Tuesday, September 22, 2015




El alzhéimer no puede con la música
El área cerebral que aloja los recuerdos musicales se ve menos dañada por la enfermedad.
FUENTE | El País Digital
26/06/2015

Sin saber muy bien por qué, la música es una de las pocas armas que tienen los terapeutas para hacer frente al avance del alzhéimer. A pesar de la devastación que provoca esta enfermedad en el cerebro y, en particular, en la memoria, una gran parte de los enfermos conserva sus recuerdos musicales aún en las fases más tardías. Ahora, un estudio señala las posibles causas de este fenómeno: la música la guardamos en áreas cerebrales diferentes de las del resto de los recuerdos.

El lóbulo temporal, la parte del cerebro que va desde la sien hasta la zona posterior del oído es, entre otras cosas, la discoteca de los humanos. Ahí se gestiona nuestra memoria auditiva, canciones incluidas. Estudios con lesionados cerebrales apoyan la idea de que guardamos la música en una red centrada en esa zona. Sin embargo, el lóbulo temporal también es el que sufre antes los estragos del alzhéimer. ¿Cómo se explica entonces que muchos enfermos no sepan ni su nombre ni cómo volver a casa pero reconozcan aquella canción que les emocionó décadas atrás? ¿Cómo algunos pacientes son incapaces de articular palabra y, sin embargo, llegan a tararear temas que triunfaron cuando ellos todavía podían recordar?

Para intentar responder a esas preguntas, investigadores de varios países europeos liderados por neurocientíficos del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana de Leipzig (Alemania) realizaron un doble experimento. Por un lado, buscaron qué zonas del cerebro se activan cuando oímos canciones. Por el otro, una vez localizadas, analizaron si, en los enfermos de alzhéimer, estas áreas cerebrales presentan algún signo de atrofia o, por el contrario, resisten mejor a la enfermedad.

Para localizar dónde guarda el cerebro la música, los investigadores hicieron escuchar a una treintena de individuos sanos 40 tripletas de canciones. Cada trío estaba formado por un tema muy conocido entresacado de las listas de éxitos desde 1977, nanas y música tradicional alemana. Las otras dos canciones eran, por estilo, tono, ritmo o estado de ánimo, similares a la primera, pero las seleccionaron de entre los fracasos musicales, que no fueran conocidas.

Tal como explican en la revista Brain, el diseño del experimento se basaba en la hipótesis de que la experiencia de oír música es, para el cerebro, diferente de la de recordarla y en ambos procesos intervienen redes cerebrales diferentes. Durante las sesiones, la actividad cerebral de los voluntarios fue registrada mediante la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI). Comprobaron que la música se aloja en zonas del cerebro diferentes de las áreas donde se guardan los otros recuerdos.

"Al menos, los aspectos cruciales de la memoria musical son procesados en áreas cerebrales que no son las que habitualmente se asocian con la memoria episódica, la semántica o la autobiográfica", dice el neurocientífico del Max Planck y coautor del estudio, Jörn-Henrik Jacobsen. "Pero hay que ser muy cauteloso cuando afirmamos algo tan absoluto como esto", añade prudente. En concreto, las zonas que mostraron mayor activación al rememorar las canciones fueron el giro cingulado anterior, situado en la zona media del cerebro, y el área motora presuplementaria, ubicada en el lóbulo frontal.

Parte de esa prudencia puede proceder de la metodología que han seguido para realizar la segunda parte de la investigación. Lo ideal habría sido poder estudiar la ubicación de los recuerdos musicales directamente en los enfermos de alzhéimer y no en la población sana. Pero, como señala Jacobsen, no es sencillo conseguir que un número significativo de pacientes participe en un trabajo como este. Además, está el problema de que muchos de los afectados podrían recordar la canción pero no verbalizar ese recuerdo. Por eso, realizaron un segundo experimento para ver si las zonas donde se guarda la música se ven igual o menos afectadas por la enfermedad del olvido.

Para eso, estudiaron a 20 pacientes con alzhéimer y compararon sus resultados con otra treintena de individuos sanos, ambos grupos con una media de edad de 68 años. Querían ver en qué estado se encontraban las áreas musicales frente al resto del cerebro. En el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad se usan principalmente tres biomarcadores: El grado de deposición del péptido β-amiloide, una molécula que tiende a acumularse formando placas en las fases iniciales de la enfermedad. Otra pista es la alteración del metabolismo de la glucosa en el cerebro. Y, por último, atrofia cortical, un proceso natural a medida que se envejece pero que en el alzhéimer es más acusado.

Las mediciones mostraron que los niveles de deposición de beta-amiloide no presentaban grandes diferencias. Pero, en las áreas musicales de los enfermos, el metabolismo de la glucosa entraba en los niveles normales y la atrofia cortical era hasta 50 veces menor que en otras zonas del cerebro. Para Jacobsen, "que muestren un menor hipometabolismo y atrofia cortical en comparación con las otras zonas cerebrales significa que no se ven tan afectadas en el curso de la enfermedad". Y añade: "Pero esto solo puede ser observado, creo que nadie puede explicar por qué eso es así. Sin embargo, el giro cingulado anterior muestra una conectividad aumentada en los enfermos de alzhéimer, lo que podría significar incluso que funciona como una región que compensa la pérdida de funcionalidad de las otras". "Los recuerdos que más perduran son los que están ligados a una vivencia emocional intensa y justo la música con lo que está más ligado es con las emociones y la emoción es una puerta al recuerdo", dice la musicoterapeuta de la Fundación Alzheimer España, Fátima Pérez-Robledo. Los resultados del estudio vienen a confirmar "que muchos de los enfermos igual no recuerdan el nombre de un familiar pero sí la letra de una canción", asegura.

En su trabajo diario, Pérez-Robledo tiene que hacer muchas veces de pinchadiscos. Si el enfermo está en una fase inicial, él mismo sugiere los temas que le marcaron. "Rebuscamos en su historia musical, las canciones de su niñez, de su adolescencia, para evocar recuerdos. La escuchan, la bailan o la cantan", explica la terapeuta. Cuando el paciente ya no puede decir qué música amaba, prueban con las canciones que más se oían cuando era pequeño o, como en muchos casos, es la pareja la que elige aquella canción que sonaba cuando se conocieron.

Autor:   Miguel Ángel Criado



Demuestran por vez primera que una proteína del alzhéimer se transmite entre humanos

Hace apenas una década la idea de que la enfermedad de Alzheimer podría ser transmisible entre las personas parecía impensable. Pero los científicos han demostrado en estos últimos años que se pueden transmitir los síntomas de la enfermedad entre los animales y ahora, la revista Nature publica nuevos resultados que implican la primera evidencia de transmisión de la proteína beta amiloide entre humanos.
10/09/2015

Los datos son fruto del análisis de las autopsias de los cerebros de ocho personas que habían fallecido a causa de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), un tipo de ECJ que se adquiere por procedimientos médicos o quirúrgicos. En este caso, explica a ABC Alberto Rábano, del Banco de Tejidos de la Fundación CIEN y del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía, las personas habían recibido tratamiento con hormonas de crecimiento humano (hGH) contaminadas extraídas a partir de las glándulas pituitarias de cadáveres humanos. Los investigadores del University College de Londres (Reino Unido) comprobaron que 6 de los 8 cerebros analizados, además de los daños causados por la ECJ, albergaban la característica proteína beta amiloide que se asocia con la enfermedad de Alzheimer y la angiopatía amiloide cerebral.

¿Significa esto que la enfermedad de Alzheimer es contagiosa? Para el neurocientífico molecular John Hardy, autor del trabajo, "es la primera evidencia de transmisión de esta enfermedad en el mundo real", una información "potencialmente preocupante" porque si se confirman los resultados es posible que miles de personas tratadas con estos extractos de hGH podrían estar en riesgo de desarrollar alzhéimer. Pero Rábano matiza: "si bien es cierto que se trata de una primera evidencia, no se habla de alzhéimer. De hecho, no hay presencia de la otra proteína implicada en el alzhéimer: la proteína tau". Por eso, este experto señala que no se está hablando del contagio de la enfermedad de alzhéimer, sino de la "primera evidencia clínica de que la proteína beta amiloide se transmite de persona a persona en determinadas condiciones". Lo mismo afirma Dame Sally Davies, del Departamento de Salud de Reino Unido: "no hay evidencia de que el alzhéimer pueda ser transmitido a los seres humanos, ni tampoco de que pueda ser contagiado a través de cualquier otro procedimiento médico".

Aunque no hay ninguna evidencia que sugiera que el alzhéimer pueda ser transmitido a través del contacto con los pacientes, algunos científicos muestran su preocupación ante la posibilidad de que estos los hallazgos pueden tener implicaciones más amplias: es decir, que el alzhéimer o el párkinson pueda transmitirse por el uso de instrumentos quirúrgicos contaminados. En este sentido, Rábano comenta desde hace tiempo se emplean las medidas adecuadas para la esterilización del instrumental, especialmente para los priones, más difíciles de desactivar que las bacterias y los virus.

HORMONA DE CRECIMIENTO

La transmisión humana de la enfermedad priónica se ha documentado en ocasiones y se produce como resultado de diversos procedimientos médicos. La enfermedad puede incubarse durante casi cinco décadas. Una de las vías de transmisión fue el uso de extractos de hGH extraídas de las glándulas pituitarias de cadáveres humanos en 1.848 personas de baja estatura. Los tratamientos en Reino Unido se iniciaron en 1958 y cesaron en 1985 tras los primeros informes de ECJ entre los receptores. En el año 2000, 38 pacientes habían desarrollado ECJ iatrogénica y en 2012 ya había 450 casos de ECJ identificados en todo el mundo después de haber recibido este tratamiento con HGH, y en menor medida, a causa de otros procedimientos médicos, incluyendo trasplante y neurocirugía.

Los autores del estudio señalan que además de que la angiopatía amiloide cerebral es poco frecuente a esta edades (36 a 51 años), ninguno de los pacientes tenía mutaciones asociadas con la aparición temprana de la enfermedad de Alzheimer. "Tampoco había signos de la patología de la proteína tau característica del alzhéimer, pero creemos que la enfermedad se habría desarrollado si los pacientes hubieran vivido más tiempo", explican en el trabajo. No obstante, apunta Rábano por su parte, estamos hablando de una "hipótesis no demostrada: los pacientes solo tenían la presencia de la proteína". Los investigadores examinaron además una cohorte de 116 pacientes con otras enfermedades priónicas y no encontraron pruebas de la angiopatía amiloide cerebral en pacientes con edades similares o diez años mayores tratados o no con hGH.

Otra de las conclusiones del estudio es que los individuos sanos expuestos a hGH de cadáver podrían tener riesgo de alzhéimer, además de ECJ, a medida que envejecen. Y aunque los investigadores reconocen que se necesita más investigación para entender mejor los mecanismos involucrados, parece probable que, de la misma forma que ocurre con los priones, las glándulas pituitarias utilizadas para hacer la hGH contuvieran semillas de beta amiloide que causaron la angiopatía amiloide cerebral observada. Los investigadores consideran que sus resultados deben impulsar la investigación para determinar si otras rutas conocidas de la transmisión de priones, como el uso de instrumentos quirúrgicos, podrían ser relevantes en la transmisión del alzhéimer, la angiopatía amiloide cerebral y otras enfermedades neurodegenerativas.

Pero como apunta Mathias Jucker, de la Universidad de Tübingen (Alemania) y autor de un artículo en News & Views, a pesar de que los autores de este estudio presentan el primer apoyo a la teoría de la formación de placas amiloides en los seres humanos, "no llegan a una prueba concluyente". Ello solo se obtendría, asegura Jucker, con el uso de una inyección de hGH de cadáver en animales en condiciones controladas para ver si se desarrollan los depósitos de amiloide. Pero, señala, puede que no sea fácil conseguir de los extractos originales de hGH que fueron preparados en distintos laboratorios hace años.

TRANSMISIÓN CEREBRAL

El estudio también analiza si la patología amiloide puede realmente extenderse desde el cerebro a la glándula pituitaria, situada a las afueras de la base del cerebro. Sus resultados confirman los de un estudio de 2013 ya que tras examinar las glándulas pituitarias de 49 personas que habían fallecido con placas amiloides en el cerebro vieron que siete contenían depósitos de amiloide. "Pensamos que la explicación más plausible para la aparición de la patología amiloide es que había sido transmitida por los extractos de hGH contaminados con semillas de beta amiloide y de priones de ECJ", aclara el neurólogo John Collinge, también autor del artículo. Y si esto fuera así, añade, la proteína beta amiloide sería mucho más contaminante que los priones, ya que la enfermedad de Alzheimer es una enfermedad muy común.

Con tanto en juego, los científicos se preparan para tratar de replicar los resultados de forma independiente. Algunos expertos, como Charles Duyckaerts, del Hospital Pitié-Salpêtrière de París (Francia), afirman que su grupo planea hacerlo en 20 o 30 sujetos que fallecieron de ECJ en Francia del tratamiento con hGH.

Autor:   R. Ibarra

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