Thursday, July 29, 2010


La esfera de Dyson



Es un instrumento tecnológico fantástico. Fue concebido por Freeman Dyson, físico teórico y matemático británico-americano nacido en 1923 en Berkshire, Reino Unido. Se trata de una gigantesca estructura artificial que tendría el propósito de interceptar vastas cantidades de energía solar. Dyson calculó que la humanidad llegará a una crisis energética global (malthusiana) dentro de dos o tres mil años. Para superar esa crisis deberá incrementar el porcentaje de energía solar que aprovecha (actualmente capta y transforma menos de una mil millonésima parte de la energía del Sol). Este dispositivo podría ser imaginado como una suerte de concha esférica de dos a tres metros de espesor, centrada en el Sol y rotando a su alrededor, a una distancia que lo recubra totalmente. La esfera poseería un mecanismo capaz de transformar en calor una proporción de la energía solar que atrape para calentar la Tierra. Dyson propuso que para construir tal esfera se podría explorar la posibilidad de desagregar el planeta Júpiter, y utilizar los metales y minerales que éste contiene.


El árbol de Dyson

Dyson ha concebido un árbol desarrollado con ayuda de ingeniería genética avanzada que sea capaz de crecer sobre un cometa. Con manipulación tecnológica sería posible crear espacios huecos en los cometas que se llenaran con una atmósfera que permita respirar. Estos espacios se recubrirían con un material sintético que garantice el aislamiento térmico de la celda con humanos dentro del cometa. La capa aislante debería tener ventanas que dejen pasar la luz de un Sol lejano para que sea posible la fotosíntesis y devuelvan oxígeno al ecosistema. Sería como vivir dentro de un enorme invernadero cuyo interior se lograría iluminar mediante la adaptación de un sistema de lentes externas que dirigirían la luz del Sol hacia adentro.


Lo que no es tecnología


Aún si la Humanidad logra un nivel tecnológico fantástico que evita que desaparezca por una amenaza sideral, las pasiones, y las conductas irracionales que éstas suelen producir (que son fuente a la vez de lo más luminoso y lo más oscuro en el hombre) no se deberían extirpar y por tanto deberán encontrarse modos de manejar social e individualmente los problemas que crean. Si en cambio se extirpa la pasión creyendo que de este modo se expulsa de la sociedad la semilla de la tragedia (la hybris griega) la sociedad plácida y feliz que se fabricara carecería seguramente de ese aspecto que hace a la vida rutilante, vibrante, dinámica, emocionante. La pasión es necesaria incluso para perseguir el conocimiento. El hombre deberá convivir con la responsabilidad y el riesgo de decidir acertada o incorrectamente, y asumir las consecuencias de ello cada minuto de su futuro.


No se puede concebir una sociedad que no le ofrezca al ser humano espacios para la aventura y el riesgo, oportunidades para soñar, imaginar, crear y explorar mundos desconocidos interiores o exteriores, en los confines de nuestra galaxia o de sus sueños más salvajes. Una sociedad sin sentido de la aventura y el riesgo pudiera hacer proliferar masas de seres depresivos o de suicidas, como en algunas de las ex naciones soviéticas, Japón o Corea del Sur, donde las tasas de suicidio son tan altas o mayores que las de las naciones escandinavas, antes famosas por liderar la lista con este problema.


Sólo sobre un matrimonio feliz entre la tecnología y la imaginación de una sociedad justa, libre, y pacífica con espacios para la aventura y el riesgo, y oportunidades para que se expresen y liberen las pasiones, se puede fundar un sueño de vida mil milenaria sobre la Tierra, que produzca felicidad a seres humanos, quizás diseminados, como lo imagina George Lucas, director y guionista de la serie Star Wars, en los miles de planetas de un Imperio Galáctico.


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