Tuesday, October 09, 2012



LA NACIÓN PERDIDA DE IYNKICIDU   
 Varios hallazgos de artefactos de sorprendente antigüedad permiten suponer la existencia de una 
civilización desconocida que alguna vez floreció en suelo norteamericano.
BRAD STEIGER 
EUA   
  
En noviembre de 1829, en una cantera a doce millas al noroeste de Philadelphia, se encontró un bloque de mármol a una profundidad de entre sesenta y setenta pies, que tenía una hendidura conteniendo en relieve los caracteres “I” y “U” del alfabeto. Según un informe redactado por J. B. Browne (American Journal of Science Vol. 1, #19, p. 361): “Afortunadamente varios de los más respetables caballeros residentes en Norristown fueron llamados en calidad de testigos de este notable fenómeno, sin cuyo testimonio podría haber sido difícil, si no imposible, haber convencido al público que… las letras (no habían sido hechas) después de que la losa fue cortada.” 
Con toda la franqueza, Browne no llama a los caracteres" I" y "U"; él simplemente los denomina “caracteres" y " letras", y la ilustración en el American Journal of Science retrata los dos caracteres en relieve al revés. Esto también crea un efecto interesante. Con la "U" apoyándose sobre sus patas en lugar de su curva, el carácter se convierte en un dolmen (una cámara de tumba megalítica). La "I" se vuelve un elevado monolito a su derecha. Casi es como si alguna mano antigua hubiese designado previamente que las placas de mármol debían ser usadas como lápidas o indicadores de sepultura. 
En noviembre de 1832, Charles C., Jones Jr. descubrió dos cruces de plata en una tumba de Coosawattee Old Town en el Condado de Murray, Georgia. También se encontraron reliquias tribales de nativos americanos en montículos funerarios, de manera que aquellos que habían exhumado la tumba teorizaron que las cruces habían llegado a la nación Cherokee durante las expediciones de Hernando de Soto y Luis de Velasco. 
Los españoles viajaban con clérigos, razonó Jones, y esos mismos sacerdotes dedicaron buena parte de su tiempo intentando convertir a las tribus que encontraron a lo largo de su ruta de exploración. Por consiguiente, no sería irrazonable suponer que los buenos padres entregaron un gran número de crucifijos por el camino. 
Sin embargo, las cruces no son crucifijos. Los brazos son de igual longitud, y cada brazo tiene un diseño circular, algunos de los cuales me recuerdan los garabatos que yo hacía con mi compás en la clase de la geometría. Casi todos los diseños son por lo menos ligeramente parecidos a cruces en representación, sobre todo los del centro. Las partes de atrás de las cruces también tienen diseños redondos, pero son todos ellos diferentes de las representaciones del frente, y cada diseño es diferente del otro. Una de las cruces lleva dos dibujos - uno en el frente, uno en la parte de atrás – que no son simplemente variaciones en los diseños geométricos de la cruz.
La representación de la parte superior sobre un lado es la de un búho; el otro lado tiene la cabeza de un caballo. Esto convenció a Jones de que las cruces tenían que haber venido de los exploradores españoles, porque el caballo era desconocido en este continente en los tiempos históricos hasta el advenimiento de los europeos. (Según la abundante evidencia fósil, sin embargo, el caballo no era desconocido en este continente en tiempos prehistóricos). 
Otro argumento en apoyo de los sacerdotes que hacían proselitismo distribuyendo las cruces es el hecho de que en la cara de una de las cruces está la palabra o nombre Iynkicidu, imprimido en el alfabeto tan familiar para todos aquellos que aprenden a leer y escribir en el mundo occidental. La "c" y la "d" están al revés, pero esto se explica fácilmente, según Jones, que escribió su informe para la Smithsonian Institution. Es obvio que algún semi-alfabetizado nativo americano talló el nombre de su tribu en la cara de la cruz. 
¿Había una tribu llamada los Iynkicidus? Si uno pronuncia el nombre INK-a-ci-DOO, éste podría sonar "Kickapoo". Sin embargo, los Kickapoos fueron visitados por vez primera por los franceses en 1667, y vivieron cerca del Fox y ríos de Wisconsin en Wisconsin. 
Deletree el nombre al revés – para satisfacer a aquellos que podrían estar pensando que esto tenía que ser leído así – y tenemos Udiciknyi que ofrece menos posibilidades aun. ¿Iynkicidu es una palabra en latín o española? Parece improbable, a no ser que un orfebre o sacerdote grabara una deformación del nombre de una persona, lugar, o cosa en la cruz. 
Si los diseños en las cruces son evocadores de alguna cultura, esa sería la de Pennsylvania Dutch, por las representaciones geométricas circundadas que tanto se parecen a símbolos hexagonales como nada más. 
Pero antes que intentar adecuar las cruces dentro de la estructura artística o religiosa de cualquier cultura conocida, ¿no deberíamos considerar por lo menos la posibilidad de que estos pueden ser artefactos de una civilización desconocida que una vez floreció en el continente norteamericano? Una civilización que podríamos bautizar "La Nación Perdida de Iynkicidu". 
El 13 de septiembre de 1924, cerca de Tucson, Arizona, Charles E. Manier encontró el primero de lo que resultaría ser una serie de raros artefactos inscritos con lo que mucho parecía ser latín. Entre los 27 artefactos hay seis cruces, nueve espadas o fragmentos de espadas, una cruz en punta con cabeza de serpiente, y una cruz en media luna. Según las autoridades, el idioma parece ser el latín de un estilo popular hasta el 900 C.E., y las dataciones de algunas de las piezas confirman esta suposición. Pero las inscripciones latinas intentan registrar una especie de historia de colonización y diario de exploración que no tiene ningún sentido para los historiadores contemporáneos. Para agregar confusión, en vez aclaración al desorden, hay unas palabras hebreas añadidas aquí y allí. 
De nuevo, estamos especulando en un esfuerzo por explicar los raros artefactos híbridos: 
Un grupo de exploradores, quizás del área mediterránea con un conocimiento del cristianismo, latín, y hebreo, pudo de algún modo, hacia el 800 A.D., haber llegado al sudoeste americano, establecido una colonia, registrado su historia, y luego pasar al olvido. Algunas de las palabras hebreas encontradas mezcladas con el latín son "Jehovah", "Paz" y "Poderoso Imperio". ¿Se consideraban a sí mismos los exploradores como parte de un poderoso imperio – o se encontraban enfrentados por los representantes de un poderoso imperio que ya existía en el sudoeste americano? 
El idioma no es en absoluto latín, sino el idioma de la "Nación Perdida de Iynkicidu", que está compuesto de los mismos caracteres y quizás tiene muchísimos cognados porque la civilización que existió hace cientos de miles de años en el continente norteamericano fue la cultura que sembró el Mediterráneo. 
En una carta fechada el 5 de diciembre de 1879, un Sr. Hannibal Fox de Milton, Condado de Sullivan, Missouri, escribió a The American Antiquarian (Vol. 3, p. 336) respecto a su descubrimiento de una máscara de hierro y plata que él había desenterrado mientras araba un campo. La publicación comentaba que "la fundición de hierro y plata en un crisol, y el preparado de una matriz poniendo la arcilla encima de la cara después de la muerte, vertiendo el metal hasta volcar el vaso, no parecen ser operaciones acostumbradas entre los aborígenes, o, hasta donde nosotros sabemos, entre los constructores de montículos.” 
El 22 de julio de 1882, The Scientific American relata un hallazgo curioso de "Reliquias Pre-indias de Virginia": 
“Se dice que los objetos (encontrados entre la cadena de montañas Blue y Allegheny, cerca de Mount Pisgah, Carolina del Norte) son de un tipo completamente único, consistiendo en figuras en parte humanas, en parte de animales, o bien en redondel o en varios grados de relieve. Algunos son utensilios domésticos. Ellos parecen haber sido esculpidos con instrumentos de metal, de tan perfecta que es su factura.” 
El corresponsal de Scientific American comenta además que las figuras humanas no fueron creadas a semejanza de los americanos nativos, y que las imágenes estaban vestidas por completo con prendas ceñidas. Algunas de las estatuillas estaban representadas como sentadas en sillones; otras estaban a horcajadas de una sorprendente variedad de animales - osos, perros de la pradera, pájaros. 
Es bastante extraño que un antiguo artista representara a tales animales como los antes mencionados como llevando a irreconocibles jinetes sobre sus lomos, pero luego viene lo más llamativo: Algunos de los jinetes están sentados sobre camellos de dos jorobas, rinocerontes, e hipopótamos. O nuestro desconocido artesano observó tales animales africanos por sí mismo, o vio representaciones de tales animales, o era más que imaginativo - un Nostradamus prehistórico. 
Scientific American arriesga la teoría de que “los artículos fueron hechos por una raza anterior y más civilizada, sojuzgada y parcialmente aniquilada por los indios encontrados en Virginia a la llegada de los hombres blancos.” No obstante, concluyeron que los especímenes de animales del Viejo Mundo fueron "evidentemente" hechos por un hombre blanco en una época posterior. 
En lugar de perseguir la posibilidad de “una raza anterior y más civilizada”, Scientific American nos deja con una imagen de algún hombre de la frontera que descubre un escondrijo de sorprendentes estatuillas dejadas ocultas en las montañas de Allegheny. Él se detiene brevemente, las admira, luego, movido por su conocimiento del arte, se sienta y usa su cuchillo de caza y talla sus propias impresiones de hombres que montan criaturas africanas. Hecho su trabajo, él agrega su propio objeto de arte al escondite, luego continúa su camino, y nunca le menciona a nadie el encondite de las estatuillas antiguas o su propio trabajo. 
En su número de junio de 1851, Scientific American reimprimió un artículo de Boston Transcript sobre un recipiente metálico que saltó en pedazos desde una "inmensa masa de piedra" cuando unos obreros estaban haciendo detonaciones en Meeting House Hill en Dorchester: 
Recipiente metálico hallado en Dorchester.
“Al reunir las dos partes, formaba un recipiente en forma de campana, de 4 1/2 pulgadas de alto, 6 1/2 pulgadas en la base, 2 1/2 pulgadas en la parte superior, y cerca de un octavo de pulgada de espesor. El cuerpo de este recipiente se parece al cinc en el color, o a una mezcla metálica en la que hay una gran parte de plata. En los lados hay seis figuras de una flor, o ramillete, bellamente incrustado con plata pura, y alrededor de la parte más baja del recipiente una vid, o corona, también incrustada con plata. El cincelado, tallado, e incrustación fueron exquisitamente hechos por el arte de algún hábil obrero. Este curioso y desconocido recipiente salió de la piedra sólida, a quince pies debajo de la superficie…. El Dr. J. V. C. Smith, que ha viajado recientemente al Este y ha examinado centenares de curiosos utensilios domésticos... nunca ha visto algo parecido a esto... No hay ninguna duda excepto que esta curiosidad salió de la piedra. . .” 
En marzo de 1964, Frank McNamara Jr., excavando en su sótano en el sur de Boston en un esfuerzo por tapar una gotera, desenterró la escultura en piedra de una cabeza de diez libras de peso. La obra de arte muestra el pelo corto rizado; los ojos rasgados hacia abajo y muy largos; y hay un tratamiento bastante primitivo de las orejas. 
Este extraño hallazgo en un sótano de Boston ha confundido a algunos de los mejores arqueólogos y antropólogos de varios museos y escuelas. Hay consenso en que el artefacto no es el trabajo de tribus nativas. Pero aparte de ese punto de acuerdo, nadie está seguro si la pieza debe atribuirse al Cercano Oriente, Asia Occidental, o Egipto. Una autoridad aventuró su opinión de que el estilo de la cabeza primitiva haría pensar en el Cercano Oriente de aproximadamente el 700 A.C. Nadie parece estar interesado en hacer simples conjeturas sobre cómo vino a parar el artefacto a varios pies debajo de la tierra en el sur de Boston. 
El Morrisonville, Illinois, Times, del 24 de diciembre de 1851, reimprimió un artículo del Springfield Republican titulado " Una tuerca para los geólogos": 
“Hiram de Witt, de este pueblo, quien ha regresado recientemente de California, trajo con él un trozo de piedra de cuarzo aurífero del tamaño del puño de un hombre. En el Día de Gracias la sacó para mostrársela a un amigo, cuando la dejó caer accidentalmente al suelo y se partió. Cerca del centro de la masa se descubrió, firmemente incrustado en el cuarzo y ligeramente corroído, un clavo de hierro del tamaño de una moneda de seis peniques. Era completamente recto y tenía una cabeza perfecta.” 
El martes 9 de junio de 1891, la señora S. W. Culp rompió un trozo de carbón para ponerlo en el cubo del carbón, un acto que ella había realizado miles de veces. Sin embargo, el pedazo de cadena que cayó del trozo era muy singular. 
"Al principio," según el Morrisonville, Illinois, Times del 11 de junio de 1891," la señora Culp pensó que la cadena se le había caído accidentalmente en el carbón, pero cuando ella intentó levantarla, la idea de que la había dejado caer recientemente se le hizo de repente engañosa, por cómo estaba el trozo de carbón casi partido al medio, y la posición circular de la cadena que ponía los dos extremos uno cerca del otro; y cómo en el trozo separado la mitad de la cadena se aflojaba mientras cada extremo permanecía sujetado al carbón. Ésta es una investigación para los estudiosos de la arqueología que aman los rompecabezas de la construcción geológica de la Tierra desde cuya antigua profundidad lo curioso siempre está saliendo." 
El carbón, claro, databa de la Era Carbonífera - cuando un desconocido, no identificado algo o alguien estaba dejando huellas en la arena de Pennsylvania. 
En la Creation Research Society Quarterly (marzo, 1971), Wilben H. Rusch, profesor de Biología en la Universidad de Concordia, Ann Arbor, Michigan, citó la carta que un colega había recibido de un tal Frank J. Kenwood, quien decía que había sido bombero en la Planta Eléctrica Municipal de Thomas, Oklahoma, en 1912, cuando partió un gran pedazo de carbón y descubrió una olla de hierro encajada dentro. 
"Esta olla de hierro se cayó del centro, dejando la impresión o molde de la olla en el pedazo de carbón", escribió Kenwood . "Yo rastreé el origen del carbón, y encontré que vino de las minas de Wilburton, Oklahoma." 
Aproximadamente unos 2 millones de libras de cobre fueron extraídos en la Isla Royale en Michigan por algún prehistórico imperio minero no identificado que tenía los medios para transportar el metal fuera de las inmediaciones. Varios hornos de fundición se han encontrado diseminados en la mitad meridional de Ohio. Los granjeros de ese estado encuentran de vez en cuando artefactos de hierro en sus campos. Las conjeturas acerca de la identidad de los antiguos obreros del hierro han incluido a los vikingos, los misteriosos Constructores de Montículos, o una civilización hace tiempo olvidada que una vez existió en América del Norte. 
Todo lo que puede decirse con certeza en este momento es que cuando los primeros colonos llegaron a Ohio por los años 1790 a 1810, encontraron no menos de 100 colinas abandonadas coronadas con fortificaciones de piedra, Algunas de éstas permanecen hoy en Fort Hill, Spruce Hill y Glenford Fort en el Condado de Perry. Pueden verse colinas fortificadas similares en Hill Fort, Georgia, y Manchester, Tennessee. En el fuerte de Manchester los primeros colonos encontraron ladrillos y una corta espada de hierro. En 1820, Caleb Atwater emitió un informe de un horno rodeado por ladrillos en el montículo central alrededor del cual Circleville fue construida. Con el horno se encontró lo que parecía ser un puñal y un plato, los dos de hierro desintegrado. 
El 17 de diciembre de 1869, Los Angeles News publicó un informe de una pared de pizarra grabada que había sido proporcionado por corresponsal del Cleveland Herald, que escribía desde Wellsville, Ohio. 
“El Capitán Lacy de Hammondsville, Ohio, tenía algunos hombres ocupados haciendo una entrada en su terraplén de carbón cuando una gran masa de carbón se vino abajo, descubriendo una grande y lisa pared de pizarra, en cuya superficie había claramente talladas varias líneas de jeroglíficos. Nadie ha podido todavía decir en qué idioma fueron escritas las palabras… es probable que las letras fueran grabadas en el carbón mientras estaba en estado vegetal y durante su formación en carbón.” 
Los hombres descubrieron la pared con sus jeroglíficos indescifrables aproximadamente a 100 pies debajo de la superficie. Si las letras fueron talladas en el carbón en su "estado vegetal", como sugiere el periodista anónimo, entonces estamos de vuelta en los Sistemas Carboníferos, hace aproximadamente 250 millones de años. 
The Scientific American del 14 de enero de 1886 publica un informe del Lexington, Kentucky, Press que cuenta sobre una pared de roca sólida desenterrada por obreros de una cantera a una milla del pueblo sobre la carretera Frankfort: 
“Tenía toda la apariencia de haber sido construida por manos humanas, siendo las junturas muy llanas. Arriba de ésta había aproximadamente diez pies de terreno y veinte pies de roca que habían sido removidos por los obreros, y en el lado expuesto los hombres habían avanzado por lo menos cuarenta pies desde donde primero golpearon la piedra. Por lo tanto estaba firmemente incrustada en una cantera de caliza sólida que ciertamente se formó sobre ella desde que la pared fue construida. La cara de la pared estaba bien decorada, y su apariencia maciza daba evidencia de la habilidad de manos perecidas hace siglos, y que bien podrían ser envidiadas por el mejor de los mamposteros de hoy.” 
El 20 de mayo de 2009, recibí un correo electrónico de M.I., quien decía que sus abuelos, su padre, y todos sus tíos habían trabajado en las minas del nordeste de Pennsylvania. Su tío Joe había trabajado en una de las últimas minas usando mulas para acarrear el carbón - 16 toneladas por día - paleándolo en los carros de mina. Un día cuando estaban quitando el carbón a 300 pies debajo de la superficie, dijo Joe, se encontraron con un bloque de pared. No deseando crear ningún tipo de interrupción que pudiera retrasar su trabajo o su paga, simplemente se dirigieron en otra dirección lejos de la pared. 
En 1953, mineros de la mina de carbón Lion de Wattis, Utah, rompieron en una red de túneles de entre cinco y seis pies de alto y ancho que contenía carbón de tan enorme antigüedad que se había erosionado hasta un estado de inutilidad para cualquier clase de combustión. 
Una búsqueda por fuera de la montaña en línea directa con los túneles no reveló ninguna señal de entrada alguna. Puesto que los túneles fueron descubiertos cuando los mineros estaban trabajando una veta de ocho pies de carbón a 8,500 pies, la evidencia es irrefutable en cuanto a que alguien indeterminado hubo llevado a cabo un ambicioso proyecto minero hace tanto tiempo que todos los rastros exteriores han desaparecido. 
El profesor John E. Willson, del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Utah, fue citado en la edición de Coal Age de febrero de 1954, declarando: “Sin duda, ambos terrenos de acarreo fueron hechos por el hombre. Aunque no se encontró ninguna evidencia en el afloramiento, los túneles fueron por lo visto perforados unos 450 pies desde el exterior al punto donde los actuales trabajadores irrumpieron en ellos. . . No hay ninguna base visible para datar los túneles...” 
Jesse D. Jennings, profesor de antropología en la Universidad de Utah, no podría ofrecer ninguna opinión acerca de la identidad de los antiguos mineros, pero negó que los inmensos túneles y sitios de minería carbonífera pudieran ser el trabajo de ningún pueblo americano nativo. "En el primer lugar" - comentó -, "tales trabajos habrían requerido la inmediata y local necesidad de carbón. ... porque antes de que viniera el hombre blanco, el transporte era efectuado por humanos… En cuanto al uso local, no se ha informado de ninguna combustión importante de carbón por los indígenas de la región de la mina Wattis.” 
Aunque los primeros americanos nativos no extrajeron ni quemaron carbón, la Nación Perdida de Iynkicidu puede haber tenido grandes refinerías, fundiciones de acero, y millones de casas que necesitaban del carbón durante los fríos inviernos. Los ciudadanos de la Nación de Iynkicidu también podrían haber exportado su oficio así como su cultura a las colonias mayas o aztecas. Los constructores olvidados del imperio de nuestra nación perdida pudieron incluso haber establecido puestos avanzados en África del Norte y el Medio Oriente. Quienquiera que fuera esta gente, florecieron tecnológicamente en un mundo perdido antes del nuestro. 
EL AUTOR es escritor. Ha publicado hasta hoy más de 2.000 artículos y 165 libros, muchos de ellos relacionados con los grandes misterios de la humanidad, tales como Atlantis Rising y Worlds Before Our Own. Su trabajo ha sido premiado en diversas ocasiones por diferentes instituciones culturales.

  
¿UNA GUERRA NUCLEAR PREHISTÓRICA?   
 Desconcertantes hallazgos arqueológicos parecen señalar que nos precedió otra humanidad que tuvo un catastrófico final.
BRAD STEIGER
EUA
   
Me encuentro ahora, en la séptima década de vida, haciendo todavía las dos mismas preguntas que de una manera u otra la gran mayoría de mis 165 libros publicados han buscado contestar: 
1.) ¿Quiénes somos como especie? y 2.) ¿Cuál es nuestro destino? 
La razón básica por la que escribí Worlds Before Our Own (G.P. Putnam‘s Sons, 1978; Anomalist Books, 2007) es que siempre he encontrado increíble que personas tan sofisticadas como nosotros nos consideramos, realmente no sepamos quiénes somos. 
Los arqueólogos, antropólogos, y varios académicos que siguen las reglas de juego de los "orígenes del Hombre", renuentemente y sólo muy de vez en cuando reconocen algunos casos donde una inusual evidencia ósea y cultural del registro prehistórico aparece, repentinamente, mucho antes de lo que debería - y en lugares donde no debería estar. Estos irritantes hallazgos destruyen la ordenada línea evolutiva que los académicos le han presentado al público desde hace tanto. Por consiguiente, tales datos han sido en gran parte dejados de lado en los informes, olvidados en depósitos y archivos polvorientos donde uno sospecha que existe mucha evidencia cultural prehistórica suprimida, ignorada y extraviada, que alteraría las interpretaciones establecidas acerca de los orígenes humanos y nos proporcionaría una definición mucho más clara de lo que significa ser humano. 
Hay hoy un consenso académico básico de que el linaje "homo" se remonta a unos tres millones de años por lo menos, y que un antepasado de hombre moderno evolucionó hace aproximadamente un millón de años. El Homo Sapiens, el "hombre que piensa" (nuestra propia especie), se convirtió en la forma de vida planetaria dominante a nivel mundial hace aproximadamente 40.000 años. 
Es muy difícil de explicar la súbita aparición del Homo Sapiens en esa época, pero es aun más compleja la pregunta sobre por qué el hombre de Neanderthal y Cro-Magnon desaparecieron de la misma manera. Y la encarnizada guerra académica que incesantemente discute acerca de si los hombres de Neanderthal y nuestros antepasados eran o no dos especies separadas o si ambas se cruzaron entre sí. 
Y así como los científicos están aumentando un cuerpo de evidencia cada vez mayor de que la humanidad se desarrolló en África, una excavación húngara saca a la luz un fragmento de cráneo de Homo Sapiens en un contexto que se aparta en más de 600.000 años del alineamiento del calendario aceptado para las migraciones del hombre a través del planeta. Fósiles de homínidos de unos 1,77 millones de años de antigüedad fueron desenterrados en Dmanisi, Georgia; y un diente de homínido datado en siete millones de años se encontró en depósitos del Neoceno cerca del Río Maritsa en Bulgaria. 
¿Qué pasa con la evolución darwiniana cuando hay sitios tales como el de Australia que revelan la existencia de Homo Sapiens (hombre moderno), Homo Erectus (nuestro antepasado de un millón de años de antigüedad), y de Neanderthal (nuestro primo de la Edad de Piedra) en lo que parece ser un ambiente contemporáneo? Está además el sitio de Tabun, donde se encontraron fragmentos de Homo Sapiens en estratos por debajo (que significan ser más antiguos) de los huesos de Neanderthal clásicos. En agosto de 2007, científicos que fechaban fósiles encontrados en Kenya desafiaron la opinión convencional de que el Homo Habilis (1.44 millones de años) y el Homo Erectus (1.55 millones de años) evolucionaron uno después del otro. Las dataciones de nueva evidencia fósil revelaron que las dos especies vivieron lado a lado en África por casi medio millón de años. 
En alguna parte, de lo que parecería ser una auténtica batalla campal biológica y cultural, debe de estar la respuesta a la pregunta más importante: ¿Quiénes somos? 
Pero así como estamos intentando hacer lo mejor para adecuar fragmentos de esqueletos de una manera que resultará aceptable con lo que nosotros creemos que sabemos sobre nuestros orígenes, se están encontrando huellas en la piedra que, si son lo que parecen ser, traerán un caos total a nuestro calendario evolutivo aceptado. En el Condado de Pershing, Nevada, se encontró una huella de zapato en una piedra caliza del Triásico, estrato indicativo de 400 millones de años, en la que la evidencia fosilizada revelaba una doble costura delicadamente trabajada en las junturas. 
Antes, en 1975, el Dr. Stanley Rhine, de la Universidad de Nuevo México, anunció su descubrimiento de huellas semejantes a la humanas en estratos de 40 millones de años de antigüedad. Unos meses antes, un hallazgo similar fue hecho en Kenton, Oklahoma. Casi al mismo tiempo, se reveló el descubrimiento de una huella en piedra en el norte de Wisconsin. 
En Death Valley, hay amplia evidencia fósil y ósea para indicar que el área desolada fue una vez un tropical Jardín del Edén donde una raza de gigantes vivió y se alimentó con sabrosas comidas provenientes de los lagos y bosques locales. 
Hablar de una raza de gigantes prehistóricos en lo que es ahora el desierto del Death Valley es refutar simultáneamente la doctrina que decreta que el hombre es un relativo recién llegado a los continentes americanos Norte y Sur. Aunque por un lado las nuevas fechas del radiocarbono demuestren que el puente de tierra de Bering y el corredor de hielo cordillerano no eran transitables hasta hace 9.000 años, una cantidad creciente de evidencia física indica que el hombre estaba ciertamente en este hemisferio mucho antes que en esa reciente fecha. 
En primer lugar, se dice que el maíz, una contribución americana a las mesas del mundo, es en 9.000 años nuestro cultivo doméstico más antiguo. Algún agricultor tenía que estar en las Américas hace más de 9.000 años para cultivar la semilla. Las antiguas semillas de calabaza, los cacahuetes y el algodón fechados en 8.500 años, hallados en el Valle de Nanchoc de Perú, constituye evidencia adicional de que la labranza estaba bien establecida en el Nuevo Mundo. La prueba concluyente de que tales granjeros antiguos existieron en las Américas se obtuvo cuando un taladro de la Humble Oil Company perforó polen de maíz mexicano que tenía más de 80.000 años. 
La anómala separación de la sangre y dentición india, y la distribución geográfica del indio americano, exige una imposible escala genética de tiempo para transformar a los inmigrantes asiáticos en los distintivos habitantes del Nuevo Mundo. 
Aun cuando intentemos conservar algún orden con las teorías aceptadas sobre el asentamiento del Nuevo Mundo, deberemos reconocerle a América del Norte una evolución mayor en 40.000 años que la que tuvo lugar en más de un millón de años en Europa, África, y Asia. 
Cráneos encontrados en California, que son claramente de indios americanos, han sido datados en 50.000 años. Pero nosotros nos quedamos con otro misterio. Un cráneo del tipo indio americano (vía análisis métrico) de 140.000 años de antigüedad se ha encontrado en un sitio de excavación iraní. 
¿Qué de la civilización amerindia perdida de Cahokia, con pirámides y una gran pared incluidas? Un sitio, cerca de la actual ciudad de St.Louis, puede haber contenido una metrópoli de más de 250.000 indios norteamericanos. 
¿Y quién construyó las misteriosas paredes de siete millas de las colinas de Berkeley y Oakland, California? 
¿Y qué gentes pre-mayas diseñaron en Yucatán una complicada fuente de agua para irrigar las cosechas hace más de 2.000 años? 
El Caracol de Chichen Itza es un notable observatorio mesoamericano que parece haber correlacionado sus resultados con sitios similares de América del Norte, incluyendo Mesa Verde, Wichita, y Chaco Canyon. 
Uno de las teorías más heréticas que yo sugiero en Worlds Before Our Own (Mundos Antes del Nuestro) es que la cuna de la civilización posiblemente podría haber viajado del llamado Nuevo Mundo al Viejo. Ahora, en diciembre de 2007, años después de que Ruth Shady Solis encontrara la ciudad antigua de Caral, en Perú, los científicos han aceptado la datación por carbono de 2.627 a. de C., estableciendo de ese modo que la civilización en Sud América es mucho más antigua que los pueblos del Valle de Harappa y las pirámides de Egipto. Caral debe ser reconocida ahora como “la madre de todas las civilizaciones,” el eslabón perdido de la arqueología, la Ciudad Madre. 
El conocimiento científico ha sido al parecer bien valorado por los habitantes de cada cultura, conocida y desconocida. Grabados en piedra que pueden tener tanto como 60 millones de años representan en detalladas ilustraciones un trasplante de corazón y una cesárea. Los egipcios antiguos usaron el equivalente de una jalea anticonceptiva y tests de orina para determinar el embarazo. El cemento utilizado para llenar las cavidades dentales mayas todavía se sostiene después de 1.500 años. 
Se supone que ningún tejido hubo sido encontrado hasta que Egipto produjo el material de tela hace 5.000 años. ¿Cómo, entonces, podemos hablar del sitio ruso que cuenta con husos y géneros estampados de 80.000 años de antigüedad? 
No sólo parece que los antiguos babilónicos usaron cerillas de azufre, sino que ellos tenían una tecnología bastante sofisticada para emplear baterías electroquímicas con cableado. Hay también evidencia de baterías eléctricas y electrólisis en el Antiguo Egipto, India, y Swahililand.
Se encontraron restos de una fábrica de metales con más de 200 hornos en lo que es ahora Medzamor, en la Armenia rusa. Aunque para fundir platino se requiere una temperatura de más de 1.780 grados, algunos pueblos pre-incaicos en Perú fabricaron objetos del metal. Incluso hoy el proceso para extraer aluminio de la bauxita es un procedimiento complicado, pero Chou Chu, famoso general de la era Tsin (265-316 A.D.), fue enterrado llevando broches de aluminio en el cinturón de su vestimenta funeraria. 
Huesos tallados, tiza, piedras, junto con lo que parecerían ser decoradas ''monedas," salieron de las grandes profundidades durante excavaciones. Una extraña losa grabada fue encontrada en una mina de carbón. El artefacto estaba decorado con cuadrados en forma de diamante con la cara de un anciano en cada ''caja”. En otra mina de carbón, los mineros encontraron lisos y pulidos bloques de concreto que formaban una pared sólida. Según el testimonio de un minero, él cortó un bloque y encontró en su interior la mezcla normal de arena y cemento que constituye la mayoría de los ladrillos típicos de hoy. 
Un collar de oro fue hallado incrustado en un trozo de carbón. Una púa de metal se descubrió en una mina de plata en Perú. Un instrumento de hierro se encontró en una capa de carbón escocesa. Se calculó que era millones de años más antiguo de lo que se cree que el hombre ha existido. Un recipiente de metal, con forma de campana e incrustaciones de un motivo floral de color plata, fue arrancado de la roca sólida por una explosión cerca de Dorchester, Massachusetts. 
Dos hipótesis pueden explicar la presencia de estos desconcertantes artefactos: 1) que ellos fueron manufacturados por una civilización avanzada de la Tierra que, debido a una catástrofe natural o tecnológica, fue destruida antes del propio génesis de nuestro mundo; 2) que estos son vestigios de una civilización tecnológica de origen extraterrestre que visitó este planeta hace millones de años, dejando atrás varios artefactos. 
Aun cuando una raza extraterrestre muy adelantada podría haber visitado este planeta en tiempos prehistóricos, parece poco probable que tales artículos comunes, cotidianos como los clavos, collares, hebillas y jarrones fuesen llevados a bordo de una nave espacial y depositados en áreas tan extensamente separadas, para que hayan sido encontrados en el Norte y Sur de América, Gran Bretaña, en toda Europa, África, Asia, y el Medio Oriente. 
A pesar de la impopularidad general de catastrofismo, parecen ser varias las “pruebas" recientemente descubiertas de antiguos cambios catastróficos en la corteza de la Tierra, que pueden responder por la desaparición casi total de estos mundos prehistóricos. La evidencia geológica indica que estos cambios fueron súbitos y drásticos y podrían haber destruido completamente a los primeros habitantes y sus culturas. 
Quizás la evidencia más inconcebible de una tecnología prehistórica avanzada que podría haber aniquilado su cultura madre será encontrada en esos sitios que ofrecen ostensiblemente evidencia muda de una guerra nuclear prehistórica.
Se han encontrado grandes áreas de vidrio verde fundido y ciudades vitrificadas en profundos estratos de zonas de excavaciones arqueológicas en Pierrelatte, en Gabón, África; el Valle del Éufrates; el desierto del Sahara; el desierto de Gobi; Irak; el desierto de Mojave; Escocia; los reinos Antiguo y Medio de Egipto; y Turquía. En los tiempos contemporáneos, material tal como el vidrio verde fundido sólo ha sido hallado en los sitios de pruebas nucleares (donde la arena se hubo fundido para formar la substancia). Es bastante perturbador para algunos considerar posible que estos sitios proporcionen evidencia de una guerra nuclear prehistórica. Al mismo tiempo, los científicos han encontrado varios depósitos de uranio que parecen haber sido explotados o agotados en la antigüedad. 
Si es posible que la aniquilación nuclear de una civilización global tuviera lugar en tiempos prehistóricos, parece más urgente saber quiénes somos realmente, antes de que nos encontremos condenados a repetir las lecciones dejadas por un mundo anterior al nuestro. 
EL AUTOR es escritor. Ha publicado hasta hoy más de 2.000 artículos y 165 libros, muchos de ellos relacionados con los grandes misterios de la humanidad, tales como Atlantis Rising y Worlds Before Our Own. Su trabajo ha sido premiado en diversas ocasiones por diferentes instituciones culturales.




SI SUENA EL TELÉFONO CÓSMICO... NO CONTESTE 
 La discusión sobre detección de vida extraterrestre en el marco de la históricamente célebre 
Royal Society de Londres.
NICK POPE 
Reino Unido

Esta semana una histórica conferencia de dos días fue celebrada en la Royal Society de Londres, para discutir sobre la búsqueda de vida extraterrestre y las implicaciones para el mundo si la encontramos. 
Yo solía dirigir el MoD’s UFO project (proyecto OVNI del Ministerio de Defensa) y sigo los últimos avances científicos en relación con la cuestión de si estamos solos en el Universo. Asistí a los dos días, escuché una serie de presentaciones fascinantes y tuve la oportunidad de mantener algunas conversaciones privadas con muchas de las figuras clave.
El título completo del evento era "La detección de vida extraterrestre y las consecuencias para la ciencia y la sociedad". Normalmente se podría esperar que un evento tal sea organizado por la British UFO Research Association (Asociación británica de investigación OVNI). Pero se trataba de la Royal Society, una organización fundada en 1660, cuyos miembros han incluido a figuras legendarias como Isaac Newton, Charles Darwin, Albert Einstein y Stephen Hawking.
El evento contó con representantes de la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior. Físicos, químicos, biólogos, astrónomos, antropólogos e incluso teólogos se reunieron para discutir un tema que, pocos años antes, habría sido considerado como mucho ciencia marginal. Entre los oradores estaban Colin Pillinger, diseñador de la malograda nave espacial Beagle 2, y Frank Drake, el primero en enviar un mensaje al espacio en un intento deliberado de señalar nuestra presencia a los extraterrestres. Entre los asistentes estuvo Jill Tarter, la astrónomo en la que se basó el personaje de Ellie Arroway en la película Contacto. Lord Martin Rees, Astrónomo Real y presidente de la Royal Society, presidió varias de las sesiones.
Se dedicó mucho tiempo a la actualización de los asistentes sobre los últimos avances científicos. Hace unos años no teníamos pruebas de la existencia de otros planetas que no fueran los de nuestro sistema solar. Ahora hemos descubierto más de 400 planetas alrededor de otras estrellas. Los radiotelescopios exploran los cielos a la escucha de señales de civilizaciones extraterrestres, y lo hacen con un poder inimaginable hace apenas unos pocos años. Estamos mirando y escuchando en el Universo como nunca antes, buscando respuesta a la pregunta fundamental: ¿Es la Tierra la única que sustenta vida, y si es así, por qué? O como muchos científicos creen ahora, ¿está el Universo lleno de vida?
Frank Drake cree que puede haber 10.000 civilizaciones en nuestra galaxia, pero señala que, dado el asombroso número de estrellas en la galaxia, esto significaría que sólo una estrella en 10 millones podría mantener un mundo. El cosmólogo y autor de best sellers Paul Davies se refiere a la falta de una señal como "el silencio inquietante". Frank Drake dice que, dado que nuestra investigación realmente sólo ha arañado la superficie, el silencio no es inquietante, sino previsible.
Así que, ¿cuáles son las grandes cuestiones que se plantean? Éstas se dividen en una serie de acápites.

¿Amigo o enemigo? 
Si encontramos vida y esto es algo más que captar una señal o el hallazgo de microbios alienígenas, ¿van a ser amistosos, como ET, o van a ser algo así como los extraterrestres de la película Día de la Independencia, aquí para exterminarnos? Las opiniones estuvieron divididas. Frank Drake y otros creían que podríamos tener mucho que ganar, en términos de conocimiento científico. Se ha sugerido que las civilizaciones pueden transmitir información sobre sí mismos - una especie de Facebook cósmico. ¿Podríamos aprovechar y aprender algo útil? Otros señalaron lo que ha sucedido en nuestra historia, cuando una sociedad tecnológicamente avanzada ha encontrado a una más primitiva. Nuestro intento de encontrar alienígenas, creen algunos, es como el de los aztecas en busca de los conquistadores. Si suena el teléfono cósmico, dijo el profesor Simon Conway Morris, no conteste. Es demasiado tarde, por supuesto. Hemos sido una civilización detectable durante décadas a causa de las señales de televisión que se filtran al Espacio.

Bioriesgo 
En La Guerra de los Mundos, los alienígenas invasores fueron finalmente aniquilados por las bacterias terrestres. Si nos encontramos con vida extraterrestre, incluso si sólo son microbios, ¿podríamos compartir la misma suerte? Algunos delegados pensaron que esto era un riesgo real y dijeron que era vital que se pusieran en marcha estrictos controles para hacer frente a cualquier material potencialmente biológico traído de las misiones espaciales. Ahí está la cuestión ética relacionada, incluso en los mundos deshabitados, de si los microbios terrestres de una nave espacial no esterilizada pueden contaminar otros planetas. ¿Qué derecho tenemos nosotros a hacer esto?

¡No entre en pánico! 
Si descubrimos vida extraterrestre, mucha gente piensa que habrá un pánico masivo. Si nos enfrentáramos a una invasión alienígena, claro que sería verdad. Sin embargo, los delegados sugirieron que un simple anuncio tendría poco efecto. Las encuestas de opinión demuestran que un gran número de personas creen en la vida extraterrestre, y muchos creen que ya estamos siendo visitados. Agreguemos a esto el hecho de que las películas de ciencia ficción han incorporado con firmeza la idea de los extraterrestres en la mente de la gente y no hay problema. Después de todo, en 1996, la NASA anunció que había encontrado un meteorito de Marte con evidencia de vida. El presidente Clinton hizo un anuncio, la canción de David Bowie Life on Mars (Vida en Marte) tiene mucho tiempo en el aire, pero la gente sigue con su vida.

La religión 
A menudo se dice que el descubrimiento de otras civilizaciones socavaría y destruiría las religiones del mundo. Los delegados no estaban tan seguros. El profesor Ted Peters, un teólogo, informó en la reunión sobre algunos resultados de encuestas que indicaban que en lugar de socavar las creencias religiosas de las personas - independientemente de su fe – las fortalecerían, porque la creación de Dios parece aún más grande y más maravillosa. No todos estuvieron de acuerdo. Paul Davies pensaba que los cristianos, en particular, tendrían un problema, debido a su creencia central de que Jesús murió para salvarlos. Si descubrimos otras civilizaciones, daría lugar a la incómoda pregunta, ¿por qué sólo a nosotros?
¿Quién habla en nombre del planeta Tierra? 
¿Quién tomaría la iniciativa para hacer frente a todo esto? Como señaló un delegado, ¿si una nave extraterrestre se acopla con la Estación Espacial Internacional, llamamos al Departamento de Defensa o al Departamento de Estado? Una de las propuestas fue que las Naciones Unidas tomen la iniciativa. Hay un precedente interesante. La nave espacial Voyager 1, actualmente en camino hacia las estrellas, contiene un mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas. En parte, este dice: "Les envío mi saludo en nombre de la gente de nuestro planeta. Salimos de nuestro sistema solar al Universo sólo en busca de paz y amistad”.

OVNIs
La conferencia no fue anunciada como de OVNIs. El término no apareció en absoluto en las presentaciones formales, pero fue discutido un poco más abiertamente en los descansos, con café y panecillos. Pero en muchos aspectos, éste fue el "elefante en la habitación”. Después de todo, como a menudo señalan los ufólogos, ¿por qué buscar "ahí fuera" la vida si ya está 'aquí'? La ironía de organizar un evento como éste cuando los avistamientos de OVNIs se encuentran en niveles récord no pasó desapercibido para los asistentes. En un momento de la discusión alguien señaló como carente de rigor científico que el Ministerio de Defensa cortara su proyecto OVNI, cuando había muchos casos en los que hubo evidencia de que algo extraño se había visto, como testimonios de avistamientos por pilotos y seguimiento por radar. "Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias", respondió Lord Rees, un poco incómodo y pasando la discusión.

Teorías de conspiración 
Cuando las personas interesadas en los OVNIs se enteraron del evento de la Royal Society quedaron impactados e intrigados. Pero su estado de ánimo pronto se convirtió en sospecha y enfado. Las teorías de conspiración comenzaron casi de inmediato y el evento está siendo ampliamente discutido en diversos sitios web, blogs y foros. El sentimiento en la comunidad OVNI es que esto demuestra que las potencias saben que estamos siendo visitados. Ellos piensan que esta reunión fue para preparar el camino para la confirmación oficial de la presencia alienígena.

Conclusiones 
El escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke dijo una vez: "Existen dos posibilidades: o estamos solos en el Universo o no lo estamos. Ambas son igualmente aterradoras”. Estoy de acuerdo. La pregunta de si hay otra vida en el Universo es probablemente la más grande y profunda que podemos hacer. Pronto podrá obtenerse una respuesta.
En un campo donde hay tantas incertidumbres, sólo una cosa es cierta. El día que hagamos el primer contacto nuestro mundo va a cambiar para siempre.
(1) Nota del editor: el autor se refiere a los días 25 y 26 de enero de 2010
EL AUTOR es escritor, periodista y conferencista. Trabajó durante 21 años en el Ministerio de Defensa del Gobierno británico, dirigiendo desde 1991 hasta 1994 el Proyecto UFO de ese organismo gubernamental. Ha publicado numerosos artículos sobre el fenómeno UFO, así como 4 libros, entre los que se cuentan sus muy interesantes ensayos Open Skies, Closed Minds y The Uninvited.



 EL MUÑECO HUMANO 
"Nos fabricaron para utilizarnos"
ANDREAS FABER - KAISER


Algunos científicos de avance y los legados más antiguos de nuestra historia convergen en una explicación lógica para el origen de la humanidad: una civilización cósmica para nosotros desconocida nos fabricó en un pasado remoto. Más adelante alguien —ya sea el mismo programador original u otro distinto— efectuó una mutación en el ser programado, para encarrilar nuestro desarrollo genético hacia nuestra condición humana actual.
Pero, ¿qué hicieron nuestros programadores después de habernos fabricado y posiblemente mutado en un estadio más tardío? ¿Nos abandonaron a nuestra suerte? ¿O, más bien, han venido controlando el desarrollo de nuestra existencia? Existen suficientes ejemplos que evidencian que en el pasado y también hoy en día alguien más —y por lo menos tecnológicamente, más avanzado— se mantuvo y se mantiene cerca de nosotros, acompañándonos a lo largo de toda nuestra historia.
Pero no solamente se han dedicado a controlarnos, sino que en determinados momentos históricos decisivos para la marcha de la humanidad, han intervenido directamente para encauzarla en uno u otro sentido.
En la etapa antigua de nuestra historia, los seres para nosotros desconocidos descendían habitualmente de las alturas para convivir con el ser humano sobre el planeta que habitamos. Dado que sus actuaciones y su tecnología se escapaban a la comprensión del hombre primitivo, que era incapaz de imitar lo que estos seres desconocidos podían hacer, tales visitantes fueron tomados necesariamente por nuestros antepasados por auténticos dioses, cosa que en cierta forma no deja de ser cierta para nosotros, en el supuesto de que ellos sean nuestros fabricadores. Sus actuaciones fueron interpretadas naturalmente por el hombre primitivo y medieval como expresiones inequívocas de la divinidad.
Pero con el paso del tiempo, la situación ha cambiado: los que fueron dioses hasta hace poco, comienzan a esconder su careta divina para irse diluyendo en el anonimato. ¿Por qué? Porque nuestra propia evolución nos ha conducido a un punto en el que nuestros actuales conocimientos no les permiten ya ser identificados con la imagen de seres divinos. Hoy ya sabemos que lo que ellos hicieron en el pasado, lo pueden hacer otros, lo podemos en parte hacer nosotros, simples humanos. Y lo que aún no podemos hacer hoy lo podemos —extrapolando nuestros conocimientos actuales— alcanzar hipotéticamente en el futuro. Así, el contacto con ellos, en vez de darse en un contexto religioso como se dio en la antigüedad y en el medioevo, se intuye en un futuro a un nivel científico posiblemente.

No estamos solos

Semejante hipótesis debe de fundamentarse naturalmente en una premisa ineludible: que haya efectivamente vida inteligente en el Universo, más allá de los límites de nuestro planeta Tierra. Y que estos supuestos seres inteligentes sean capaces de llegar hasta aquí. ¿Es esto posible?
El 11 de setiembre de 1952, Marshall Chadwell, a la sazón director adjunto del Departamento de Inteligencia Científica, le escribe en comunicado interior al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA):
"El problema OVNI excede el nivel de las responsabilidades individuales del Departamento de Inteligencia Científica de la CIA, y es de tal importancia que merece la competencia y la acción del Consejo de Seguridad Nacional."
El 2 de diciembre de aquel mismo año, le vuelve a comunicar a su director que:
"Algo está ocurriendo y debe tener nuestra atención inmediata. Los avistamientos de objetos inexplicados a grandes alturas viajando a altas velocidades en las cercanías de importantes instalaciones defensivas americanas son de tal naturaleza que no pueden ser atribuibles a fenómenos naturales o a vehículos aéreos de tipo conocido."
La presencia de objetos volantes no identificados y la presencia de seres inteligentes no pertenecientes a nuestra comunidad humana terrestre, se manifiesta como una constante en el curso de nuestra evolución, desde la antigüedad hasta nuestros días. Si bien la ciencia académica se niega a aceptarla como un hecho. Argumenta para ello que el viaje interplanetario preciso para que seres de otra civilización cósmica visitaran efectivamente nuestro planeta es de todo punto imposible.
Pero tal y como afirma el premio Nobel de química Ilya Prigogine, las teorías acaban siempre por ser rebatidas: su verdad es parcial, provisional. No debemos adaptar los hechos a nuestra inteligencia, sino que debemos aspirar a elevar esta inteligencia a un grado en el que pueda entender y asimilar los hechos, aunque en estos momentos aún se le antojen absurdos. También era un absurdo para los hombres del siglo XVIII el hecho o la simple idea de que el hombre viajara algún día hasta la Luna y pegara torpes saltos sobre su superficie, y, sin embargo, ésta es una experiencia superada hoy en día y aceptada por todos: por los hechos consumados, en definitiva. A lo que debemos aspirar es a lograr comprender algún día la realidad subyacente y el sentido de los fenómenos inexplicados que se han venido produciendo a lo largo de la historia humana y que actualmente se siguen produciendo y prodigando.

Ansias de contacto

Pero así como la mayoría de la comunidad científica no contempla la posibilidad de la presencia de seres extraños en nuestro planeta, sí acepta como probable la existencia de otras civilizaciones en la inmensidad del Cosmos. Tanto, que las busca ansiosamente y elabora planes para establecer contacto con las mismas. Los intentos de búsqueda de inteligencias extraterrestres en las profundidades del Cosmos, objetivo del programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence = Búsqueda de inteligencia extraterrestre), y los intentos de comunicación con supuestas inteligencias extraterrestres en el espacio, que conforman el programa CETI (Communication with Extratrrestrial Intelligence = Comunicación con inteligencias extraterrestres) siguen un constante curso de perfeccionamiento, lo que pone de manifiesto la voluntad de ciertos sectores de la comunidad científica en entrar en contacto con otros seres inteligentes del Universo.
El programa SETI se verá notablemente incentivado a partir de 1992 —para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento oficial de América—, con una nueva inyección presupuestaria de 100 millones de dólares, aprobada en 1988. Este dinero cubrirá una etapa de diez años de búsqueda de inteligencias extraterrestres, concretada en la instalación de seis analizadores multicanal del espectro radioeléctrico, tres en Arecibo, en Puerto Rico, y otros tres volantes, que se trasladarán periódicamente del hemisferio norte al sur, en una búsqueda totalmente automatizada. Con este sistema se escudriñarán secuencialmente las 773 estrellas similares al Sol que se encuentran a una distancia inferior a los 80 años-luz, chequeando en cada una de ellas 2.000 millones de canales, mientras que por otra parte se barrerá todo el firmamento visible, en busca de alguna señal extraña que pudiera proceder de una civilización desconocida. El equipo que se empleará para ello es un analizador multicanal de espectros, el MCSA 2.0, que puede sintonizar simultáneamente hasta 10 millones de frecuencias.
En lo que al proyecto CETI respecta, cabe decir que en marzo de 1974, la Junta del Consejo Científico del Área del Problema de Radioastronomía de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética discutió y aprobó un programa de investigación del problema de la comunicación con civilizaciones extraterrestres. El programa fue elaborado por la sección de búsqueda de señales cósmicas de origen artificial del Consejo de Radioastronomía, a partir de las recomendaciones de la Conferencia Nacional Soviética sobre el Problema de la Comunicación con Civilizaciones Extraterrestres que tuvo lugar en el observatorio astrofísico de Byurakan, en Armenia, en mayo de 1964, y la conferencia soviético-norteamericana sobre CETI mantenida en el mismo Byurakan en setiembre de 1971. El programa proyectado fue expuesto previamente en la VII Conferencia Nacional Soviética sobre Radioastronomía, convocada en Gorki en 1972, para ser aprobado definitivamente por la Academia de Ciencias de la URSS en 1974.
En el texto del programa aprobado por los soviéticos destaca la afirmación de que:
"Merece particular atención la posibilidad de que sondas lanzadas por civilizaciones extraterrestres se encuentren actualmente en el Sistema Solar e incluso en órbita alrededor de la Tierra".

Nos visitan desde siempre

Pero hay otro camino para averiguar si existen y si son capaces de venir a visitarnos. Frente a la totalidad del establishment científico, que apoya la lenta y costosa búsqueda de señales de radio procedentes de seres inteligentes en el Universo, cabría proponer una solución mucho más sencilla: intentemos examinar si nuestra Tierra ha sido visitada alguna vez en el pasado, o si está siendo visitada en el presente por seres no terrestres.
No debemos perder de vista para ello que, sin necesidad de recurrir a testigos dudosos, a textos equívocos, a grabados de diversa interpretación, los textos que a lo largo de los tiempos han ido reflejando los pasos de la historia de la humanidad, están salpicados de testimonios que ilustran la presencia de objetos volantes que evolucionan de forma inteligente a baja altura, sobre la superficie terrestre.
Tampoco es preciso recurrir al cúmulo de leyendas y textos religiosos que claramente hacen referencia a seres que procedentes del cielo entran en contacto con los habitantes de la Tierra. No. Sólo hace falta releer los textos de historia. Así, Plinio habla de objetos volantes no identificados en el Libro II de su Historia Natural. Cayo Suetonio refiere que el 1 de enero del año 49 a.JC. Julio César se topó con una figura sobrehumana junto al río Rubicón. En el año 312 el pagano Constantino y todo su ejército contemplaron una cruz luminosa en el cielo. Beda, en su Historia Eclesiástica, afirma que en el año 664 se presentó sobre las cabezas de las monjas de un monasterio de Barking, junto al Támesis, una sábana volante luminosa. Mientras Carlomagno irrumpía en Italia, los sajones sitiaron Sigisburg, hasta que hicieron acto de presencia en el aire dos escudos volantes rojizos, que les hicieron huir precipitadamente y someterse luego a Carlomagno y al cristianismo. El 21 de febrero de 1345 una luz misteriosa procedente de las montañas de Montserrat en Catalunya se desplazó en el aire hasta detenerse encima de la población de Manresa, cuyos habitantes siguen celebrando desde entonces anualmente la "vinguda de la misteriosa llum".
En un texto que figura en los anales de la Inquisición, el Dr. Eugenio Torralba afirma que efectuaba viajes desplazándose por el aire guiado por una nube de fuego. Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, narra en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España que en el año 1527 los expedicionarios españoles observaron en el aire sobre sus cabezas una enorme espada larga (comparable a la cruz que vio Constantino) que no se mudaba del cielo durante más de veinte días. Mientras que el historiador catalán Geroni Pujades escribe en su Díari el día 30 de setiembre de 1604 que en la madrugada de aquel día los habitantes del obispado de Urgell asistieron a un combate aéreo a baja altura.
En la publicación "L'Année Scientifique" aparece publicada en el año 1874 la noticia del avistamiento de gran número de cuerpos negros que cruzaban la Luna. En 1885, el astrónomo José A. Bonilla publica un artículo en la revista "L'Astronomie", en el que explica que los días 12 y 13 de agosto de 1883 contempló desde el observatorio mexicano de Zacatecas, del que era director, el paso de un total de 116 objetos volantes no identificados que en oleadas sucesivas cruzaban por delante del disco solar.
Etcétera. La lista se hace interminable. La historia bien habla de estos fenómenos. Si no los omitiéramos, si explicáramos la historia en su totalidad, sin omisiones ni retoques, asimilaríamos con naturalidad que los fenómenos que evidencian la actuación de una inteligencia distinta a la nuestra, forman parte integrante y continuada de la historia de la humanidad. Sabríamos todos un poco mejor en donde nos encontramos.

Estamos programados

El premio Nobel Francis H.C. Crick, bioquímico inglés, que en 1953 descubrió la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN), adoptó a finales de 1981 una postura sorprendente: afirmó que en sus orígenes nuestra especie fue creada por una supercivilización galáctica.
"Cuando el Sistema Solar estaba empezando a configurarse" —dice— "en alguna parte de la galaxia existía una civilización que debía hallarse en el grado de progreso en que nosotros nos encontramos ahora, aproximadamente. Esos seres, bastante parecidos a nosotros, indudablemente, comenzaban a trabajar con la vida.
"Un James Watson y un Crick extraterrestres habían descubierto la estructura del ADN. Otros, explotando sus trabajos, habían empezado a crear microorganismos, del mismo modo que nosotros, hoy, 'sintetizamos' las primeras bacterias en probetas.
"Esos seres descubrieron nuestro mundo en formación. Entonces se embarcaron en una experiencia que hoy nos parece imposible, pero que, dentro de unas decenas de años, estaremos nosotros mismos en condiciones de emprender: crear la vida inteligente. No exactamente igual que el Dios de la Biblia, que bajó a la Tierra a fin de modelar un poco de barro para formar a Adán, pero casi. Ellos hicieron que, en ese barro original, se pudiera sembrar una bacteria (u otro microorganismo), programado de tal forma que, al cabo de varías decenas de miles de años, desembocara en nosotros.
"Esos seres sembraron la Tierra igual que nosotros sembraremos quizá mañana un mundo lejano, todas cuyas probabilidades de llevar a la vida a su término más elevado, la inteligencia, estarán determinadas de antemano por nosotros."
En su libro Lífe itself (La vida misma) Francis H.C. Crick expone todos los argumentos de su tesis.

¿Un simple experimento?

Pero también podríamos ser un simple experimento. Imaginemos que una supercivilización que todavía existe en algún punto de la galaxia, o incluso fuera de ella, decidiera, por ejemplo, hace algunos millones de años, crearnos a plazo. Para ella, el tiempo no cuenta. Cuando criamos un ganado que vive sólo unos cuantos años, o simples bacterias en un tubo de ensayo, ¿pensamos ni por un momento que, para esos microorganismos, nosotros somos prácticamente inmortales?
Crick confiesa que esta última idea es de los soviéticos. En efecto, la tesis de una siembra de la Tierra desde una galaxia cobró forma en el Congreso Internacional de Byurakan, en 1971. Especialistas como Vsevolod Troitsky, de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, emitieron allí la teoría de que la Tierra podría ser un campo de experimentación para seres superiores, con los cuales no hay ni que pensar en ponerse en contacto, porque van muy por delante de nosotros.

Entonces, ¡son como dioses!
Vida por doquier

Casi simultáneamente con la publicación de la obra de Crick, el profesor de matemáticas aplicadas y astronomía en el University College de Cardiff, en el País de Gales, y director del Instituto de Estudios Fundamentales de Sri Lanka, Nalin Chandra Wickramasinghe, publicó sendos libros escritos en colaboración con el astrónomo Sir Fred Hoyle, y titulados Space TraveIlers: the Bringers of Life (Viajeros del espacio: los que trajeron la vida) y Evolution from Space (La evolución desde el espacio), respectivamente.
De la lectura de ambos libros, así como de las manifestaciones de otros científicos que investigan la existencia de formas de vida en el Universo, se deduce claramente —no sólo como reflexión filosófica o lógica, sino decididamente como resultado de comprobaciones puntuales— que la vida no es una prerrogativa del planeta Tierra que habitamos, sino que sus bases se hallan repartidas por doquier en la vasta inmensidad del Universo.
De forma que la afirmación del premio Nobel Francis H.C. Crick, descubridor como dije de la estructura del ADN, en el sentido de que una supercivilización galáctica nos creó en un pasado remoto, no carece de base lógica. Nuestra creación fue, en su opinión —recuerdo—, una fabricación programada.

El muñeco humano

Exactamente de esta fabricación programada a la que aluden algunos científicos de avance, nos hablan también las tradiciones más antiguas del planeta, que quedan perfectamente reflejadas en el legado sagrado de los indios quichés, de la gran familia maya. Cuando el planeta Tierra aún no se había solidificado, y antes de poblarlo por tanto el ser humano, ya estaban ahí los constructores, los fabricadores, los poderosos del cielo. Con esta afirmación, el Popol-Vuh, el libro del Consejo de los quichés, está en línea con las afirmaciones de Francis H.C. Crick:
"Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, la luz esparcida."
Así reza el Popol-Vuh, que además nos cuenta cómo los Dominadores construyeron al ser humano, al hombre, para que éste les adorara y les invocara, ya que sin este detalle de vanidad su creación, su fabricación, no resultaba completa y, más aún, carecía de sentido. Esta necesaria adoración se repite en las tradiciones religiosas más antiguas de numerosas comunidades humanas. ¿Cabe pensar acaso que la energía que emitimos durante semejantes actos de adoración sirve de nutrición a quienes presumiblemente nos diseñaron? "Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre formado, como nuestro sostén, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador", afirma el Popol-Vuh. Narra este mismo 'libro del Consejo' que el primer muñeco formado con tal finalidad no hablaba, por lo cual no los invocaba, motivo por el que fue destruido: "No tenían ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del Cielo; por eso decayeron. Solamente un ensayo, solamente una tentativa de Humanidad."
La imperfección de este primer intento de biorrobot provocó su destrucción por medio del agua, del diluvio: "Entonces fue hinchada la inundación por los Espíritus del Cielo, una gran inundación fue hecha, llegó por encima de las cabezas de aquellos maniquíes."

Con la mente frenada

Al segundo intento, les salió un hombre tan inteligente y de tan perfecta comprensión, que temieron que supiera y viera demasiado, lo que no les convenía a Los de la Construcción, a los Poderosos del Cielo:
"'No está bien lo que dicen nuestros construidos, nuestros formados. Lo conocen todo, lo grande, lo pequeño, dijeron. Por lo tanto., celebraron consejo. '¿Cómo obraremos ahora para con ellos? ¡Que sus miradas no lleguen sino a poca distancia! ¡Que no vean más que un poco la faz de la Tierra! ¡No está bien lo que dicen! ¿No se llaman solamente Construidos, Formados? Serán como dioses, sino engendran, si no se propagan, cuando se haga la germinación, cuando exista el alba; solos, no se multiplican. Que eso sea. Solamente deshagamos un poco lo que quisimos que fuesen; no está bien lo que decimos. ¿Se igualarían a aquellos que los han hecho, a aquellos cuya ciencia se extiende a lo lejos, a aquellos que todo lo ven?', fue dicho por los Espíritus del Cielo, Dominadores, Poderosos del Cielo. Así hablaron cuando rehicieron al ser de su construcción, de su formación. Entonces fueron petrificados los ojos por los Espíritus del Cielo, lo que los veló como el aliento sobre la faz de un espejo; los ojos se turbaron; no vieron más que lo próximo, esto sólo fue claro. Así fue perdida la Sabiduría y toda la Ciencia de los cuatro hombres, su principio, su comienzo. Así primeramente fueron construidos, fueron formados, nuestros abuelos, nuestros padres."
De esta forma, para evitar que supiera y que viera demasiado, se corrigió a este segundo prototipo de hombre, para conformar definitivamente a la raza humana actual, previo ajuste de clavijas y recorte de su capacidad de comprensión. Así, no se nos concedió más que una mínima parte del saber. ¿No nos están confirmando las más avanzadas investigaciones de las potencialidades de nuestra mente que solamente estamos usando aproximadamente un 10 % del total de nuestras posibilidades? O sea, solamente una mínima parte del saber que nos corresponde de acuerdo con nuestro plan de fabricación original.
Sorprendentemente, exactamente lo mismo le confirma Gabriel al contactado Mahoma, amén de darle un símil minúsculo que acaso pueda hacer alusión al microorganismo que menciona Francis H.C. Crick, al hacer referencia al origen del ser humano: "¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía."
Pero, aparte de enseñarnos lo que no sabíamos, el Dadivoso también recalca en el mismo Corán algo bastante más grave y que enlaza con el Popol-Vuh mesoamericano: "No se os ha concedido más que una mínima parte del saber."

La máquina humana

De acuerdo con todo lo expuesto, puede concluirse —al menos como hipótesis— que una supercivilización cósmica recurrió a la ingeniería genética para dar origen al ser humano: a nosotros. Pero, ¿es posible concebir el organismo humano —aquí no entraremos en la discusión de la parte espiritual, anímica o energética de nuestras personalidades, que ocupa este organismo durante el lapso de tiempo de cada una de nuestras vidas individualizadas— como una fabricación, entendiendo esta fabricación en el sentido más amplio de la palabra, y no como una auténtica 'creación', sino como manipulación de los elementos disponibles?
Si echamos una vez más una ojeada a la ciencia de avance, veremos que efectivamente, es posible. Solamente hay que tener presentes los progresos que se están realizando en los campos por ejemplo de la biónica —pronto no habrá prácticamente ningún órgano o parte del cuerpo humano que no pueda reemplazarse por un sofisticado dispositivo de recambio (actualmente se producen en Utah, en los Estados Unidos, más de dos millones de unidades de más de mil recambios para el cuerpo del ser humano)— y de los biochips, que permiten construir ordenadores con la misma materia de la que está hecho el cerebro humano.
No debe perderse de vista que nuestro cerebro es una compleja computadora biológica que recibe informaciones a través de los órganos sensoriales de nuestro cuerpo físico, como también los recibe por vía paranormal, sin intervención de estos órganos sensoriales. A base de estas informaciones recibidas y debidamente codificadas, el cerebro elabora planes de actuación y envía las órdenes de reacción precisas para cada situación a los respectivos 'departamentos' de nuestro cuerpo. Nuestro cerebro es, así, la computadora que actúa a modo de centro de control de nuestro cuerpo. Y éste se atiene a unas leyes y normas constantes en cuanto a composición, estructuración, reacciones, posibilidades de acción y vulnerabilidad.

Manipulaciones genéticas

No es por otra parte ningún secreto el hecho de que —sirviéndose de los ácidos nucleicos y de su función como portadores de información— los genetistas están desde hace años investigando la forma de manipular las cadenas de ADN con el objeto de influir en los caracteres hereditarios y así moldear a los seres vivos a su voluntad. Todo ello —que no es posible detallar en este breve espacio, pero que sí lo hago en mi libro El muñeco humano (Ediciones Kaydeda, Madrid)— conduce indefectiblemente a que en un futuro más o menos lejano se pueda diseñar y fabricar un ordenador capaz de copiarse, de reproducirse a sí mismo a su imagen y semejanza. Puesto que no hará otra cosa que atenerse a la constante vital basada en la doble espiral del ADN.
Las posibilidades que se abren en el campo de la biónica y del ordenador biológico, nos llevan a la ineludible reflexión de que, si todo esto lo estamos intuyendo y ensayando nosotros ahora, y lo llevaremos a la práctica en un futuro más o menos lejano, pero no inexistente, es fácil suponer que una civilización cósmica muchísimo más desarrollada tecnológicamente que nosotros, haya logrado en el pasado el modelo más avanzado: el biorobot superautomático e independizado, construido o criado a imagen y semejanza de los propios fabricadores. Este modelo somos nosotros mismos. Las afirmaciones de Francis H.C. Crick y el conocimiento del Popol-Vuh, o sea la ciencia de avance y las más antiguas tradiciones del planeta estarían así en lo cierto: alguien programó nuestra fabricación en algún lejano momento del pasado.
Lo más grave de esta situación es que este alguien, precisamente por ser nuestro fabricador, puede seguirnos controlando a voluntad. A la suya, que no es necesariamente la nuestra.

EL AUTOR, fallecido en 1994, fue periodista y escritor; director y editor de la prestigiosa revista Mundo Desconocido y coordinador internacional de la revista Más Allá de la Ciencia. Publicó gran número de artículos y 13 libros, entre ellos ¿Sacerdotes o cosmonautas? y Las nubes del engaño.  

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