil. En la última década se ha llegado al consenso de que este evento fue causado por una (posiblemente múltiple) colisión entre la Tierra y un posible cometa. Sin embargo, algunos geólogos apuntan al evento volcánico que produjo las trampas de Deccan en la India como parte de la cadena de eventos físicos que perturbó a los ecosistemas tan severamente como para causar la rápida extinción de muchas especies terrestres y marinas. Aquí, se perdió el 17% de las familias.

Factor Homo

. La sexta extinción es muy diferente de sus predecesoras, ya que el hombre es el culpable directo de la misma, la primera vez en la historia de la vida en la Tierra que una especie biológica se encarga de exterminar a las demás. De acuerdo a Leakey podemos observar dos fases de en este proceso, el primero de ellos inicio cuando los primeros seres humanos comenzaron a dispersarse hace unos 100 mil años por toda la faz del planeta. Lentamente llegaron a Europa, Asia, Norteamérica iniciando en todas estas regiones un proceso de exterminio de especies nativas, como ha quedado claro en el registro fósil.

Sólo en Norteamérica existen sitios que revelan grandes matanzas de mamuts y mastodontes hace 12 mil 500 años. Donde pusieron pie los primeros seres humanos llevaron consigo también la extinción.
Sin embargo una fase una nueva fase de destrucción se avecinaba con el invento de la agricultura y de la civilización hace 10 mil años, al parecer motivada, paradójicamente, por un cambio en clima que obligo a nuestros antepasados cazadores-recolectores a sembrar y criar animales.


Este rompimiento con los ecosistemas liberó a los seres humanos del nicho que ocupaba en ellos, permitiéndole una sobreabundancia de alimentos a costa del medio ambiente, al destruir paisajes enteros para sembrar y pastorear, declarando una guerra abierta en contra de las especies "inservibles" para nuestra civilización (hierbas, aves no comestibles, etc.).
Con gran rapidez, la civilización aceleró todavía más el proceso de extinción al aumentar exponencialmente el número de seres humanos en la Tierra, hasta los más de 6 mil millones de habitantes que somos a principios del siglo XXI.


El resultado, como sabemos, ha sido desastroso al depender del uso de combustibles fósiles, la pesca indiscriminada y la tala inmoderada para sostener nuestro estilo de vida.
Como la primera especie viviente responsable de una extinción masiva, nosotros también corremos un gran peligro arrastrados por la peligrosa cadena de eventos que hemos puesto en marcha.


Con una población humana en dramático crecimiento, aunado a una inercia política y social para tomar decisiones radicales que cambien nuestro peligroso sistema y estilo de vida, la humanidad podría perecer victima de su éxito económico, científico y tecnológico en la sexta extinción de la vida en la Tierra.

Al principio de la década de los setentas del siglo pasado había quedado claro para muchos científicos que la forma de vida del mundo occidental, basada en el uso indiscriminado de combustibles fósiles, contaminación, y destrucción del entorno ecológico, además del crecimiento excesivo de la población humana, se cernía sobre el futuro de la humanidad como una espada de Damocles.

En 1972 una organización llamada el club de Roma, formada principalmente por científicos e intelectuales de 30 países, realizaron un análisis prospectivista nada alentador para los siguientes 30 años, el reporte llamado Los límites del crecimiento advertía sobre el deterioro del medioambiente físico, crisis de las instituciones, burocratización, enajenación de la juventud, violencia, educación inadecuada, brecha creciente entre países pobres e industrializados, crecimiento urbano incontrolado, inseguridad en el empleo, satisfacción decreciente obtenida en el trabajo, impugnación de los valores de la sociedad, indiferencia ante la ley y el orden, inflación y disrupción monetaria y brecha creciente en los países entre ricos y pobres, además de una catástrofe alimentaria mundial alrededor del año 2000 (Visión que fue llevada a la pantalla en una película llamada en español Cuando el destino nos alcance).

Por fortuna esto último no ocurrió; sin embargo, en su mayor parte el informe demostró estar en lo correcto, si bien ahora hemos descubierto que una de las caras más siniestras de nuestra propia autodestrucción tiene que ver con los daños causados al medio ambiente, en donde el calentamiento global y la vasta destrucción de ecosistemas, con la extinción implícita de animales y plantas, se han convertido con mucho en una seria amenaza para nuestra propia supervivencia.

En 1992 un grupo de mil 700 científicos de todo el mundo emitió un dramático llamado al mundo para advertir sobre los peligros de continuar degradando el ambiente y atentando contra la vida en la Tierra, y que más de 10 años después continúa manteniendo validez:

Los seres humanos y el mundo natural se encuentran en rumbo a una colisión. Las actividades humanas infligen daños severos y a menudo irreparables al medio ambiente y a los recursos críticos. Muchas de nuestras prácticas actuales, si no son controladas, ponen en riesgo al futuro que todos deseamos tanto para la sociedad humana como para los reinos de las plantas y de los animales, posiblemente alterando al mundo viviente en forma tal que será imposible sostener a la vida en la manera como ahora conocemos. Es urgente llevar a cabo cambios fundamentales si queremos evitar la colisión que nuestro curso actual nos va a traer.

El medio ambiente está sufriendo estreses críticos en las siguientes áreas:

La Atmósfera
La reducción del ozono estratosférico nos amenaza con un aumento en la radiación ultravioleta al nivel de la superficie de la tierra, lo cual puede ser dañino o hasta letal para muchas formas de vida. La contaminación del aire cerca de la superficie y la precipitación ácida ya están causando daños generalizados a los humanos, a los bosques y a los cultivos.


Los Recursos Acuáticos
La irresponsable explotación de los suministros agotables de agua subterránea pone en peligro a la producción de alimento y a otros sistemas humanos esenciales. La excesiva demanda sobre las aguas superficiales del mundo ha resultado ya en serias deficiencias en unos 80 países, los cuales contienen al 40% de la población del mundo. La contaminación de los ríos, lagos y aguas subterráneas limita más aún el suministro.


Los Océanos
La presión destructiva sobre los océanos es severa, particularmente en las regiones costeras que producen la mayor parte de la pesca alimenticia del mundo. La captura marina mundial total se encuentra ahora por encima de la capacidad de suministro máximo sostenible. Algunas pesquerías ya han mostrado señales de colapso. Los ríos que llevan hacia los océanos severas cargas de sedimento proveniente de la erosión de los suelos, también llevan desechos industriales, municipales, agrícolas y pecuarios, algunos de ellos tóxicos.


El Suelo
La pérdida de la productividad del suelo, la cual está causando un extenso abandono de la tierra agrícola, es un producto secundario muy extenso de las prácticas actuales en la agricultura y en la cría de animales. Desde el año 1945, el 11% de la superficie de la tierra cubierta de plantas ha sido degradada. Esto representa a un área más grande que la India y China combinadas. La producción de alimento per cápita está disminuyendo en muchas partes del mundo.


Los Bosques
Los bosques húmedos tropicales, así como los bosques secos tropicales y templados, están siendo destruidos rápidamente. Si continúa la tasa actual, varios tipos críticos de bosque desaparecerán en unos pocos años y mucho del bosque húmedo tropical desaparecerá antes del final del próximo siglo. Con ellos desaparecerá un gran número de especies de plantas y de animales.


Las Especies Vivientes
La pérdida irreversible de las especies, la cual para el año 2100 puede alcanzar a un tercio de las especies ahora existentes, es especialmente seria. Estamos perdiendo el potencial que estas especies poseen de proveernos de medicinas y de otros beneficios, así como la contribución que la diversidad genética de las formas de vida provee para el robustecimiento de los sistemas biológicos mundiales y la belleza extraordinaria de la tierra en sí misma. Una gran parte de estos daños es irreversible en una escala de siglos o hasta permanentemente. Otros procesos también parecen representar amenazas adicionales.


El aumento de los niveles de gases en la atmósfera proveniente de las actividades humanas, incluyendo al dióxido de carbono emitido por la quema de combustibles fósiles y por la deforestación, puede alterar al clima en una escala global. Las predicciones del calentamiento global aún son inciertas, con una variación de los efectos proyectados desde tolerables hasta severos. Sin embargo, los riesgos son muy grandes. Nuestra manipulación masiva de la interdependiente red de vida del mundo, conjuntamente con los daños ambientales inflingidos por la deforestación, la pérdida de las especies y el cambio climático, pueden provocar amplios efectos adversos.

Éstos incluyen colapsos impredecibles de sistemas biológicos críticos cuyas interacciones y dinámica solo comprendemos en forma imperfecta. La incertidumbre sobre el alcance de estos efectos no puede excusar la complacencia o el retardo en la búsqueda de soluciones para enfrentar a la amenaza.

La Población
La tierra es finita. Su habilidad de absorber desperdicios y efluentes destructivos es finita. Su habilidad de proveer alimento y energía es finita. Su habilidad de proveer recursos para una población humana en aumento es finita. Estamos acercándonos rápidamente a muchos de los límites de la tierra.

Las prácticas económicas actuales que causan daño al medio ambiente, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo, no pueden continuar sin arriesgarnos a dañar irreversiblemente a los sistemas globales vitales.
Las presiones resultantes de un crecimiento incontrolado de la población ponen demandas sobre el mundo natural que pueden abrumar a todos los esfuerzos que pongamos para alcanzar un futuro sostenible.

Si queremos detener a la destrucción del medio ambiente, debemos aceptar que hay límites a ese crecimiento de la población. Un estimado del Banco Mundial indica que la población humana no se estabilizará en un número menor a 12 mil 400 millones mientras que las Naciones Unidas concluyeron que el número total eventual puede alcanzar los 14 mil millones, casi el triple de los actuales 5 mil 400 millones.

Sin embargo, en este momento, una de cada cinco personas vive a un nivel de pobreza absoluta sin tener suficiente que comer, y una de cada diez sufre de malnutrición severa. Nos quedan de una a varias décadas de tiempo antes de que perdamos la oportunidad de evitar los riesgos que ahora enfrentamos, disminuyendo así inmensurablemente los prospectos para la humanidad.

Una Advertencia
Los abajo firmantes, miembros de rango de la comunidad científica mundial, damos aquí una advertencia a toda la humanidad sobre lo que enfrentamos en el futuro. Se requiere un gran cambio en la forma en que manejamos a la tierra y a la vida en ella, con el fin de evitar una vasta miseria en la humanidad y la mutilación irreparable de nuestro hogar global en el planeta.


Lo que debemos hacer
Debemos enfrentar simultáneamente a cinco áreas que están inextricablemente enlazadas:


Debemos poner bajo control a las actividades que causan daños al medio ambiente con el fin de restaurar y proteger la integridad de los sistemas de la tierra de los cuales dependemos.

Debemos, por ejemplo, alejarnos de los combustibles fósiles y acercarnos a formas más benignas e inexhaustibles de energía con el fin de disminuir las emisiones de gases de invernadero y la contaminación de nuestro aire y nuestras aguas. Se debe dar prioridad al desarrollo de fuentes de energía que estén en armonía con las necesidades del tercer mundo, es decir, formas de pequeña escala y fáciles de implementar.

Debemos detener a la deforestación, al daño y pérdida de tierras agrícolas y a la pérdida de las especies de plantas y animales terrestres y marinos.

Debemos manejar más efectivamente a los recursos vitales para el bienestar humano.

Debemos dar una alta prioridad al uso eficiente de la energía, del agua y de otros materiales, incluyendo la expansión de la conservación y del reciclaje.

Debemos estabilizar a la población. Esto solo será posible si todas las naciones aceptan que esto requiere tanto la mejora de las condiciones socioeconómicas como la adopción de la planificación familiar efectiva y voluntaria.

Debemos reducir y, eventualmente, eliminar a la pobreza.

Debemos garantizar la igualdad de los sexos y garantizar el control de la mujer sobre sus propias decisiones reproductivas.


Hoy en día, las naciones desarrolladas son los mayores contaminadores en el mundo. Ellas deben reducir grandemente su propio consumo excesivo si de verdad queremos reducir las presiones sobre los recursos y sobre el medio ambiente global. Las naciones desarrolladas tienen la obligación de proveer ayuda y apoyo a las naciones en desarrollo, porque solo las naciones desarrolladas poseen los recursos financieros y las habilidades técnicas para estas tareas.

El actuar en base a este reconocimiento no es altruismo, sino interés propio inteligente: seamos o no industrializados, todos tenemos un solo bote salvavidas. Ninguna nación escapará al daño cuando maltratemos o destruyamos a los sistemas biológicos globales. Ninguna nación podrá escapar a los conflictos sobre el aumento en la escasez de los recursos. Además, las inestabilidades ambientales y económicas van a causar migraciones masivas con consecuencias incalculables tanto para los países desarrollados como en desarrollo.

Las naciones en desarrollo deben comprender que el daño al medio ambiente es una de las mayores amenazas que ellas enfrentan y que cualquier intento de suavizar este impacto será abrumado si sus poblaciones siguen creciendo sin control. El mayor peligro es el verse atrapados en una espiral de deterioro ambiental, pobreza y disturbios, llevando al colapso social, económico y ambiental.

El éxito en esta tarea global requerirá una gran reducción de la violencia y de la guerra. Los recursos que ahora se dedican a la preparación y conducción de guerras, los cuales sobrepasan un millón de millones de dólares cada año, serán altamente necesarios para financiar a estas nuevas tareas y deberán ser redirigidos hacia estos nuevos retos.

Se requiere una nueva ética, una nueva actitud sobre la descarga de nuestra responsabilidad sobre el cuidado de la humanidad y de la tierra.

Debemos reconocer la limitada capacidad de la tierra para proveernos de recursos. Debemos reconocer su fragilidad. No debemos permitir más que sea saqueada. Esta ética debe motivar a un gran movimiento; debe convencer a los líderes reacios, a los gobiernos reacios y a las personas reacias mismas de llevar a cabo los cambios necesarios.

Los científicos que emiten esta advertencia esperan que nuestro mensaje alcance y afecte a la gente en todo el mundo:

Necesitamos la ayuda de muchos.
Requerimos la ayuda de la comunidad mundial de científicos.
Requerimos la ayuda de los líderes industriales y de negocios del mundo.
Requerimos la ayuda de los líderes religiosos del mundo.
Requerimos la ayuda de la gente del mundo.
Hacemos un llamado a todos para que se unan a nosotros en esta tarea.
El llamado por desgracia, aun no encuentra respuesta, acercándonos un poco más al desastre.

En la historia de la humanidad pocas veces encontramos a una clase política a la altura de los tiempos.


Éstos son sólo algunos ejemplos: Cuando la Grecia helénica se enfrentó al poderío del imperio persa, tuvo la fortuna de encontrar a hombres como Pericles y generales como Jenofonte que lograron preservar la integridad de su cultura.

El imperio romano en sus últimas etapas tuvo en hombres como Belisario a estrategas capaces de hacer sobrevivir al imperio algunos años más, antes de sucumbir ante las hordas de bárbaros provenientes del norte de Europa.

En la actualidad los problemas a los que se enfrenta la humanidad son tan graves y difíciles, que contrastan con la capacidad de la clase política, miope e inmovilizada, ante la inminente catástrofe planetaria que se aproxima debido al calentamiento global.

Es por eso que resulta loable el esfuerzo del político norteamericano Al Gore al producir el documental An inconvenient truth (Una verdad inconveniente), tal vez el último llamado de esta naturaleza para tomar conciencia acerca los efectos desastrosos que pronto comenzarán a sentirse en todos los rincones de la Tierra debido al calentamiento global.

De acuerdo al documental, antes de una década nuestro planeta entrará en una dinámica catastrófica, se derretirán los polos, se romperán los ciclos climáticos, sufriremos perturbaciones meteorológicas extremas: inundaciones gigantescas, largos periodos de sequía, olas de calor mortales etc.

Un escenario dantesco avalado por lo objetivo de sus predicciones y análisis, por una gran parte de la comunidad científica mundial.

A mi juicio Al Gore dio en el blanco, no sólo por lo impecable del documental para explicar muchos de los conceptos científicos involucrados en el proceso del cambio climático, sino por enfocarse en divulgar tales ideas entre la población, que se mantiene en su mayor parte ignorante acerca del riesgo que acecha a toda la humanidad.

Al respecto y en una reciente entrevista concedida al periódico español El País, Gore declaraba: "Creo que muchas cosas serían diferentes si en Estados Unidos tuviéramos otro liderazgo. Pero también sé que hay dos elementos en el baile de la democracia: los líderes y la gente. Y si la gente no siente la urgencia del cambio climático, se hace muy difícil a los líderes políticos poner en marcha los cambios que son necesarios. Y yo me estoy concentrando en cambiar la mentalidad de la gente acerca de la urgencia de esta crisis climática, y espero que entonces pidan a sus líderes políticos, sea cual sea su partido, que tomen iniciativas para solucionar la crisis".

Verdades a medias
Mentalidad que desde mi punto de vista debe ser cambiada no sólo entre los habitantes del principal país generador de gases de invernadero, sino a una escala planetaria para evitar copiar los esquemas económicos basados en el petróleo y comenzar, una vez valorada exhaustivamente, una nueva economía fundamentada en el hidrógeno, mucho menos contaminante y peligroso que el uso de combustibles fósiles.


Pero para que esto suceda, desde luego, el camino no será fácil, imperios económicos se oponen a ello con la complicidad y miopía de los gobiernos que se niegan a ver no sólo el peligro de la desaparición de la civilización, sino el de muchas formas de vida sobre la Tierra, y así mientras usted ha leído esta columna, millones de toneladas de gases de invernadero han sido emitidos a la atmósfera acercándonos un poco más al borde de la destrucción. ¿Se convertirá el documental de Al Gore en una profecía auto cumplida?

Veamos algunos de los principales titulares de noticias relacionadas con el cambio climático de las ultimas tres semanas;

"Creen que en unos 100 años podrían volver a crecer árboles en la Antártida",
"Experto alerta del aumento de medusas en las costas españolas”,
“El cambio climático y la sobrepesca son los principales factores que provocan este fenómeno inevitable",
"Calentamiento Global, peligro latente",
"Hawking advierte sobre calentamiento global".

Estos y decenas de artículos más relacionados, son sólo algunos de los estudios y declaraciones publicados en las ultimas tres semanas sobre la que podría convertirse en la causa mas grave de extinción de formas de vida en los últimos 65 millones de años; el calentamiento global, proceso que podría comenzar a registrarse en menos de un siglo.

El calentamiento de nuestro planeta se ha convertido en la primera amenaza global de nuestra civilización y el de cada criatura que habita nuestro planeta y cuya única responsabilidad recae en la especie humana.


Las evidencias del calentamiento global de origen humano parecen remontarse a los albores de nuestra civilización, cuando los habitantes de las primeras ciudades comenzaron a talar y quemar grandes extensiones de tierra para cultivar y levantar ciudadelas, así como a sembrar arroz, cultivo responsable de la emisión de gas metano, potente gas de invernadero, sin olvidar la domesticación del ganado vacuno responsable también de la emisión de metano en sus flatulencias.

Existen evidencias tomadas de la lectura de antiguas muestras de gases atrapadas bajo los hielos de la Antártica del aumento de bióxido de carbono y metano desde el surgimiento de la civilización, nada sin embargo comparado con el aumento que sobrevendría una vez inaugurada la revolución industrial.

Millones de toneladas de bióxido de carbono arrojado a la atmósfera desde las chimeneas y más recientemente desde el escape de nuestros automóviles, la segunda fuente mas importante después de nuestras industrias de gas de invernadero.

Economía vs. Sobrevivencia

Muchos gobiernos, intentando proteger a sus empresas, sin embargo, argumentan en contra de las cada vez mayores evidencias de que nos encaminamos a una catástrofe planetaria sin precedentes, anteponiendo intereses económicos, a la suerte de miles de millones de seres humanos en un futuro muy cercano, en el que de acuerdo a las estimaciones mas optimistas, sólo algunos millones de personas sobrevivirán en un mundo sumido por lo menos durante los siguientes 3 mil años en un prolongado efecto de invernadero, confinados en el que fuera desde una retrospectiva, uno de las regiones mas frías del planeta; la Antártica.

Somos los herederos de un sistema económico que ha cobrado un grave precio a la naturaleza, sin considerar los efectos que podría ocasionarle, pero a diferencia de quienes, sin saberlo, nos legarían una terrible factura, podemos aún tomar acciones drásticas para salvarnos de nosotros mismos.

Sólo que el tiempo apremia.

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