Sunday, March 15, 2015

¿Es el Mal de Alzheimer una enfermedad autoinmune?

Ciertas actividades intelectuales, tales como el jugar ajedrez, así como las interacciones sociales regulares, han sido asociadas en estudios epidemiológicos con un reducido riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, no se ha encontrado aún una relación causal.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, es incurable y terminal, y aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad
 
El sistema inmunitario es una parte vital de nuestras defensas contra los patógenos, pero también puede atacar a componentes legítimos y beneficiosos del propio cuerpo, dando como resultado una enfermedad autoinmune.

Lo descubierto en una nueva investigación sugiere que hay un importante componente autoinmune en la patología de la enfermedad de Alzheimer.

En los experimentos realizados con ratones por el equipo del Dr. Erhard Bieberich, neurocientífico de la GRU (Georgia Regents University), en Augusta, Estados Unidos, se han obtenido evidencias de un incremento, que depende de la edad, en los anticuerpos contra la ceramida, lo que sugiere una implicación de la autoinmunidad contra esta en la patología de la enfermedad de Alzheimer. La ceramida, de la que hay varios tipos, es un lípido muy común en el cuerpo humano y desempeña diversas funciones útiles.

Otro caso de enfermedad de la que ahora se ha corroborado que cuenta con un componente autoinmune es el de la narcolepsia, un trastorno caracterizado por períodos incontrolables de sueño profundo y otros trastornos del sueño, que se estima afecta a unos tres millones de personas en el mundo. En un estudio reciente, realizado por el equipo de Yehuda Shoenfeld, de la Universidad de Tel Aviv en Israel, y María-Teresa Arango, de Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia, se ha descubierto que un proceso autoinmune ejerce un papel importante en la activación de ese trastorno neurológico. Las causas de la narcolepsia nunca no han estado muy claras, pero ahora podrían comenzar a estarlo. El proceso autoinmune examinado en este estudio es aparentemente el que provoca una pérdida específica de neuronas que contienen el neuropéptido orexina (también conocido como hipocretina). La orexina es un compuesto químico que nos ayuda a mantenernos despiertos, eleva tanto el estado de ánimo como el nivel de alerta, y contribuye a regular correctamente el ciclo de vigilia y sueño.

Wednesday, March 11, 2015


Estos artículos aparecieron en los medios de comunicación de España. Si esto es parecido a lo que ocurre en un país latinoamericano, es pura y simple coincidencia.....

EL PARAÍSO DE LOS MEDIOCRES: ¿ESTAMOS GOBERNADOS POR LOS PEORES?


EL PARAÍSO DE LOS MEDIOCRES



http://radiotierraviva.blogspot.com/2014/03/el-paraiso-de-los-mediocres-estamos.html

El triunfo de los mediocres

Por David Jiménez

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el... estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.




Sucede en todos los países del mundo...........

Desde hace siglos, quizás desde siempre.
Se trata de un mal que se ha extendido como una infección y que aqueja a todas las sociedades: el mundo está gobernado por los "peores".
Las personas con menos escrúpulos y menor empatía hacia los demás acostumbran a alzarse con los puestos de poder.
No se trata de una oscura conspiración: sigue las mecánicas lógicas de funcionamiento del propio Sistema, basado en la más desenfrenada competitividad y en el darwinismo social.

Solo los que compiten mejor, es decir, los que albergan menos barreras morales y emocionales a la hora de actuar en su propio beneficio alcanzan los puestos dirigentes.
Es algo que sucede constante e invariablemente en las grandes estructuras jerarquizadas, como por ejemplo las corporaciones transnacionales y sobretodo, en los partidos políticos, máximo exponente de estas mecánicas de ascenso social.
Es así, no seamos ingenuos: el mayor capital de un político no radica en su capacidad de gestión ni en la pureza de su ideología, sino en su habilidad a la hora de conspirar, crear alianzas, corromper y llegado el caso, traicionar a quien sea necesario con el fin de alcanzar el poder.

Éste es el lado oscuro del talento político.
Pero evidentemente, estas habilidades "oscuras", deben venir acompañadas de un alto nivel de formación, don de gentes, carisma, capacidad oratoria e interpretativa y un perfecto dominio de la escena mediática, competencias todas ellas indispensables a la hora de embaucar a las masas y a la hora de dignificar la imagen del partido político al que representan y a los votantes que depositan su confianza sobre ellos.
Estas son las habilidades que representan el lado brillante del talento político.
Así pues y resumiendo, un político actual debe estar dotado de ambos tipos de talento si quiere convertirse en un gran líder.

Así sucede en casi todos los países del mundo.
Excepto en un pequeño rincón, un territorio mágico de cuento y ensueño, una tierra legendaria en la cual solo hace falta el talento oscuro a la hora de gobernar.

Y no solo eso, en este lugar "maravilloso", con sus propias reglas de funcionamiento, el mediocre, el estulto, el ridículo y el incapacitado parte con ventaja en su carrera hacia el poder.
A estas alturas ya lo habréis adivinado: ese lugar se llama ESPAÑA.
Solo hace falta mirar a sus gobernantes a lo largo de los últimos 100 años.
Es difícil encontrar una colección de personajes más mediocres e incapacitados que los que han gobernado nuestro país en los últimos decenios.
Líderes sin carisma, sin estudios de nivel, ni talentos destacables; incapaces de...
hablar otro idioma que no sea el castellano sin correr el riesgo de caer en el más lamentable de los ridículos; politicuchos del tres al cuarto con una oratoria vulgar y que apenas dominan los rudimentos más básicos del que debería ser su oficio; personajillos lamentables que no saben ser ni estar y que no merecen ni la más breve reseña en los libros de historia.


En cualquier otro país la suya seria una existencia anodina y gris, imperceptible para el devenir del país, engullidos por la marea humana y disuelta su nula personalidad en el ácido de las masas.
Pero sin embargo, en España, llegan a presidentes del gobierno.
Y algunos de ellos, incluso después de haber mostrado innegables síntomas de enfermedad mental, llegan a ser reelegidos.
Y no es algo que se circunscriba a las últimas décadas.

Ahí está el indignante ejemplo del dictador Francisco Franco que llegó a gobernar durante 40 años.
Es difícil hallar a un sujeto más incapacitado en todos los aspectos de la vida de un hombre, a un personaje más ridículo y deforme: con su voz aflautada, sus poses amaneradas, su nula marcialidad y su supina ignorancia, llevada al extremo.
Compararlo con otros líderes contemporáneos a él resulta incluso grotesco, más allá de las ideologías políticas que éstos profesaran y de las atrocidades que cometieran: Roosevelt, Churchill, Mussolini, Stalin o Hitler, personajes todos ellos de primera línea, con auténtico magnetismo, carisma y talento, incluso para ejercer el mal absoluto.
Y este contraste entre la insultante mediocridad de los líderes españoles y el carisma y capacidad de los líderes de los demás países se repite incesantemente, una y otra vez, sin apenas excepciones significativas.
Ahí tenemos el ejemplo vivo del actual presidente español, un hombrecillo acomplejado, estólido y sin personalidad que se oculta tras pantallas de plasma, con el fin de no evidenciar su incapacidad intelectual ante la posible pregunta incómoda de un periodista.

Y en contraste con él, François Hollande, el Presidente de la República Francesa, quizás el líder francés menos carismático y capacitado de las últimas décadas y que sin embargo afronta las más largas e incómodas ruedas de prensa, en vivo y en directo, demostrando con ello el dominio de las nociones más básicas de su oficio como político.
¿Qué sucede pues en España?
¿Qué extraños mecanismos llevan al poder a los mediocres y a los necios?
¿Es algo casual, se trata de una gran conspiración o es el reflejo de la degeneración psicológica de toda una sociedad?
No hace falta ser demasiado observador para ver que se trata de la tercera opción.

La recompensa del mediocre

Por alguna razón, digna de un análisis profundo, la sociedad española tiende, por naturaleza, a premiar al bruto, al cretino, al zafio y ante todo, al que hace bandera y exhibición de la más absoluta ignorancia.
Debe ser la única sociedad del mundo occidental que recompensa y celebra la estulticia ajena y la eleva a la categoría de virtud o gracia nacional.
Las televisiones están repletas de lamentables ejemplos de ello: es difícil encontrar en otro país tal cantidad de "frikis", majaderos, sinvergüenzas, timadores de baja estofa y botarates ganándose generosamente la vida gracias a su deformidad psicológica.

Pero esta celebración de la ignorancia y la incapacidad no se circunscribe a los "frikis" televisivos.
Las constantes e innumerables muestras de incompetencia de dirigentes y mandatarios, lejos de provocar oleadas de indignación que deriven en ceses de sus cargos, acaban convirtiéndose en motivo para el chascarrillo y la bromita fácil.
Entra aquí en funcionamiento el subterfugio del "sentido del humor español", como excusa perfecta para justificar la inacción.
Toda indignación deriva así en risitas bajo el ostentoso lema de que "sabemos reírnos de nosotros mismos", hasta el punto de convertir la lógica rabia inicial hacia el estafador en un entrañable sentimiento de proximidad y comprensión hacia él.
Es decir, a base de humor y chistes, en España se acaba premiando al incapacitado e incluso se hace gala de ello, como si fuera motivo de orgullo nacional.
Y llegados aquí, la pregunta que todos deberíamos hacernos es:

¿POR QUÉ EN ESPAÑA SE PREMIA LA MEDIOCRIDAD Y LA ESTUPIDEZ?

Y la respuesta no puede ser más desalentadora: se debe a que gran cantidad de españoles padecen un grave problema de indignidad personal, cuyas raíces son culturales.

Nos explicamos.
La identidad de cualquier persona se conforma en base a una serie de factores tanto personales como externos.
Los personales, proceden de las propias características innatas y de las vivencias interiores de cada uno.
Los externos proceden de nuestro entorno familiar, social y cultural.
Podríamos decir que, a grandes rasgos, todos tenemos una parte de nuestra personalidad propia e individual y otra parte procedente del influjo cultural y étnico en el que hemos crecido.
Esto es lo que, por ejemplo, "diferencia a un Alemán de un Español" y da pie a todo tipo de tópicos identitarios, que a pesar de ser tremendamente inexactos e injustos en la mayoría de los casos, innegablemente reflejan ciertas tendencias que acaban moldeando la conducta de los individuos de cada lugar.
Es lo que podríamos calificar como nuestro "ADN cultural".
Y por lo visto, el "ADN cultural" español lleva incorporada la promoción de la indignidad personal y el envilecimiento voluntario.
Dicho en otras palabras, el español tiende a rebajarse como individuo, hasta tener una visión deformada de sí mismo y de los demás.

Una cuestión de esfuerzo

Sean cuales sean las raíces culturales concretas del problema y sus orígenes, la gran diferencia entre vivir teniendo dignidad y vivir sin tenerla, radica en el esfuerzo que el individuo debe dedicar a su propia construcción personal.
Tener dignidad y decencia implica una lucha vital constante, pues el individuo digno debe esforzarse para estar a la altura de la visión que tiene de sí mismo y eso significa no dejarse pisotear por nada ni por nadie y defender sus derechos individuales contra viento y marea, cada segundo de su existencia y hasta el fin de sus días.
La dignidad y la decencia son contratos que uno hace consigo mismo con el fin de elevarse como ser humano y exigen las más altas cotas de auto exigencia y responsabilidad ante el juez más implacable de todos: la propia conciencia.
Por esta razón, y aunque parezca increíble, no tener dignidad personal resulta mucho más cómodo y confortable a la hora de vivir, pues aceptar la propia bajeza como algo natural, inherente e inevitable, implica no tener que esforzarse en absoluto ante uno mismo.
Éste es el resorte clave sobre el que se asienta todo este perverso mecanismo mental, que por razones culturales, infecta la mente de demasiados españoles.

Consecuencias a escala social

Evidentemente, cuando alguien cae en estas mecánicas de funcionamiento a escala psicológica profunda, lo último que quiere ver ante sí es a alguien con dignidad, luchando por mantenerla en alto, pues pone de relieve su propia vileza.
Así es como, gran cantidad de españoles, aquejados como están por este mal, tienden a celebrar la vulgaridad, la zafiedad y la idiotez de los más variopintos personajes, pues en el fondo se identifican con ellos, y al premiarlos por sus actitudes, de alguna manera recompensan con ello su propia bajeza y alivian así el resquemor que les produce su propia indignidad.
Y así, siguiendo estas dinámicas de identificación y reflejo en el indecente, en el obtuso, en el ignorante y en el que no se autoexige, en España acaban alcanzando el poder los personajes mas mediocres y torpes, rebajando con ello la dignidad del propio país como tal y reforzando y retroalimentando el propio envilecimiento voluntario de sus habitantes.
Se trata pues, de un mecanismo psicológico de raíz cultural, instalado en la mente de muchos ciudadanos españoles que, en base a lógicas bien simples, consigue deformar la conducta de toda una sociedad.

Así nace el deporte nacional

Pero aquí no terminan los desgraciados efectos que provoca esta terrible tara cultural.
Las consecuencias son aún mucho peores.
Pues no solo se premia la estupidez y la exhibición impúdica de la ignorancia.
Lo peor es que se genera una tendencia que castiga al digno, al decente, al capacitado, al inteligente y al talentoso.
Y lo hace a través del llamado "deporte nacional español": la envidia.
Pero no se trata de la envidia relacionada con las posesiones materiales o físicas de las demás personas, sino de la auténtica envidia, la envidia profunda, la que tiene que ver con la esencia humana de los demás.
No es la envidia a "lo que tienen" los otros, sino a "lo que son".
Y este tipo de envidia profunda, tan honda que es casi a "nivel espiritual", solo puede nacer de alguien con un ínfimo nivel de dignidad personal y conciencia de sí mismo, tan incapaz de aceptar sus propios defectos, que intenta eliminar las virtudes de las personas que ponen de relieve su propia bajeza.
Y la sociedad española está especialmente aquejada por este mal.

La adoración al déspota

Pero se produce aún un efecto colateral adicional, que solo sirve para empeorar aún más las mecánicas sociales del país.
Y es que en su afán por mantenerse vivo, el sentimiento de indignidad eleva a los altares al orgulloso y al prepotente, es decir, al que aquejado por el mismo mal de la indignidad personal, necesita humillar a los demás con el fin de elevarse a sí mismo.

La sociedad española tiende por naturaleza a respetar y admirar este tipo de actitudes.
Ahí tenemos varios ejemplos mediáticos, aunque anecdóticos: los Mourinhos, los Ristos Mejides o los Chicotes, todos ellos con una característica en común: la más descarnada falta de respeto, que la masa indigna califica hipócritamente como "sinceridad sin tapujos"
.....alcanzado tales niveles de popularidad mediática estos personajillos si trataran con consideración y cortesía a las demás personas?

Seguro que no.

El desprecio y el desdén que exhiben son la garantía de su éxito, pues sus invectivas hacia los demás son el reflejo del castigo y el desprecio que los propios indignos anhelan recibir en sí mismos.
Es un puro acto de sadomasoquismo y rendición servil a la autoridad despótica, al "líder fuerte que castiga".

La base de todo fascismo.
Tras ello se oculta, de nuevo, ese mecanismo necesario de retroalimentación, propio del sentimiento de indignidad: nada mejor para rebajarse a uno mismo que ser menospreciado y vilipendiado sin piedad por alguien tan indecente que necesite hacerlo con el objetivo de sentirse superior y ocultar su propia vileza.

El indigno, así, se ve reflejado e identificado no solo con la víctima del menosprecio, sino con el ejecutor del abuso.
Una doble forma de reforzar el mecanismo psicológico.
La verdad es que duele aceptarlo.
Pero estas dinámicas profundas a escala psicológica son las que hacen de España el país que es en la actualidad y no el que podría haber sido.
Las pruebas están ahí y así lo estamos pagando todos.
Muchos autodenominados "patriotas" se llenan la boca de Españas, constituciones, himnos, toritos, banderitas, coronas y otras payasadas de tienda de souvenirs.
Quizás el primer paso que debería dar un "patriota" de verdad es recuperar su dignidad personal como individuo, no a través de la pose orgullosa, rancia y cerril tan propia de éstas tierras, sino recuperando la conciencia de lo que uno mismo es en esencia, como persona.
¿Qué "patria" surgiría en una sociedad formada por individuos así?
Seguro que no sería una gobernada por mediocres.