Sunday, March 11, 2012

El goce de la lectura en un país neoliberal:
¿una batalla perdida?



Fuente: http://www.luchalibro.cl/2012/  
Sabemos que los niveles de lectura en Chile son impresentables y que cualquier campaña del Gobierno por fomentarla -y naturalmente, sin escuchar a nadie calificado- está destinada al fracaso (y a la burla). Le preguntamos al escritor CARLOS LABBE que opina del asunto. Y nos quedó claro: cuando a Pinochet le hablaban de cultura, sacaba a los tecnócratas a la calle.

La verdad es que no estoy seguro de que el acto de leer en sí mismo sea positivo para crear un mejor entorno y una convivencia benigna para el sujeto capitalista a-moderno, como somos la gran mayoría de los chilenos. No da lo mismo lo que se lea, no hay que engañarse con el acto de leer como la panacea para los graves problemas de educación y convivencia que hay en Santiago y algunos otros lugares de Chile. Si la cultura de la lectura fuera cotidiana y popular en Chile, eso no nos libraría de los conflictos que tienen ahora mismo otras sociedades donde sí hay costumbre letrada masiva como Argentina, Colombia, México o Francia.



Porque, ¿qué se saca con hacer que todos lean y mucho, si lo que leen son revistas que crean odio hacia lo diferente -revistas deportivas, de farándula y de sátira política-, novelas que predican el escapismo como ética diaria -los best sellers- y diarios que ensalzan la plutocracia y las redes oligárquicas como sistemas cerrados de vida contra la meritocracia?
Hay que pensar bien qué es lo que necesita el país como cultura masiva. Por ejemplo, hay que revisar la última política cultural exitosa en el país promovida desde el Estado: cuando los ministros de Pinochet decidieron a mitad de los setenta que había que meter a los chilenos en sus casas apenas terminara la jornada de trabajo para evitar confrontaciones armadas por la obvia violencia política que estaban ejerciendo, invirtieron muchísimos recursos -plata, estrategias, alianzas de poder- y levantaron la televisión pública como el medio más eficaz de control masivo.
Hasta hoy dura esa política de control cultural, y el resultado es que la vida en las ciudades y en el campo ocurre en los interiores de las casas, no en los espacios públicos, al aire libre, en la naturaleza -que es quizá a lo que nuestro país más debe aproximarse ahora como experiencia con un sentido. Quizá lo que pasó el año pasado con el movimiento estudiantil y los indignados sea un indicador de un cambio en esto desde la voluntad asociativa de la gente, en vez de las instituciones. Ojalá.
La cultura letrada, entonces, para que tenga algún tipo de masificación y un efecto feliz en Chile debe ser llevada a la calle, al campo, a los paisajes abiertos, a la playa, a la montaña, a la plaza, a la vereda, a la mesas de café al aire libre, a bibliotecas a cielo abierto, a los parques y los patios. Para eso, lo primero, es despojar a los libros de su aura de validación cultural -su antigua aura aspiracional- y hacer de la lectura un acto seductor y revolucionario, algo parecido al uso cotidiano que desarrollan los estudiantes universitarios de humanidades con sus fotocopias de libros. Ahí está el punto: los libros tienen que ser más como una fotocopia universitaria -baratos, precarios, rayables, descartables y vivos- que como un objeto de mesa para casa pituca.
¿Si te dieran la tarea de crear un plan nacional de incentivo a la lectura, cuáles serían tus principales medidas?
• Primero: convocar a libreros, bibliotecarios, editores, fotocopiadores, profesores, periodistas y piratas para plantearles la necesidad de hacer del libro un medio de seducción y no un objeto aspiracional o un lujo. Plantearles que es necesario usar la lectura como política de vida pública al aire libre que contrarreste la política de vida pública encerrada pinochetista que todavía nos rige.
• Escuchar las ideas de estos actores activos e integrar aquellas que tengan sentido para este plan.
• Hacer que todos los integrantes de esta comisión preliminar lean La ciudad letrada, de Ángel Rama, para que todos entendamos la profundidad histórica del problema.
• Hacer un mapa de grupos sociales -bibliotecas de todo tipo, juntas de vecinos, centros de madres, clubes deportivos, clubes sociales, librerías, instituciones de beneficencia, escuelas, iglesias, colegios, universidades- para hacer con ellos un trabajo no publicitario ni nacional desde un centro, sino un trabajo masivo descentralizado, específico, lugar por lugar, creativo y no globalizante, que tenga la estructura de una red social pero dirigido por los principios ideológicos de hacer una cultura al aire libre, de vida pública, ya expuestos.
• Eliminar los fondos concursables y crear un fondo público tipo ventanilla abierta para financiar impresiones a las editoriales. En fin. [LL] 
Maravillas del neoliberalismo:
el 84% de los chilenos no ENTIENDE NADA DE LO QUE LEE



• ¿Ciencia ficción?
• La perturbadora cifra -que viene a confirmar otros estudios- forma parte de los resultados que arroja el Estudio de Comportamiento Lector, iniciativa impulsada por el Consejo de la Cultura, a través del Plan de Fomento a la Lectura Lee Chile Lee y que fue ejecutado en todo el país por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile.
• Acá reproducimos el comunicado (las negritas son nuestras):
• “El 84% de los chilenos no demuestra una comprensión adecuada de textos largos y complejos si el contenido no les resulta familiar. Los lectores entre 15 y 34 años tienen un nivel de comprensión lectora mejor que los de 35 a 65 años”.
• Estos son algunos de los resultados dados a conocer en el marco del Seminario “Hacia una sociedad lectora” y que corresponden a la Prueba de Comprensión Lectora aplicada a 1.217 personas a lo largo del país.
• La iniciativa fue impulsada por el equipo del Plan Nacional de Fomento de la Lectura Lee Chile Lee del Consejo de la Cultura y las Artes y desarrollada por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, institución que se adjudicó un proceso de licitación pública para efectuar la investigación.
• El estudio tuvo tres versiones según el grupo etario: 9 a 11 años, 12 a 14 años y 15 a 65 años. Esto en el contexto del Estudio de Comportamiento Lector que además de la Prueba, incluyó una encuesta a las mismas personas y un estudio posterior que cruza la información obtenida para ahondar en la influencia de los índices de lectura en el desarrollo económico y social del país.
• “Independiente de los que digan los indicadores económicos, un país que no lee es un país pobre; los ciudadanos con bajos niveles de educación tienen menos oportunidades y herramientas para alterar su propio destino”, señaló el Ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke.
• “Esta es la visión frente a la Lectura que recogemos como Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. A través nuestra participación en el Plan Nacional de Fomento a la Lectura, asumimos un rol activo para impulsar investigaciones que aporten y exploren los diferentes campos de acción a los que se deben orientar las iniciativas de promoción de la lectura”, agregó.
• ¿Cuál es el diagnóstico?
• “Para cumplir con los objetivos del estudio fueron diseñadas dos versiones de Encuesta de Comportamiento Lector, diferenciadas por el grupo etario al que se encuentran dirigidas: 9 a 14 años y 15 a 65 años. Ambas versiones de instrumentos se encuentran compuestas por dos cuestionarios: Individual y Hogar” como explicó Lorena Rivera, investigadora del Centro de Microdatos.
• “Los datos arrojan que del total de los encuestados, un 11% se considera como no lector mientras que el 38% poco lector, un 32% lector moderado, un 16% un lector frecuente y sólo un 3% se define como un lector muy frecuente”, dijo Rivera.
• Los entrevistados que se declaran a sí mismos como lectores frecuentes, leen más en todos los formatos que los no lectores, lo que determina que la auto percepción coincide con la frecuencia declarada.
• Los chilenos, en su tiempo libre, prefieren ver televisión (37%), escuchar radio (16%) o practicar deportes (9%), entre otras que resultan menos seleccionadas, como la lectura. Sólo un 6% de los chilenos la elige como primera preferencia de actividad en el tiempo libre.
• Ello se ratifica al comparar las horas destinadas a la lectura y a la televisión tanto en la semana como en el fin de semana. Las personas ven televisión de lunes a viernes casi el doble de horas que le dedican a la lectura (2,9 horas a la televisión, versus 1,6 a la lectura) y el fin de semana esta relación aumenta a más del doble (3 horas a la televisión en relación a 1,3 a la lectura).
• Según la encuesta, un 29% de las personas declara leer libros en formato impreso de manera frecuente, un 51% de manera ocasional, mientras un 20% se autodefine como no lector de libros. Los chilenos señalan leer 5,4 libros promedio al año, los que obtienen comprando en librerías (35%), pidiéndolo prestado a algún familiar (29%) o biblioteca (11%), entre otras maneras.
• La elección del libro pasa para una importante proporción de chilenos por la temática del libro (52%), seguido de recomendaciones de profesiones (16%) o amigos (13%), entre otras opciones.
• Un 41% de las personas declara leer el diario en formato impreso de manera frecuente, un 36% de manera ocasional, mientras un 24% se autodefine como no lector de diarios. Al consultar por la lectura digital, el diario resulta ser el leído más frecuentemente a través de este medio (32%), en comparación a los libros (12%) y revistas (8%). Adicionalmente se observa que el quinto quintil declara leer con mayor frecuencia diarios respecto de los otros quintiles.
• Respecto de la pregunta “¿Para qué leen los chilenos?”, el 44% declara leer únicamente por gusto u ocio, mientras que un 32% lo hace sólo por trabajo y/o estudio y un 24% lo hace por ambas alternativas.
• A medida que aumenta la edad también lo hace la cantidad de personas que declaran leer por gusto y ocio.
• ¿Qué se viene?
• A partir de los resultados obtenidos, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes tiene planificada la aplicación de la Encuesta de Comportamiento Lector cada dos años, de manera de identificar la evolución de los índices y prácticas lectoras y del cumplimiento de metas del Plan Nacional de Fomento a la Lectura Lee Chile Lee
• Muestra
• La muestra de este estudio es representativa a nivel nacional de la población entre 9 y 65 años de edad y está constituida por 1.217 personas, residentes en viviendas particulares de las 15 regiones del país, en áreas urbanas y rurales. Ellas fueron visitadas en sus hogares entre los meses de junio y agosto del año 2011, donde respondieron tanto la Encuesta de Comportamiento Lector como de la Prueba de Comprensión Lectora, en la versión correspondiente a la edad del encuestado seleccionado [LL] 
Escritores vs. esa oportunidad de negocios llamada EDUCACIÓN

Por Arolas Uribe
• Si no jugáramos a la objetividad y a la neutralidad, sería mucho más sencillo debatir y formarnos una opinión. Las ideas no son inocentes y todos tenemos un punto de vista. Por eso, ante todo, voy a sincerar el mío. Yo apoyo al movimiento estudiantil, por diversos motivos, entre los que se cuentan:
• a) Haber estudiado en una universidad pública, pero estar sumamente endeudada
• b) Padecer la formación escolar en un establecimiento particular subvencionado que sólo era una fábrica de desesperanza y,
• c) De rebelde: le hago el aguante a las reivindicaciones agitadas.
• “A través de la desobediencia es que se ha progresado, a través de la desobediencia y a través de la rebelión”
• Escribió Oscar Wilde. Estoy con él.
• El movimiento estudiantil chileno me ha calado, ya no como estudiante, sino como producto del pobre sistema educacional de este país. Soy una consecuencia con conciencia. Quizá por eso, en el último tiempo, se me han aparecido los tópicos educacionales en los libros. En una relectura de La Metamorfosis, de Franz Kafka, encontré a Gregorio Samsa soñando con enviar a su hermana menor al conservatorio de música, para que tuviera un mejor futuro. Lamentablemente, su cuerpo de bicho frustró esos planes.
• Como insecto, Samsa no puede trabajar, por lo que nadie en la familia puede costear el alto precio de que la chica estudie. Y ahí está, el dinero como freno de la “movilidad social” y como piedra de tope para que una mujer aumente su nivel cultural.
• Sin embargo, la esforzada hermana estudia de noche para poder lograr una promoción en su lugar de trabajo. La educación sigue siendo una llave a mejoras en la calidad de vida:
• “La madre, inclinada muy junto a la luz, cosía ropa blanca fina para una tienda, y la hermana, que se había colocado de dependienta, estudiaba por las noches taquigrafía y francés, a fin de lograr quizá con el tiempo un tiempo mejor que el actual”.
• A inicios del 1900, igual que ahora, la educación como catapulta, en un amplio sentido.
• Lo mismo encontré en Alicia En El País De Las Maravillas. Lewis Carroll enfrenta a Alicia con una tortuga de mentira, que mientras cuenta la historia de su vida arroja una enorme verdad: sin dinero, no puedes “comprar” educación. Sucede el siguiente diálogo:
• “-Pues era una escuela bien particular.
• -La mejor de todas.
• -¿Pretende decir que la mía no lo es?
• -No pretendo nada. Pero tú misma has reconocido que no aprendes a lavar y eso es muy necesario.
• Alicia estaba enfadada. Por eso, no sabiendo ya qué responder, prosiguió:
• -Pues no sé para qué necesitaba usted aprender a lavar, ya que si vivía en el mar no se ensuciaría mucho.
• -Yo no aprendí a lavar. No era lo suficientemente rica para seguir esos cursos complementarios.
• -¡Ah! Entonces, ¿me acusa a mí que no recibo una buena educación y ahora resulta que usted tampoco seguía los cursos suplementarios?
• -No, no los seguía”.
• Una mejor educación, según este diálogo y según Carroll, es aquella que entrega más herramientas. Parafraseando a Umberto Eco, es más culto el que maneja más códigos, más lenguajes, quien posea más herramientas de estudio. Con más ideas e instrumentos, nuestra capacidad de análisis es mayor, somos más críticos y nuestra inteligencia tiene más fichas con las que jugar.
• No obstante, hay quienes se quedan abajo de este engranaje del pensamiento, porque no pueden pagar esos cursos, porque no pueden solventar un colegio más caro, porque prefieren no estudiar en la universidad que endeudarse de por vida. ¿Qué hacen entonces? Se manifiestan, marchan, organizan movilizaciones, gritan de frustración.
• Pero aunque se han llenado las calles y se han sucedido muchas protestas, quienes estructuran el país y hacen las leyes -soportes que pueden cambiar nuestro contexto-, hacen caso omiso de las demandas. Tozudez y altanería que me recordaron un diálogo un tanto desesperanzador de Saramago, en el Ensayo Sobre La Lucidez:
• “Y ellos, Si son ciertas las informaciones que me han llegado a última hora, poco antes de venir aquí, están organizando una manifestación, Qué pretenden conseguir, las manifestaciones nunca han servido para nada, de otra manera nunca las autorizaríamos”.
• Es para la risa la frialdad, pero duele lo asertivo. Puedo imaginarme perfectamente a la clase política parafraseando esa cita, que se filtra en oraciones despectivas como “manga de inútiles subversivos”. José Saramago es un sabio, gran analítico, y sé que tuvo razones para escribir esas palabras. Y pese a que lo admiro –donde quiera que esté-, cómo quisiera, en este caso, que su buena pluma y su gran intelecto estuvieran equivocados. [LL]

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