Thursday, February 03, 2011


¿Qué es la vida?

Me encontré este artículo que escribí hace unos años y me dieron ganas de ponerlo aquí:
Bataille, en la introducción a su libro “El erotismo”, condensa, al pasar y en una sola línea, su visión de la vida: “vivimos en una aventura ininteligible”, escribe. Es la versión mínima de las coordenadas básicas, dos términos, dos cualidades que dicen lo importante.
¿Qué quiere decir que la vida sea una aventura? Que no hay molde, que no es una experiencia prearmada, que no hay saber que pueda evitar o domar el riesgo, que podemos esperar contratiempos, que exige de nosotros protagonismo y arte, valor e imaginación, que es una línea de eventos que dependen de nosotros y nunca se sabe adónde pueden llevar. Que la vida sea una aventura quiere decir también que hay una energía que se genera paulatinamente en los hechos, en la medida en que asumamos los riesgos que inevitablemente están en el camino de los logros que buscamos.


¿Qué quiere decir que esta aventura es ininteligible? Que no cabe en un esquema de comprensión, que el camino del conocimiento -como el de la conciencia- es limitado y que no constituye de ninguna manera una guía fiable para ordenar el mundo humano. Que no sabemos cómo termina, ni por qué se produjo, ni adónde va, que no posee un sentido más allá de la aventura misma… Que nuestros intentos de salvarnos de tener que tomar decisiones y elegir, a través del descubrimiento de una verdad orientadora, están destinados al fracaso. Que la vida sea una aventura ininteligible supone entonces que no es pertinente buscar esa comprensión imposible, que se trata de vivirla. Es una invitación al juego y a la apuesta, a sacar las conclusiones del hecho de que si no hay un fondo que garantice nada entonces tenemos un rol especial, provocativo, difícil, extraordinario.
Las consecuencias que estas ideas pueden tener en el ánimo de cualquiera de nosotros pueden ser de distinto signo: hay quien conecta con una excitación que lo potencia, siente crecer en sí el panorama de un universo lleno de posibilidades y tentaciones válidas; hay quien, por el contrario, se desespera, porque se siente incapaz de responder activamente a circunstancias a las que considera excesivas e incluso injustas.
Nietzsche dice que el valor de la vida no puede ser tasado. No por un viviente, aclara, porque el viviente es parte de lo que se intenta evaluar, o sea, alguien interesado y no objetivo. Y no por un muerto, agrega, por una razón distinta. Es un chiste de Nietzsche: los muertos, evidentemente, no valoran nada. ¿Adonde nos lleva esto? ¿Carece de valor la vida? Nada más lejos de la posición de Nietzsche que esta aseveración escéptica. El resuelve el problema de esta manera: como toda valoración está realizada desde una perspectiva interesada, las valoraciones deben ser entendidas como síntomas, como expresión de posiciones de las distintas personas frente al fenómeno de la vida. Es decir, quien dice que la vida es sensacional lo hace porque para él (o ella) esa es la emoción básica, o sea, porque siente que su vida es valiosa, disfrutable, interesante. Porque desde su perspectiva se percibe el sentido de la experiencia de vivir. Quien dice, por el contrario, que la vida carece de valor al expresar su juicio está dando testimonio de su problema particular, de su falta de fuerza, del desconsuelo con el que observa y evalúa a la existencia en general. Sus emociones son negativas.
Lo que está diciendo el autor es que la vida, en sí misma, no tiene ni deja de tener valor, que todo intento de valorarla más que revelar una cualidad objetiva revela el sentido de una perspectiva. Claro que a partir de estas ideas, las perspectivas consideradas valiosas o correctas son aquellas capaces de captar el sentido de la vida y de validarla. Hasta de enriquecerla, podríamos decir, al aportar al despliegue de su sentido y riqueza. Los deprimidos ven todo con tristeza, los entusiastas, por el contrario, captan las posibilidades y responden a ellas.
Los dos autores coinciden en varios aspectos: proponen una visión de la vida que se completa con la participación de la persona involucrada; no prometen una realización inmediata; la moral que se asocia a su posición no es una moral trascendente (una que conecte con un más allá que debe ser respetado) sino una moral de acción, de entusiasmo, de excitación y valor.
La realidad actual, con sus movimientos rápidos y sus crisis múltiples, contiene una invitación para que nos hagamos eco de estas perspectivas de fuerza. La otra posibilidad es la decepción y la crítica, recaer en la costumbre de la decepción. ¿Qué seremos capaces de hacer? En todo caso, aclarar los fundamentos filosóficos de las alternativas me pareció que era buen tema para un artículo.
Fuente: http://www.100volando.net/


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