Tuesday, July 05, 2016

INSOLITO.........

Los cambios de mentalidad son lentos y pasan de una generación a otra. Pero que se mantenga esta costumbre y que sea avalada por las jóvenes, es decir a lo menos insólita. El machismo es una de las taras de la humanidad y pertenece a la antigüedad. LA MUJER es un ser humano que merece respeto como cualquier persona.

Las insólitas razones con las que las adolescentes justifican que un hombre le pegue a su pareja
Margarita Rodríguez BBC Mundo
4 julio 2016

    Alrededor de 126 millones de adolescentes en todo el mundo creen que algunas veces se justifica que un hombre golpee a su pareja.
La cifra representa cerca de la mitad de las jóvenes de entre 15 y 19 años en todo el planeta y, según un reporte de Unicef, quemar la comida es una de las razones aducidas para justificar el uso de la violencia contra la propia esposa o compañera.

Otros motivos son discutir con el esposo, descuidar a los niños, negarse a tener relaciones sexuales o salir de casa sin permiso.

En un informe publicado por Unicef en 2014, la organización aclara que la estimación mundial se basó en estudios realizados en 102 países que en total suman el 59% de la población mundial de adolescentes de entre 15 y 19 años.

Aunque las actitudes varían de país en país.

"En general, estar de acuerdo con que un hombre golpee a la esposa en ciertas circunstancias va desde 80% de las jóvenes en Afganistán, Guinea, Jordania, Malí y Timor Oriental a menos de 5% en Argentina, Barbados, Bielorrusia, Bosnia y Herzegovina, Costa Rica, Georgia, Serbia y Ucrania", indica el informe titulado "Hidden in plain sight" ("Oculto a simple vista").

Y aunque un porcentaje inferior al 5% en Costa Rica y en Argentina puede ser consolador, si se compara con los porcentajes de otros países, la realidad no siempre lo es.

"Si vos le preguntas a cualquier chica, no te lo va a justificar (que un hombre golpee a su pareja). Lo que sí veo es que cuando alguna lo vive, en ese momento lo justifica porque niega la situación", dice Nayla, una joven de 20 años que vive en Buenos Aires.

"Si, por ejemplo, mi novio me pega, mi amiga no va a justificar ese acto violento. Pero si le pasa a ella, lo va a minimizar, va a decir que no es violencia, que fue solamente una vez, que fue un acto impulsivo", le indica a BBC Mundo.

"Porque te quiero te aporreo"

La opinión de Nayla la comparte una experta con varios años de experiencia en el tema de género en Argentina: Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para el estudio y la investigación de la mujer (FEIM).

"Aquí dicen: 'Porque te quiero te aporreo' (…) Si uno les pregunta fríamente, ninguna lo acepta, pero lo que uno ve en el trato de algunas chicas con sus parejas es que hay violencia", señala en conversación con BBC Mundo.

Y es que Bianco considera que en su país "la violencia de pareja está naturalizada".

Una encuesta realizada en 2013 da luces sobre esa situación. La hizo el Defensor del Pueblo en la ciudad de Córdoba, en el centro de Argentina, a jóvenes de entre 15 y 19 años.

"De acuerdo a tu percepción, en las relaciones de parejas jóvenes ¿Quiénes golpean a quién?", se les preguntó.

De un total de 593 jóvenes de ambos sexos, 51,8% manifestó que es el hombre en la pareja quien golpea, 5,2% sostuvo que es la mujer quien golpea y 32,04% respondió que los dos se golpean.

Jóvenes, 15-19 años, Argentina
¿Crees que la violencia en las relaciones de noviazgo continúa en el matrimonio?
64% - Es "muy frecuente"
24% Es "poco frecuente"
08% No sigue

Defensor del Pueblo, Córdoba, Argentina

"Ser infiel"
En el reporte "Violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe" de 2012, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) hizo un análisis comparativo de datos poblacionales de 12 países de la región y halló que miles de mujeres creen que algunas veces se justifica que un hombre le pegue a su mujer.
El informe incluye encuestas cuyos muestreos fueron diseñados para que fuesen representativos de la población femenina de cada país.

 
En varias encuestas se les preguntó a mujeres, "alguna vez casadas o unidas", si estaban de acuerdo con que pegarle a la esposa estaba justificado por las siguientes razones:

§  Descuida a los niños o la casa
§  Sale sin decirle a él
§  Se niega a tener relaciones sexuales
§  Es infiel o se sospecha que lo sea
§  Desobedece al esposo
§  Pregunta al marido si él es infiel
§  Discute o discrepa con el esposo
§  Quema la comida

Y estos fueron algunos de los resultados:

Mujeres de entre 15 y 49 años
Justificaron que un hombre le pegara a su esposa por al menos 1 razón:

38,2%  -  Ecuador, 2004
16,5%  -  Bolivia, 2008
15,6%  -  Honduras, 2005/2006
13,8%  -  Nicaragua, 2006/2007
05,3%  -  Perú, 2007/2008
04,3%  -  República Dominicana, 2007
OPS
En Bolivia y Honduras, poco más del 12% dijo que "descuidar a los niños o la casa" era una razón
En Nicaragua, 11,3% consideró que una justificación es que la esposa sea infiel o se sospeche que lo es
En Ecuador, 29,9%pensó lo mismo
En Paraguay, 2008: 22,9% de las mujeres de entre 15 y 44 años justificó que un hombre le pegara a su esposa por al menos una razón. 20,5% dijo que la infidelidad de la mujer o la sospechosa de que lo fuese es una justificación
La Contraloría de Panamá le confirmó a BBC Mundo que en ese país hay aproximadamente 55.795 mujeres de entre 15 y 49 años que cree que hay circunstancias que justifican que un hombre le pegue a su pareja.

Ese fue uno de los resultados de una encuesta publicada en noviembre de 2014, que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo de Panamá y en la que se entrevistaron a 978.862 mujeres.

"Cuando se lo busca"

La Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2010 en México da un reflejo de la situación en ese país.
"Se le preguntó a los encuestados, en qué ocasiones se justifica pegarle a una mujer: 78% dice que a la mujer no se le pega, 8% no sabe si se le tiene que pegar, 6% por infidelidad, 11% lo justifica por desobedecer al esposo o a los padres, cuando se lo busca, cuando lo provocan", explicó en 2012, Ricardo Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación en ese año.
Esto sorprende porque normalmente en encuestas de este tipo, la gente tiende a contestar con el deber ser y no necesariamente dice lo que piensa
Teresa Incháustegui, Instituto de las Mujeres, Distrito Federal en México

De acuerdo con Bucio, el segmento de la población que justificó más la violencia contra las mujeres fue el de los jóvenes de 14 a 17 años.
Teresa Incháustegui, directora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal en México, tiene una amplia trayectoria en temas relacionados con la equidad de género y el feminicidio en su país.
En conversación con BBC Mundo, la socióloga comentó que una encuesta realizada en su país en 2014 reflejó que entre 38% y 40% de los encuestados (de ambos sexos) había opinado que "en algunas ocasiones se justificaba golpear a las mujeres".

"Esto sorprende porque normalmente en encuestas de este tipo, la gente tiende a contestar con el deber ser y no necesariamente dice lo que piensa en realidad, lo cual demuestra que todavía existe una percepción de que hay ciertas cosas que justifican golpear a una mujer", indicó.
"La Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares indica que el número de mujeres que considera que el maltrato de cualquier forma está mal y se debe denunciar, es de alrededor 17% en todo el país".
"Eso significa que todavía estamos lejos de que para la mayoría de las mujeres y de los hombres, el maltrato hacia la mujer sea considerado un delito", señaló la experta.
Desigualdad
Pero qué hace que millones de jovencitas en todo el mundo justifiquen la agresión de un hombre hacia su pareja.
"El hilo conductor de todas las razones es que las jóvenes no se perciben que sean iguales (a los chicos), es decir, que no tienen los mismos derechos a decidir sobre asuntos que afectan su vida, a expresar una opinión o un deseo diferente al de su pareja", le dijo a BBC Mundo Shelly Abdool, asesora regional de género de Unicef.

De acuerdo con la funcionaria, el que una niña sea testigo de la violencia doméstica es un factor de riesgo no sólo para que en el futuro sea una víctima sino para que la acepte y la normalice.
"Las jóvenes que han sido víctimas de abusos en su infancia o que los vieron en sus hogares (contra sus madres), tienden a aceptar más que la violencia de género es parte de una relación de pareja", indicó.
Y es que muchos casos de abuso empiezan en el noviazgo.
"Es muy preocupante", indicó Abdool. "Se trata de un problema que no es sólo de mujeres adultas, sino de adolescentes".
El entorno
Para Nancy Liscano, una educadora colombiana con 25 años de experiencia, no sólo lo que la niña aprenda en su hogar determina la forma cómo percibe el maltrato a la mujer, también influye su autoestima.
"Es preocupante ver cómo los medios de comunicación con películas, novelas y canciones exacerban la sensibilidad de muchas jóvenes con ideas que ellas terminan asumiendo como normales: 'Sin ti no puedo vivir', 'Para amar hay que sufrir', 'Si hay dolor, hay amor', 'El que te hace llorar te ama'. Son conceptos que no ayudan al desarrollo de la personalidad de una joven, que necesita cultivar su amor propio, autonomía y libertad", le indicó a BBC Mundo.

Abdool se hace eco de esa situación:
"Con solo escuchar las letras de muchas canciones en América Latina y el Caribe, nos damos cuenta que se refuerza el sentimiento de que la violencia (de género) es aceptable y normal", señaló la funcionaria.
La música de México que está acusada de fomentar la violencia contra las mujeres - BBC Mundo

Denunciar
Sin embargo, en muchos países de América Latina se han hecho avances para reducir la violencia contra la mujeres, no sólo desde la perspectiva legislativa, sino femenina.
De acuerdo con Unicef, tras analizar información de seis países latinoamericanos y del Caribe, al menos 1 de cada 10 jovencitas (15 a 19 años) ha denunciado haber sido víctima de violencia física por parte de sus parejas.
Yo siempre les aconsejo (a mis amigas) que no se dejen de las personas que las tratan así, que lo dejen o que lo denuncien

Rosalía, México

En Bolivia, Colombia, Haití y Perú más de 25% de las chicas que han estado casadas o han convivido con sus parejas reportaron abusos físicos o emocionales.

En México, por ejemplo, Incháustegui reconoce que el número de mujeres que considera que la violencia hacia las mujeres se debe denunciar ha ido creciendo.

Rosalía es una de ellas. Tiene 22 años y es oriunda de una comunidad rural mexicana.

"Yo siempre les aconsejo (a mis amigas) que no se dejen de las personas que las tratan así, que lo dejen o que lo denuncien", le dice a BBC Mundo.

Y es que hay millones de jóvenes en todo el mundo que piensan así.

"No hay justificación alguna para que un hombre agreda a su pareja, ya sea de forma verbal o física", le dice a BBC Mundo Sofía, una adolescente colombiana de 14 años.

Su amiga Miranda, una chica española, interviene: "Uno no tiene que pedirle permiso a nadie para salir. No me parece bien que una persona le imponga a otra lo que tiene que hacer".

Ambas chicas creen que si una joven sufre algún tipo de maltrato por parte de su novio debe hablar con una persona de confianza.

"Que no se quede callada, que se lo cuente a alguien", dice Miranda, quien a sus 14 años aconseja lo que por décadas organizaciones de derechos humanos han aconsejado: denunciar.

Saturday, July 02, 2016




Indígenas piden plantar miles de árboles para evitar catástrofes

 
Indígenas piden plantar miles de árboles para evitar catáLos líderes espirituales indígenas dan un futuro poco alentador al planeta si el hombre sigue destruyendo los bosques y contaminando el agua. Ellos consideran que los fuertes vientos, las sequías y las grandes inundaciones se producen a consecuencia del derribo de los árboles, que a su entender son los que dan contención a los fenómenos climáticos. Para salvar el mundo y evitar catástrofes piden que se planten miles de árboles.
Mientras muchos científicos debaten sobre el futuro del mundo y afirman que el calentamiento de la tierra es consecuencia de los gases de invernadero, para los indígenas y especialmente para sus líderes espirituales, la película es muy clara: si el hombre sigue destruyendo los bosques la tierra no tendrá contención y habrá inundaciones, fuertes vientos, sequías, altas y bajas temperaturas, que solo generarán hambre y, consecuentemente, “el mundo” o el planeta no tendrían futuro.
Ernesto Vera, de la comunidad Ava Guaraní Santa Isabel, distrito de Yrybucuá, en Paraguay. “Muchos dicen que somos ignorantes y hasta se burlan de nosotros cuando hablamos del mundo porque nuestros conocimientos no vienen de los libros, sino de nuestros antepasados”.
“Si queremos salvar nuestro planeta, ricos y pobres, debemos plantar de nuevo miles de árboles. Los bosques nos dan frutos y hasta ánimo. ¿A quién no maravilla el verde de un bosque?”, indicó visiblemente emocionado exaltando la belleza de los árboles.
Agregó que cuando se tala una árbol se derriban años de vida; se derriba el refugio de las aves. “Si plantamos otro, veremos cómo crece, pero su belleza total solo la verán los nietos”, apuntó. 


El llamado de los árboles

Un libro dedicado a la hermandad entre Dios, los seres humanos y la naturaleza.
Un libro dedicado a la hermandad entre Dios, los seres “Este libro reúne mis mensajes de los árboles, incluyendo algunos arbustos, y son presentados en el orden cronológico en que fueron recibidos. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de sintonizarse con estos reinos angélicos.  Así como ellos me plantearon: “Sólo sintonízate con la naturaleza hasta que sientas el fluir del amor. Esa es tu flecha hacia el mundo de los demás. No hay problema si hay un mensaje o no, es el estado de ánimo lo que cuenta. Siempre es a tu estado de ánimo al que el mundo de la naturaleza responde, no a lo que dices, no a lo que haces, sino a lo que eres.”

“Si estamos para vivir en un mundo sano, necesitamos reconectamos con los bosques desde una base espiritual.”

    “Por supuesto los árboles y el mundo natural no hablan, no como los humanos entienden hablar. En mis momentos de contacto yo no escucho palabras, sino que transmito el significado de mis experiencias en mis propias palabras. Los mensajes contenidos aquí no provienen del espíritu de árboles individuales o alguna forma natural en particular, sino del alma general que guía a cada especie. ”El mensaje más poderoso y urgente que recibí de toda la naturaleza fue de un árbol, el Ciprés de Monterey. Me impactó tan fuertemente que me sentí indefensa, pues nadie a mí alrededor comprendió la urgencia que esto me implicaba, hasta que conocí a Richard St. Barbe y él me sugirió la publicación de los mensajes de los árboles. Desde entonces, mientras viajo alrededor del mundo, he tratado siempre de compartir el mensaje de los árboles maduros en mis talleres.

“Mientras que el rol ecológico de los árboles hoy es más comúnmente comprendido, el rol espiritual de los árboles no ha sido reconocido plenamente. Los ángeles hacen énfasis en varias razones respecto a la necesidad de contar con árboles maduros en el planeta. Aunque ellos no están de acuerdo con nuestros desconsiderados acercamientos a los árboles, nos ofrecen su continuo amor. Ha habido siempre un sentido de simpatía y equidad durante todo mi contacto con ellos.” –Dorothy Maclean.

El llamado de los árboles
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La Economía del bien común


La ciencia económica clásica está desprovista de alma y es, por tanto, una gran amenaza para la sociedad. El principio de este proceso de curación es incluir de nuevo la economía dentro del sistema de valores sociales: en la economía tienen que ser válidos los mismos valores y normas que en la sociedad.
Christian Felber  

La medición unilateral del rendimiento mediante indicadores monetarios es una causa importante de la deshumanización de la economía científica. El economista checo Tomás Sedláček ha inventado la que, en mi opinión, es hasta el momento la mejor metáfora para describir lo que está pasando en la ciencia económica. «Cuando a un organismo se le arranca el alma, lo que queda es un zombi.» La ciencia económica clásica está desprovista de alma. Es, por tanto, una gran amenaza para la sociedad futura. Tenemos que volver a dotarla de alma. El principio de este proceso de curación es incluir de nuevo la economía dentro del sistema de valores sociales. En la economía tienen que ser válidos los mismos valores y normas que en la sociedad. La ciencia económica se separó hace doscientos cincuenta años de la filosofía moral dejando tras de sí su alma. Que la economía vuelva a ser parte de la filosofía y de la ética puede ser un elemento clave de la cura. De todos modos es imperiosamente necesario que las ciencias económicas se liberen de las garras del darwinismo social en las que todavía se halla presa la corriente principal.
“Si los economistas realmente quisieran construir la economía de mercado teniendo en cuenta los resultados de las investigaciones científicas interdisciplinarias deberían hacerlo sobre la cooperación y la motivación, y no sobre la competencia.”
Curiosamente, aunque los valores debieran ser la orientación esencial, las guías de nuestra vida, en la economía de hoy en día priman valores completamente diferentes a los valores válidos en nuestras relaciones personales diarias. En nuestras relaciones diarias o de amistad nos va bien cuando ponemos en práctica valores tales como la confianza, la sinceridad, el aprecio, el respeto, escuchar a Ios demás, la empatía, la cooperación, la ayuda mutua y la voluntad de compartir. La economía de libre mercado se basa en un sistema con normas que potencian la búsqueda de beneficios y la competencia. Estas pautas incentivan el egoísmo, la codicia, la avaricia, la envidia, la falta de consideración y de responsabilidad. Esta contradicción no es sólo un fallo estético en un mundo complejo o multivalente, sino una catástrofe cultural, nos divide en lo más profundo, como individuos y como sociedad.

Valores y guías
La contradicción es por tanto catastrófica, ya que los valores son el fundamento de la convivencia. A partir de ellos establecemos nuestras metas vitales, orientamos nuestros actos y los proveemos de sentido. En español la palabra «sentido» determina tanto «significado» como «dirección». Los valores son como una guía que señala la dirección de nuestra vida. Pero cuando nuestra guía diaria señala hacia una dirección ética —confianza, cooperación, voluntad de compartir— y de repente, en una parte de nuestras vidas, la economía de mercado, una segunda guía nos marca un camino justo en dirección contraria —egoísmo, competencia, codicia— sufrimos una desesperante contradicción. ¿Debemos ser solidarios y cooperativos, ayudar a los demás y estar constantemente pendientes del bien de todos? ¿O debemos tener siempre en cuenta primero nuestro propio beneficio y al resto, como competidores, tenerlos cortos? Lo incomprensible de esta discrepancia es que el legislador prefiere la guía falsa. La confirma y con ello incentiva valores que todos sufrimos. Esto no es categóricamente obvio porque ninguna ley dice que tengas que ser egoísta, codicioso, avaricioso, desaprensivo o irresponsable. Pero en numerosas leyes, normativas y tratados nacionales y de la Organización Mundial del Comercio (OMC), está vigente que, en economía, debemos tender a aumentar el beneficio (el propio beneficio) y ser competitivos. La consecuencia es la aparición epidémica de comportamientos asociales en la economía.

¿Del egoísmo surge el bien común?
El imperativo de que debemos ser competitivos con los demás y aspirar a conseguir el mayor beneficio financiero personal posible (comportarnos de manera egoísta) nos aleja de la esperanza, profundamente paradójica, de que el bien de todos se obtendría del comportamiento egoísta del individuo. Adam Smith, el primer economista científico, justificó esta teoría hace doscientos cincuenta años. Smith dijo literalmente: «No por la benevolencia del carnicero, del panadero o del cervecero contamos con nuestra cena, sino por su propio interés».

No estoy tratando de acusar a Smith. Una frase como ésta es comprensible en aquellos días, cuando el concepto de que el «individuo» persiguiera su propio interés era nuevo. Las «empresas» eran mayormente diminutas y carentes de poder, además estaban asociadas a nivel local y eran individualmente responsables. Los fundadores de las empresas, los dueños, los empleadores y los trabajadores formaban en muchos casos una unión personal. No había sociedades anónimas y globales, no había un movimiento libre de capital ni billonarios fondos de inversión.

Adam Smith esperaba que una «mano invisible» condujera el egoísmo individual hacia el bienestar del mayor número de personas posible. Desde un punto de vista metafísico, Smith era un teólogo de la Moral, puede que se refiriera a la mano de Dios. Pero contemplado desde un punto de vista económico, no puede tratarse de otra cosa sino de la competencia. Porque, ¿qué otro sistema que no sea la competencia es responsable de que las empresas incrementen su egoísmo en exceso? Tan pronto como se cobran altos precios o se ofrece una calidad inferior, somos reemplazados por otros: competencia. Hasta la fecha, la legitimación básica del sistema capitalista se basa en que el egoísmo del individuo conducirá hacia el bienestar al mayor número posible de personas a través de la competencia. Desde mi punto de vista esta hipótesis es un mito y además fundamentalmente falsa. La competencia estimula sin duda el rendimiento de las empresas (este punto lo veremos en detalle más adelante), pero ocasiona daños extremadamente altos a la sociedad y a las relaciones entre las personas. Si las personas persiguen su propio beneficio como única meta, y actúan unas contra otras, aprenden a ser más astutas que los demás y creer que ésta es la forma correcta y normal de actuar. Si engañamos a los demás en todo, entonces no nos estamos comportando como seres equivalentes. Estamos perdiendo nuestra dignidad.

La dignidad es el mayor de los valores
“La competencia motiva en primer lugar sobre la base del miedo. Por este motivo, el miedo es un fenómeno muy extendido en las economías capitalistas de mercado: se teme perder el trabajo, los ingresos, el estatus, el reconocimiento social y la pertenencia.”

Cuando en mis clases en la Facultad de Economía pregunto a los universitarios qué entienden por «dignidad humana» obtengo un perplejo y generalizado silencio. A lo largo de sus estudios o no han aprendido o no han oído nada al respecto. Esto asusta tanto o más que el hecho de que la dignidad sea el mayor de los valores. Es el primer valor que se menciona en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dignidad quiere decir «valor en igualdad, sin condiciones e inalienable» que poseen todos los seres humanos. La dignidad no requiere de ninguna acción, tan sólo de existencia. Del idéntico valor de todos los hombres proviene nuestra igualdad en el sentido de que en una democracia todas las personas deben disfrutar de la misma libertad, derechos y oportunidades. Immanuel Kant decía que la dignidad sólo puede preservarse en el roce diario entre las personas siempre y cuando nos consideremos y nos tratemos como personas equivalentes. Debemos tomar las necesidades, los sentimientos y las opiniones de los demás tan en serio como los propios como expresión de la igualdad del valor. No debemos nunca instrumentalizar a las otras personas ni utilizarlas como medio para alcanzar los fines propios. De otro modo, acabaríamos con la dignidad.
En el libre mercado es, no obstante, legal y usual que instrumentalicemos a los demás y con ello vulneremos su dignidad. No es nuestra meta preservar su dignidad. Nuestra meta es lograr el provecho propio. Y éste es, en muchos casos, más fácil de conseguir cuando me aprovecho del que tengo más cerca y daño así su dignidad. Decisivas son mi actitud y mi prioridad. ¿Se trata del bienestar del mayor número posible de personas y de proteger la dignidad de todos, lo que de forma automática repercute en mi propio beneficio? ¿O se trata de priorizar mi propio bienestar y provecho, que a su vez puede, aunque no tiene por qué, atraer también el provecho de otros?

Si perseguimos nuestro propio beneficio como fin supremo, entonces se convierte en práctica común utilizar a los demás como medios para nuestros fines. En tal caso, la tergiversación de la teoría de Smith acerca de la finalidad y los efectos secundarios conduce a la difusión de la vulneración de la dignidad humana y a una sistemática restricción de la libertad de muchos seres humanos.

¿«Libre» mercado?
El «libre mercado» sería un mercado libre si todos los que participan activamente pudieran retirarse indemnes de cualquier transacción comercial. Pero eso sólo es cierto para una parte de las transacciones del mercado. Hay una parte relevante en la que algunos no pueden renunciar tan fácilmente a las transacciones como otros porque son en gran medida dependientes. Muchas personas no pueden decidir si quieren comprar alimentos hoy o no, o si quieren alquilar una casa. Muchas empresas no pueden decidir si quieren aceptar un crédito hoy o no. Si no lo hacen, puede que mañana sean insolventes. Innumerables granjeros no pueden decidir libremente a quién suministrar sus productos. A menudo sólo tienen uno o un puñado de compradores como elección que los tratan igual de mal. Las transacciones típicas son las siguientes:

    La media de los empleadores puede retroceder ante un contrato de trabajo para fijar sus términos más fácilmente que la media de los trabajadores.

    La media de entidades crediticias puede paralizar un contrato de crédito para estipular sus cláusulas más cómodamente que la media de los prestatarios.

    La media de las gestoras inmobiliarias puede tomar distancia antes de la firma del contrato de arrendamiento y con ello establecer los requisitos de éste más fácilmente que la media de los inquilinos.

    La media de las corporaciones globales puede prescindir de alguno de sus miles de colaboradores y de esa manera determinar las condiciones del contrato más fácilmente que la media de los proveedores.

Una desigualdad de poder en las relaciones comerciales privadas no sería el menor de los problemas si ambas partes se enfrentasen con respeto y con el propósito de proteger la dignidad. Entonces, la persona más fuerte se encontraría al mismo nivel y a la misma altura que la menos fuerte, y tomaría los deseos y sentimientos de ésta tan en serio como los propios. El resultado solamente sería satisfactorio cuando ambos pudieran vivir bien. Pero en la economía capitalista directamente se incentive a los más poderosos para hacer de esta desigualdad una ventaja. El resultado de perseguir el beneficio propio y la competencia resultante es la especial eficacia del libre mercado.

La confianza es más importante que la eficacia
Una cosa más. Cuando en el mercado tenemos que temer constantemente que los demás se aprovechen de nosotros tan pronto tengan la más mínima posibilidad, sistemáticamente se pierde algo esencial: la confianza. El economista dice: no tiene importancia, en la economía se trata de eficacia. Eso es una perversión. La confianza es el mayor bien social y cultural que conocemos. La confianza es aquello que mantiene unida a la sociedad en lo más profundo, no la eficacia. Imagínese una sociedad en la que pudiera confiar plenamente. ¿No sería la sociedad con el mayor nivel de calidad de vida? Y al revés, una sociedad en la que tuvieran que desconfiar de cada persona. ¿No sería ésta la sociedad con la peor calidad de vida?

“Cuando en el mercado tenemos que temer constantemente que los demás se aprovechen de nosotros tan pronto tengan la más mínima posibilidad, sistemáticamente se pierde algo esencial: la confianza.”
El balance provisional es radical: mientras en la economía de mercado se promueva el beneficio y la competencia y se apoye la extralimitación de unos contra otros que provoca, no será compatible ni con la dignidad humana ni con la libertad. Se destruye sistemáticamente la confianza social con la esperanza de que aumente la eficacia más que en cualquier otro sistema económico.

Ante estas circunstancias la corriente económica dominante señala a menudo tres conocidos tipos de reacción: (i) es de sobra conocido que no hay ninguna alternativa a la economía de mercado, (ii) el que no se da por enterado quiere catapultar la economía de vuelta a la pobreza del siglo XIX o directamente al comunismo, y todos conocemos cómo acaba eso, (iii) la economía de mercado es el sistema económico más productivo que hay, y así lo ha decidido la historia. La competitividad incita a producir de forma incomparable, además de que es una característica propia de la naturaleza del ser humano y, por lo tanto, inevitable.
Vamos a ver más de cerca estos últimos mitos básicos de la economía de mercado. «La competencia es el método más eficaz que conocemos», escribe el Nobel de Economía Friedrich August von Hayek. Cuando un premio Nobel dice algo así, tiene que ser verdad. (No existe el premio Nobel de Economía). He intentado encontrar los estudios empíricos a través de los cuales Hayek llega a esta conclusión. Para mi asombro, no los he encontrado. He buscado entre los trabajos de otros economistas ya que es usual que los colegas de la comunidad económica se citen unos a otros. Tampoco aquí he tenido éxito. Ninguno de los economistas coronados con el Premio Nobel ha demostrado jamás que la competencia sea el mejor método que conocemos. Una de las piedras angulares fundamentales de las ciencias económicas es sólo una afirmación que cree la mayoría de los economistas. Y sobre esta afirmación se sustentan el capitalismo y la economía de mercado, que son los modelos económicos dominantes en el mundo desde hace doscientos cincuenta años.

Referente a la pregunta concreta de si la competencia motiva más que el resto de los métodos, encontramos gran cantidad de estudios de numerosas disciplinas como la psicología social, la teoría de juegos o la neurobiología. Fueron analizados 369 en un meta estudio. Y de aquellos con un resultado claro, la contundente mayoría de un 87 % llega a la sorprendente conclusión de que la competencia no es el método más eficaz que conocemos. Lo es la cooperación. La razón es que la cooperación motiva de manera distinta a la competencia. Que la competencia motiva no lo discute nadie. Esto lo ha probado de sobra la capitalista economía de mercado, pero lo hace de manera más débil. La cooperación motiva basándose en las relaciones satisfactorias, el reconocimiento, la valoración y la fijación y consecución de objetivos comunes. Esto es una definición de cooperación. Por el contrario, la definición de competencia es «el logro del éxito de uno o de otro». Sólo puedo tener éxito si el otro no lo tiene. La competencia motiva en primer lugar sobre la base del miedo. Por este motivo, el miedo es un fenómeno muy extendido en las economías capitalistas de mercado: se teme perder el trabajo, los ingresos, el estatus, el reconocimiento social y la pertenencia. En la competición por escasos bienes hay en general muchos perdedores, y la mayoría tienen miedo de serlo. Pero hay más componentes de la motivación dentro de la competencia. Mientras que el miedo empuja por detrás, desde delante arrastra una especie de deseo placentero. Pero ¿Qué deseo? Se trata del deseo de triunfar, de ser mejor que todos los demás. Esto, desde un punto de vista psicológico, es un motor problemático.
La finalidad de nuestras acciones no debería ser sobresalir de los demás, sino ocuparnos bien de nuestros propios asuntos, que son coherentes y nos gusta realizar. En este punto deberíamos referirnos a la autoestima. Aquel que relaciona su propio valor con ser mejor que los demás depende completamente de que los demás sean peores. Desde un punto de vista psicológico se trata de un narcisismo patológico. Sentirse mejor porque los demás son peores es simplemente enfermizo. Lo sano sería nutrir nuestra autoestima de acciones que nos gustara realizar, elegidas libremente y por tanto dotadas de sentido. Si nos concentrásemos en ser nosotros mismos en vez de en ser mejores, nadie saldría perjudicado ni habría necesidad alguna de la existencia de perdedores.

“Los mejores rendimientos no se llevan a cabo por la existencia de un competidor, sino porque la gente se fascina por algo concreto, se llena de energía, colma sus esperanzas en realizarlo y se entrega por la causa. No necesita competencia.”
Si mi meta es hacer bien las cosas y me da igual cómo hagan las cosas los demás, entonces no es necesaria la competencia, que es justo el fundamento del mito: sin competencia los hombres no se sentirían incentivados para ser eficientes, no sentirían motivación para ocuparse bien de sus asuntos. Sin embargo, los estudios psicológicos indican que nos comportamos justo al revés. La motivación es mayor cuando es interna (motivación intrínseca) que cuando proviene de fuera (motivación extrínseca), como por ejemplo en la competencia. Los mejores rendimientos no se llevan a cabo por la existencia de un competidor, sino porque la gente se fascina por algo concreto, se llena de energía, colma sus esperanzas en realizarlo y se entrega por la causa. No necesita competencia.

Si los economistas honrados realmente quisieran construir la economía de mercado con el método más eficaz que conocemos teniendo en cuenta los resultados actuales de las investigaciones científicas interdisciplinarias deberían hacerlo sobre la cooperación estructural y la motivación intrínseca. El hecho de que no lo hagan demuestra que no se trata ni de ciencia ni de conocimientos, sino de la protección ideológica de estructuras de poder. De todos modos, a los poderosos la competencia les sirve muy bien. Si nosotros, las personas, no aprendemos a cooperar y a ser solidarios, no pondremos en tela de juicio las relaciones de poder ni las cambiaremos mediante la fuerza unida. Más bien intentaremos luchar a nuestra manera, sin piedad, en el ámbito del poder y de las élites sociales. Sin embargo, de este modo la mayoría se queda por el camino. El clima social se enrarece progresivamente porque en nuestra persecución del beneficio propio nos aprovechamos permanentemente los unos de los otros, nos utilizamos, nos degradamos. Y con esto, debilitamos o incluso destrozamos la confianza social y la autoestima de la mayoría de las personas.